Hubi, Sweet Hubi

Hubert Hurkacz se cuela en su primera final de Masters 1000 tras firmar una estelar actuación y derrotar en dos mangas a Rublev. Miami, el torneo de las sorpresas

Hubert Hurkacz, a la final de Miami. Fuente: Getty
Hubert Hurkacz, a la final de Miami. Fuente: Getty

Hubert Hurkacz dejó en la estacada a Andrey Rublev tras firmar en las semifinales del Miami Open 2021 una de las actuaciones más estelares de su carrera (6-3, 6-4). Una sola palabra define su partido en la noche de Florida: efectividad. Frío como el hielo al saque, con un plan de juego claro al resto y con las agallas de cerrar el partido en un último juego de película, el polaco llega a su primera final de Masters 1000 y apaga la llama de un Rublev que nunca entró en sintonía con su tenis, cometiendo errores no forzados por doquier y dando la sensación de estar desconectado a nivel mental.

El guion que seguiría el primer set probablemente pilló desprevenido hasta al fan más acérrimo del polaco. Con un pesado favoritismo sobre sus hombros, Rublev comenzó el duelo totalmente apagado, sin ningún tipo de sintonía con su raqueta y cometiendo errores extraños en un tipo que atraviesa un momento de tanta confianza. No solo eso: al otro lado de la red se situaba un Hurkacz muy centrado, seguro de su plan de juego y sin regalarle ningún punto gratis.

Con el saque lejos de funcionar, el ruso regaló el primer break del partido e incluso llegó a ponerse dos roturas por debajo. Hubert neutralizaba los dos primeros golpes del ruso a la perfección y le obligaba a entrar en la dinámica de intercambios de revés cruzado, un territorio en el que el gigante polaco se hace aún más grande. Con la suficiente claridad para atacar las bolas cortas que Rublev le concedía, en un abrir y cerrar de ojos el polaco se plantaba con un 5-1 en el marcador.

Cerrar el set, eso sí, costó muchísimo más. A pesar de mostrar un lenguaje corporal muy negativo (raquetazo a la zapatilla incluida), Andrey comenzó a acumular algunos golpes ganadores y dotarle de mayor tensión a su tenis. Salvó tres bolas de set al resto en lo que parecía un final del primer set importante, no tanto porque remontarlo parecía una quimera, sino porque las sensaciones para comenzar el segundo serían totalmente distintas.

Aún así, el ruso llegó a mandar el siguiente juego al deuce. A punto estuvo Hurkacz de entregar su ventaja, pero el saque llegó para rescatarle cuando más importante era la empresa. Hubert completaba lo que parecía imposible: robarle un set a Rublev. Con un balance de 13 winners a 11 errores no forzados y ganando los puntos largos, Hubi se colocaba una manga arriba ante un Rublev que, además, comenzó el segundo set sin ningún tipo de confianza.

Una de las claves de la magnífica actuación de Hurkacz, más allá de su determinación y su confianza (algo claramente visible en sus gestos, su explosividad y su tenis), radicaba en lo bien que estaba neutralizando el combo saque + derecha de Rublev. Cada servicio volvía con una precisión tremenda, casi a los pies del ruso, que se veía incapaz de tomar la iniciativa desde el principio y, al contrario que en otros duelos, desconectaba de los rallies y entregaba la toalla fácilmente.

El centelleante comienzo de segundo parcial por parte del jugador polaco sentaría las bases de lo que sería el resto del set. Hubert nunca miró atrás, encadenando juegos al saque de una eficiencia bárbara, cediendo una única bola de break (que salvó sin problemas) y sin dar ninguna sensación de debilidad. Estaba, realmente, siendo un partido prácticamente perfecto por su parte: haciendo justo lo que tenía que hacer, no dejando a Rublev desplegar su tenis.

El ruso pagaría caro esos bajones tenísticos en cada inicio del set. Nadie se esperaba una semifinal tan plana en cuanto a las diferentes dinámicas y patrones que ocurren en un partido: en ningún momento dio la sensación que el ruso pudiese meterse en el partido. Cada juego al saque por parte de Hurkacz era un paseo, cada vez que entraba con la derecha dentro de la pista el punto llegaba a su fin y, en general, el público no veía ningún momento en el que inyectar algo de vida a un Rublev que no estaba ni cerca de la remontada.

Todo este análisis sería válido hasta llegar al último juego del partido. Ahí, lo que antes era un duelo plano en la mano de una única raqueta se convirtió en un cuarto de hora de adrenalina pura. El abismo sacó el mejor tenis de ambos, con un Hurkacz que salvó dos bolas de break, una de ellas con un revés paralelo absolutamente antológico, mientras que no pudo cerrar hasta tener su segunda bola de partido (tercera en total) después de que Andrey salvase la primera con uno de sus mejores puntos.

Fue un bonito final a una semifinal que sorprendió a propios y extraños: por la serenidad, la confianza y la brillante ejecución de quien, en teoría, debía ser el menos experimentado en estas instancias, y por la sensación de que Rublev se desinfló como un globo cuando justamente nadie lo esperaba. De pocas oportunidades mejores gozará el ruso para conquistar su primer torneo de esta categoría. Mientras tanto, el Miami Open 2021 espera a su ganador de una final absolutamente inimaginable hace apenas unos días. ¿Jannik Sinner? ¿Hubert Hurkacz? Hagan sus apuestas.

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