El padre de Djokovic y el complejo de Aristóteles

De las palabras de Srdjan, padre de Nole, se extrae un gran complejo que habla de muchos miedos, inseguridad y demasiada soberbia.

El padre de Djokovic y el complejo de Aristóteles. Foto: Eurosport
El padre de Djokovic y el complejo de Aristóteles. Foto: Eurosport

Querer ser el mejor en algo está bien. Te pone un objetivo por delante, para que trabajes y pongas todos tus sentidos en ello. Creerse el mejor es algo muy distinto. Srdjan Djokovic, padre de Novak, volvió a hablar ayer para un medio serbio y sus palabras enseguida dieron la vuelta al mundo. Las redes y las páginas webs se llenaron de comentarios, condenando las declaraciones del papá de Nole e incluso muchos de los propios aficionados del serbio se llevaron las manos a la cabeza porque volvió a prender la mecha y soltar varias bombas que posiblemente no beneficien en nada a su hijo.

Yo no soy padre, pero imagino que si lo fuera, defendería a mi hijo a capa y espada, si tuviera que hacerlo. Pero Srdjan lleva esa defensa al límite, sobrepasando la línea del respeto y la humildad, algo que no casa con los valores que tiene este deporte. “Mi hijo ya es el mejor de todos los tiempos (…). Es el mejor y todo depende de él. Puede perder, pero no porque su rival le supere, sino porque permitió que su oponente lo ganara”, fue una de las contestaciones que el padre de Djokovic dejó en su entrevista.

El padre de Novak Djokovic, entre complejos y miedos

Nacido en el año 384 a. C., Aristóteles fue reconocido como uno de los filósofos más grandes que dio la historia. Fue discípulo de Platón, al que se le considera el padre de la filosofía. Aristóteles, mientras crecía, empezó a apartarse de las enseñanzas de Platón y con el paso del tiempo, llegó a asegurar que las ideas de su maestro carecían de sentido, creyéndose superior a él y llevando al límite su actitud frente a Platón. Aristóteles pasaría a la historia, pero siempre acarreando esa fama de narcisista, ególatra y soberbio.

Desde entonces, se habla de ‘Complejo de Aristóteles’ para referirse a alguien que se cree mejor que los demás y que asegura llevar siempre la razón. De quien posee este complejo (y que él normalmente no lo reconoce) se dice que son personas inseguras, con miedos y con falta de autoestima. Adoptan esta actitud para compensar lo pequeño que se suelen ver frente a los demás.

Decía Srdjan durante la entrevista que no se explicaba que cómo era posible que su hijo nunca haya ganado el premio anual del público, como tenista más querido. “¿Cuántas veces lo ha recibido? ¡Nunca! ¿Y cuántos recibió Federer? 15, lo cual es terrible”. Estas declaraciones encajan a la perfección con las personas que sufren este complejo de Aristóteles y que sienten precisamente esa inferioridad frente a alguien. Srdjan percibe o siente que hay o puede haber alguien mejor que su hijo y lo verbaliza de esa manera.

Creo que Srdjan hace un flaco favor a su hijo. Ya dije en otra ocasión que Novak tenía al enemigo en casa y estas nuevas declaraciones hacen que me reitere. Me sorprende que el reciente ganador del Open de Australia no haya parado ya los pies a su padre puesto que esta clase de declaraciones van más en su contra que a su favor. El padre de Nole debería aprender que los premios del público o ser el mejor en un deporte es algo que se gana en la pista, no a través de este tipo de declaraciones.

Por mucho que salga a disparar frente a todo lo que lleve el nombre de Federer y Nadal, Srdjan no va a hacer que el público quiera más a su hijo. Va a provocar todo lo contrario, creará más enemistades y más animadversión contra él. Al final, el premio del GOAT lo dará la gente. El aficionado será quien dictamine quién es el mejor y eso Srdjan no debería olvidarlo nunca.

Últimamente, veo mucho revuelo en el entorno de Djokovic. Esto se suma a lo que Ivanisevic dijo antes de la final de Roland Garros sobre Rafa Nadal, asegurando que el balear no tendría ninguna opción frente al serbio. Mucho nerviosismo ante la batalla que están lidiando por ser el mejor de la historia, algo que puede terminar produciendo todo lo contrario en la figura de Nole. Como decía al inicio del texto, querer ser el mejor es algo positivo, pero cuidado con caer en la soberbia. Ya lo dijo Juan Manuel Fangio: “Siempre hay que tratar de ser el mejor, pero nunca creerse el mejor”.

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