Un final que es un principio

Nikola Mektic y Wesley Koolhof disputaron juntos esta temporada un total de 13 torneos. Sin embargo, el destino no les vistió de campeones hasta el último intento.

Wesley Koolhof y Nikola Mektic, maestros en Londres. Fuente: Getty
Wesley Koolhof y Nikola Mektic, maestros en Londres. Fuente: Getty

Todo el año peleando por lo más básico: ganar un torneo. Es el sueño de todo jugador dentro del circuito; en el caso del dobles, de cada pareja. Nikola Mektic y Wesley Koolhof disputaron por primera vez un evento juntos este mes de enero, en Adelaida, donde ganaron en el debut a Krawietz/Mies. No está mal, como tampoco estuvo mal la final en Marsella, los cuartos de final en Cincinnati, la final en el US Open, las semifinales de Hamburgo o las semifinales de Roland Garros. Sin embargo, la recompensa final no llegaba. No llegó hasta el último baile, en noviembre, nada menos que en las Nitto ATP Finals, donde estuvieron rodeados de los mejores del mundo. Allí levantaron su primer título como pareja y así cerrar un curso sobresaliente.

Londres les llevó a superar desafíos como Ram/Salisbury, Krawietz/Mies y, en la final, Melzer/Vasselin. En ese último partido, un 10-5 en el supertiebreak dejaba el título en manos del croata y el holandés. “Estamos muy felices por cómo jugamos ese partido, era unas Finales ATP”, recuerda Mektic. “Nunca habíamos estado en esa situación, por lo que obviamente tuvimos que controlar mucho los nervios. La verdad es que asumimos muy bien esa presión, desde el inicio. Durante toda la semana nos encontramos con parejas que compitieron realmente bien, lucharon duro, sabíamos que no tendríamos ni un solo partido sencillo. Nos mantuvimos concentrados y, por suerte, pudimos ganar”, añade el jugador de Zagreb, actualmente Nº8 del ranking.

“La sensación es increíble, no solamente por terminar la temporada de esta manera, aquí estamos hablando de un título que se recordará toda la vida. Este es sin duda el mayor logro de mi vida y de mi carrera, por lo que es algo que recordaré para siempre. Es una excelente manera de terminar un 2020 tan complicado”, presume el de 31 años, un hombre que ya contaba en su palmarés con tres trofeos de Masters 1000.

Muy diferente era el caso de Koolhof, con menos recorrido hasta el momento dentro del tour pese a tener la misma edad que su compañero. El holandés todo lo que había ganado eran títulos en ATP 250, por lo que el salto de calidad supone una tremenda locura. Eso sí, Wesley tiene claro que salir campeones en el O2 Arena no fue una casualidad. “Sacar y restar bien en esta pista en fundamental. No es la cancha más rápida, pero tampoco la más lenta, hay muchas pelotas en juego. Creo que durante todo el torneo restamos bien, fuimos muy agresivos, aunque igual al principio de la semana nos costó un poquito compenetrarnos. En todo momento presionamos a los rivales, eso sí lo hicimos”, analiza el de Zevenaar.

Mucho más que un torneo

Para Mektic, la simbología de ser maestros va mucho más allá del éxito reciente. Para el balcánico, todo empezó hace muchos años cuando tan solo era un crío. “Este torneo fue uno de los primeros que vi cuando era un niño, en la etapa en la que descubrí el tenis, allá por 1995 o 1996. Siempre fui un gran admirador, desde pequeño, recuerdo que estaba loco por el tenis. Recuerdo perfectamente un Masters en Frankfurt, también el de Hannover, cuando todavía se jugaba sin los pasillos de dobles, esto sería interesante verlo ahora. Es uno de los bonitos recuerdos que guardo de niño, así que haber ganado ahora el trofeo es como un sueño hecho realidad”, contrasta el diestro.

Igual de especial resulta este trofeo para Koolhof, aunque por diferentes razones. En su caso, la historia de otros jugadores holandeses maestros del pasado le han llevado a convertirse en el último eslabón de esta historia. “Paul y Jacco fueron una de las mejores parejas, quizás la mejor antes de que empezaran a competir los Bryan, ganaron muchas cosas. Siempre es un placer sumarse a esta lista, es un placer llegar al recinto y ver imágenes de ellos, como la de Rojer, que la veía cada día. Él siempre fue un jugador único, especialmente en mi época, alguien al que observar y al que intentar vencer”, señala el tenista tulipán. “Él siempre fue el número uno en Holanda. Ahora soy yo quien forma parte de estos grandes nombres, aunque soy el último en llegar. Ojalá el año que viene Jules vuelva a estar ahí también, para que podamos enfrentarnos y hacer algunos buenos partidos”.

Comentarios recientes