El último partido a cinco sets entre mujeres

Sucedió en la final del Masters de 1998, con victoria de Martina Hingis sobre Lindsay Davenport. ¿Por qué dejaron de jugar a cinco sets? Veamos qué dice la historia.

Martina Hingis, maestra en 1998. Fuente: Getty
Martina Hingis, maestra en 1998. Fuente: Getty

Durante estos días se viene tocando mucho el debate sobre si los hombres deberían seguir jugando partidos al mejor de cinco sets o si el circuito debería acoger ya todos sus torneos al mejor de tres. Esto solo ha hecho que despertar a todos los románticos del tenis, exclamando con fervor que los duelos a cinco mangas son la quintaesencia de este deporte, un tesoro que debemos cuidar, incluso multiplicar. Sin embargo, pocas han sido las voces que han apuntado al circuito femenino, ¿qué pasa con ellas? ¿Por qué las chicas no juegan nunca a cinco sets? Una pregunta extendida en el tiempo y prácticamente reducida, aunque no siempre fue así. Aunque muchos jóvenes no lo recuerden y otros ni siquiera lo sepan, la final del Masters femenino se jugó a cinco sets entre 1984 y 1998. Súbanse a bordo, que nos vamos al pasado.

En total fueron 15 años donde el circuito femenino bajó el telón con una maratón. Un partido al mejor de cinco sets con el título de maestra en juego. Todo empezó en 1984, una época donde Martina Navratilova y Chris Evert ocupaban cada portada, dueñas absolutas del vestuario. Como no podía ser de otra forma, ellas serían las primeras protagonistas en enfrentarse con ese nuevo formato. Aquel año ganó la checa (6-3, 7-5, 6-1), que defendía así su título del año anterior ante la misma rival (6-2, 6-0). Quizá una paliza de tal calibre fuera el motivo que llevó a tomar una decisión tan revolucionaria, la WTA merecía tener un fin de temporada por todo lo alto, así que se apostó por incrementar la dificultad de la final aumentado el formato a cinco sets. Lo que muchas no sabían era que algo así ya había sucedido casi cien años atrás.

La primera mujer en ganar un quinto set

Nuestra aventura temporal se marcha ahora hasta los orígenes de los Grand Slams, a finales del s.XIX. Y es que de los cuatro grandes eventos, solamente hubo uno que apostó en su momento por jugar la final a cinco sets en el cuadro individual femenino: el US Open. Bueno, por aquel entonces ni siquiera se llamaba así, pero ellos fueron los que arriesgaron e instalaron esta idea en 1891. En aquella final, Mabel Cahill derrotaría a Ellen Roosevelt (6-4, 6-1, 4-6, 6-3), convirtiéndose así en la primera mujer de la historia en ganar un partido al mejor de cinco mangas. La irlandesa revalidaría su título al año siguiente ante Elisabeth Moore, pero esta vez obligada a ganar en el parcial definitivo (5-7, 6-3, 6-4, 4-6, 6-2), así que también pasó a la historia por ser la primera mujer en ganar un quinto set. No es por restar mérito, pero en aquella época el campeón del torneo jugaba directamente la final de la próxima edición, esperando a la rival que saliera vencedora de un cuadro donde se enfrentaban el resto de rivales. Todo hay que decirlo.

Como siempre que aparece un cambio tan radical, no es fácil agradar a todo el mundo, aunque en esta ocasión la prensa acogió el nuevo formato con los brazos abiertos. “Un partido espléndidamente peleado de principio a fin, donde cada golpe fue aplaudido generosamente. Hubo hermosos lanzamientos, un gran juego de lado a lado, incluso golpes de espalda tan duros y precisos que entusiasmaron a una multitud entregada. Todos los puntos se pelearon hasta el final con una tenacidad maravillosa”, publicó el New York Times sobre la final de 1891. Al parecer, aquello ni se hacía largo, ni era aburrido, dos palabras que se suelen utilizar constantemente en los tiempos modernos con la única intención de acortar el tenis.

En 1892, después de perder ese quinto set, Elisabeth Moore ni se imaginaba que sería ella la mujer que acabaría levantando el título en 1901, la última edición de un torneo de Grand Slam donde la final femenina se disputó al mejor de cinco sets. Obviamente, la estadounidense lo hizo a lo grande, superando a Myrtle McAteer en cinco asaltos (6-4, 3-6, 7-5, 2-6, 6-2). En total fueron once años lo que duró este viaje, con solamente cinco finales obligadas a resolverse en el quinto parcial. Los oficiales del torneo pensaron que aquello era demasiado duro para unas mujeres tan 'refinadas' y 'vulnerables' que, además, debían cargar con un atuendo pesado durante más de cuatro horas de batalla, por lo que decidieron volver a lo anterior a partir de 1902. ¿Qué dijeron las mujeres sobre este cambio? Ni se les preguntó.

Eso sí, Moore se armó de valor para dar su opinión una vez se hizo oficial el regreso al formato anterior. “No creo que se deba hacer ningún cambio de este tipo sin primero sondear los deseos de las jugadoras. El tenis sobre hierba es un juego no solo de habilidad, sino también de resistencia, y no veo por qué se debe hacer un cambio tan radical para satisfacer a unos pocos jugadores que no se toman el tiempo suficiente o no tienen la inclinación de ponerse en condiciones adecuadas para jugar”, exclamó la bicampeona de los Campeonatos Nacionales de USA. Pero Moore, que acabaría levantando cuatro títulos en casa, no logró generar ningún ruido.

Billie Jean King, el emblema del feminismo

No volveríamos a ver un partido a cinco sets con presencia femenina hasta el 20 de septiembre de 1973, aunque en esta ocasión por motivos muy diferentes. ‘La batalla de los sexos’, así se bautizó a la pelea verbal que mantuvieron durante unos meses Billie Jean King y Bobby Riggs en plena efervescencia del movimiento feminista. Una batalla verbal que acabaría tranformándose en un partido de verdad y donde King derrotaría en tres mangas a Riggs (6-4, 6-3, 6-3). Tenía que ser ella, la mujer que llevaba tantísimo tiempo luchando por los derechos de la mujer, que había fundado la WTA junto a un grupo de mujeres que pusieron dinero de su propio bolsillo y que, por encima de todo, había logrado por primera vez en la historia del tenis que un torneo repartiera el mismo prize money al campeón masculino y al femenino. Ahora King debía derrotar también al fantasma del machismo, y lo hizo, aunque aquello solo hizo que encender nuevos fuegos. O quizá no tan nuevos.

Tras lograr la igualdad económica en algunos eventos, como por ejemplo el US Open, nombre ilustres como Jimmy Connors o Arthur Ashe saltaron a escena para preguntarse por qué las mujeres debían cobrar lo mismo que los hombres. "¿Por qué si ellas juegan a tres sets y nosotros jugamos a cinco?" Esta cuestión, cincuenta años después, todavía se sigue oyendo. “Si quieren cobrar lo mismo, que jueguen también a cinco sets”, se escuchó en numerosas ocasiones en aquella década de los 70. “Adelante, nosotras encantadas”, respondieron desde el vestuario femenino. Sin embargo, nadie parecía querer recoger ese guante, una invitación hacia un nuevo modelo que no se ponía en práctica desde principios de siglo. Finalmente, el Masters decidió correr con el riesgo y apostaron por jugar la final a cinco sets a partir de 1984. Ahora sí, ya están todos los hilos conectados.

El Masters apuesta por volver al pasado

Los quince años de experimento (1984-1998) coincidieron con la época en la que las WTA Finals se disputaban en el Madison Square Garden, por lo que allí nació y murió el último vestigio de un partido a cinco sets entre mujeres. No fue fácil, llevó muchas reuniones, muchos plazos, pero nada hubiera sido posible sin el apoyo de las más grandes. Chris Evert, la voz con más peso dentro del vestuario por aquel entonces, dio su visto bueno. "La junta de mujeres considera que es una buena idea, que al menos debemos intentarlo. Las jugadoras, en general, se están convirtiendo en mejores atletas y, por lo tanto, pueden soportar partidos más largos”. Su íntima rival y compañera, Martina Navratilova, también dejó puesta la luz verde. “La final al mejor de cinco agrega otra dimensión emocionante al torneo, ya que nos da más oportunidades de mostrar nuestro talento”. Décadas después, la checa terminaría cambiando de opinión.

Una vez más, esta idea rompedora no gustó a todo el mundo, empezando por los promotores del evento, que veían que aquello solamente sería una máquina de provocar lesiones en las jugadoras. Lo que sí era una impresión real era ver cómo algunas finalistas solían tirar la toalla en partidos donde la rival se colocaba dos sets a cero. Por el motivo que fuera, pero ahí solía terminar la pelea, el tercer parcial era un mero trámite. Muchas llegaron a confesar, incluida la propia Evert, que no estaban preparadas para un desafío mental de tanta exigencia. De hecho, hubo que esperar hasta 1990 para volver a presenciar, casi noventa años después, un quinto set en un partido oficial. Aquella final la disputaron Monica Seles (16 años) frente a Gabriela Sabatini (20 años) y fue una de las citas más gloriosas de toda la temporada. En total, 3h47min de auténtico espectáculo (6-4, 5-7, 3-6, 6-4, 6-2) donde la jovencísima serbia puso la guinda a un calendario inolvidable.

Un lustro después, Steffi Graf volvería a llegar a ese mismo límite, ganando el Masters ante su compatriota Anke Huber de nuevo recorriendo los cinco sets que se habían establecido como tope (6-1, 2-6, 6-1, 4-6, 6-3). En esta ocasión, las declaraciones que más llamaron la atención fueron de la subcampeona, quien no encontró problema alguno en este formato. “Los cinco sets son excelentes para el tenis femenino y para todas las jugadoras. Es más, creo que debería implementarse también en las finales de los torneos de Grand Slam. Todas las mujeres pueden hacerlo”. Esta bengala de Huber provocó que la otra alemana, Steffi Graf, encendiera las alarmas. Y es que la de Bruhl nunca tuvo una postura muy cercana a estos maratones.

"Creo que será difícil para nosotras jugar, por poner una suposición, en una cancha de arcilla al mejor de cinco sets. O incluso en Australia, donde hace bastante calor”, defendió la que por entonces era Nº1 mundial. Lo que no se llegó a publicar, o al menos no llegó a tener tanta repercusión, es que el Open de Australia tomó la decisión en 1994 de jugar la final de su torneo al mejor de cinco sets, tanto en hombres como mujeres. El problema fue que este trato se cerró sin consultar a la WTA, lo cual produjo un enfado monumental dentro del vestuario. Graf, ejerciendo como líder del circuito femenino, se reunió con sus compañeras y se encargó de tumbar aquella idea, la cual nunca se llegó a poner en práctica.

Martina Hingis, el último eslabón

Para cerrar el capítulo del Masters, un torneo que no pudimos disfrutar esta temporada, diremos que todavía se dio una tercera final entre mujeres donde el marcador llegó vivo a un quinto set. En 1996, de nuevo Steffi Graf saltaba al Madison Square Garden para frenar el ímpetu de Martina Hingis, quien se iba a quedar sin fuerzas en el último asalto (6-3, 4-6, 6-0, 4-6, 6-0). Hasta el día de hoy, este ha sido el último quinto set entre mujeres que ha visto el circuito femenino. Dos años después, en 1998, sería la propia Martina Hingis quien abrocharía el último partido a cinco mangas entres mujeres, superando a Lindsay Davenport en la final del Masters en cuatro actos (7-5, 6-4, 4-6, 6-2). En la imagen de portada podrán ver a la suiza besando el trofeo, firmando la última página de esta bonita historia.

Y así llegamos a la actualidad, 22 años después de aquella final del Masters entre Hingis y Davenport. La lucha por la igualdad se mantiene a la orden del día y no son pocos los hombres que, de vez en cuando, proponen que las mujeres vuelvan a jugar a cinco sets. En el lado contrario, algunas mujeres como Navratilova proponen un punto de vista distinto, asumiendo que son los hombres quienes deberían pasar a jugarlo todo al mejor de tres. Novak Djokovic piensa lo mismo. La pregunta es, ¿por qué se cambió el formato de las WTA Finals en 1999? Se dijo que el motivo era que las jugadoras llegaban muy cansadas, que era final de año y que muchas incluso jugaban también dobles esa semana. ¿De verdad en pleno 2020 supone eso un obstáculo? Habría que preguntarle a las televisiones y a los Grand Slams, ellos son quienes tienen la última palabra. Las mujeres, mientras tanto, estarán más que preparadas para lo que venga, sinpreocuparse si tienen que jugar a tres o a cinco sets. Sinceramente, no es la duración lo más importante. Como dijo un sabio, no hay artículos largos o cortos, lo que hay son artículos buenos o malos. Con el tenis pasa lo mismo.

Comentarios recientes