Tom Gorman y un gesto que se recordará toda la vida

El estadounidense, con punto de partido a favor, decidió retirarse de la semifinal del Masters en 1972 debido a una lesión que le hubiera impedido jugar la final.

Tom Gorman. Fuente: Getty
Tom Gorman. Fuente: Getty

La historia del tenis está llena de cientos de victorias épicas, títulos que dieron la vuelta al mundo y campeones que ocuparon todas las portadas. Éxitos que tienen de recorrido el tiempo que tarda en llegar el próximo éxito. Sin embargo, hay veces que dentro de la pista suceden cosas mucho más trascendentes que ganar un partido, acontecimientos que marcan un antes y un después en las páginas del deporte. Pasó en el Masters de 1972, en el partido de semifinales que enfrentó a Stan Smith con Tom Gorman. Un gesto de nobleza y honestidad que ATP ha querido rescatar como homenaje a los 50 años de ATP Finals.

Barcelona, Palau Blaugrana, en aquel momento no había un mejor lugar para celebrar la tercera edición de un Masters que había iniciado su andadura en 1970. Después de Tokio y París, la última parada del curso llegaba esta vez al Mediterráneo, con un estilo de vida completamente diferente. Allí apareció, entre otros, Tom Gorman, un estadounidense de 26 años que tuvo que multiplicarse en los últimos meses del año recolectando puntos para acceder al grupo de los ocho mejores. Finalmente lo consiguió y su nombre estuvo en la misma lista que los Orantes, Nastase, Smith o Connors. Sin nada que perder, el de Seattle se enfocó en demostrar su valía tras un año donde había firmado 46 victorias.

Superó la fase grupos con victorias sobre Hewitt y Orantes, dos triunfos que compensaban la derrota con Nastase. Un balance de 2-1 que le ponía en semifinales contra uno de sus mejores compañeros dentro del tour, Stan Smith. “Conocía a Stan desde que teníamos 16 o 17 años, cuando llegó al noroeste del Pacífico para jugar el circuito de tenis juvenil. Ese fue el comienzo, donde empecé a perder contra él muchas, muchas veces”, comenta el norteamericano en el reportaje. Y es que Gorman entró a ese compromiso con un H2H de 1-9 en contra, pero aquel día todo sería distinto.

Nastase y Connors jugaron la primera semifinal a las 22:00 de la noche, resuelto con un triunfo cómodo en tres mangas para el rumano, lo cual provocó que el duelo entre Gorman y Smith arrancase ya pasada la medianoche. “Fue un partido muy bueno, quizá el mejor de mi carrera, al nivel del que le gané a Borg para conquistar Estocolmo o el que le gané a Laver el año anterior en Wimbledon”, confiesa nuestro protagonista, quien dos años más tarde llegaría a ser top10. Lo cierto es que jugó como nunca y por eso el resultado llegó a ponerse 7-6, 6-7, 7-5, y 5-4 a su favor. Un juego más y estaría en la final, pero entonces sucedió lo que nunca se podría imaginar.

A mitad del cuarto set, Gorman empezó a notar que su espalda no estaba bien. Él ya venía con alguna molestia en esa zona, pero detectó que aquel problema empezaba a ir a más. De repente, su nivel de juego empezó a bajar, tanto que llegó a dar por perdida esa cuarta manga. Lo que no esperaba Tom es que el nivel de su rival también comenzara a bajar, así que el marcador le invitó a colocarse con ese 5-4 y 30-30. El siguiente punto se resolvió con una volea de Stan Smith hacia fuera a la que Gorman responde con un revés espectacular que bota en toda la línea. Es punto de partido, punto para que el de Seattle avanzase a la final más importante de su carrera.

Ese punto, sin embargo, jamás se llegó a disputar. “Golpeé ese revés tan fuerte como pude… y entró. Lo siguiente que hice fue caminar directamente hacia el juez de silla, sabía perfectamente lo que iba a hacer”, relata el hombre que decidió retirarse del partido en ese mismo instante, ya que de pasar a la gran final, su lesión de espalda le hubiera impedido saltar a la cancha. “En ese momento, pensé que lo más justo era que hubiera final, la temporada no podía terminar así. Recuerdo que eran casi las 03:00 de la mañana, la mayoría de aficionados todavía estaban allí, los cuales empezaron a silbar porque no sabían lo que estaba pasando. Incluso el propio Stan estaba algo aturdido”, añade Gorman, que tampoco disputó el partido del tercer y cuarto puesto. “Esa madrugada, cuando regresé al hotel, pensé que Stan llegaría a la final con menos horas de descanso y que Nastase tendría una gran ventaja, así que fui a despertarle. Le dije que había ganado”.

Esa fue la última anécdota de Tom aquella temporada, un jugador que eligió perder el mejor partido de su carrera. Al día siguiente, Ilie Nastase vencería en cinco mangas a Stan Smith, revalidando su título de maestro, pero eso ya no dependía de él. Su victoria estuvo en demostrar una honradez y una deportividad como nunca se ha vuelto a ver. “En aquellos tiempos existía más simpatía entre los jugadores. Siempre que se daba un doble bote, por ejemplo, el jugador lo admitía sin problema. En aquellos días no teníamos equipos de trabajo o séquitos detrás de nosotros, así que viajábamos solos, nos alojábamos en los mismos hoteles, cenábamos juntos, por lo que había una verdadera sensación de camaradería”, destaca un hombre que terminó su carrera haciendo semifinales en Roland Garros, Wimbledon y el US Open.

Un ejemplo que imitar

Como curiosidad, al año siguiente el Masters pasó a disputarse en Boston y, aunque parezca de película, de nuevo la historia se repetía. John Newcombe lideraba su partido de semifinales ante Tom Okker por 6-3, 5-7 y 5-3. Un juego le separaba de disputar por primera vez la final de un Masters, pero una lesión en la pierna le llevó a la misma situación de Gorman un año atrás. Decidió retirarse en ese momento y dejar que el holandés compitiera dignamente en el partido por el título. Al día siguiente, de nuevo Nastase levantaría el título tras derrotar a Okker, al parecer había factores que nunca cambiaban. La moraleja de todo esto es que no siempre el éxito viene ligado con la fotografía soñada: levantando el trofeo. Muchas veces, una derrota puede servir para hacer incluso más ruido que una victoria. Puede ser una oportunidad de permanecer para siempre en la historia del deporte.

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