El duro camino a seguir para convertirse en Roger Federer

En un reportaje espectacular, el tenista suizo nos hace un viaje a lo largo de su vida para contar los pasos necesarios que tomó para llegar hasta donde ha llegado.

El duro camino para convertirse en Roger Federer. Foto: BecomingX
El duro camino para convertirse en Roger Federer. Foto: BecomingX

Si hay un tenista cuyo nombre ha trascendido este deporte y se ha convertido en leyenda para millones de aficionados en todo el mundo, ese es Roger Federer. El suizo, premiado como tenista más querido por los fans durante 17 años seguidos hasta la fecha, es para muchos el mejor jugador de la historia y figura como ídolo de millones de personas durante ya varias generaciones en sus más de 20 años de carrera. Pero hasta llegar a la cima, Roger tuvo que hacer muchos sacrificios. Su historia también habla de superación.

En un reportaje absolutamente espectacular en BecomingX, el suizo viaja a su pasado para recordar cómo fueron sus inicios y todo lo que tuvo que trabajar para llegar al sitio en el que está, para convertirse en el tenista más popular de la historia de este deporte y un ejemplo para muchos.

Esta es la historia de Roger Federer

“De donde yo vengo, en Suiza, diría que la educación siempre es lo primero. El deporte realmente no era una manera de vivir pero recuerdo jugar a bádminton, ping pong o tenis en el patio de la casa de mis amigos y decía: ‘Y el ganador de Wimbledon es… ¡Roger Federer!’, y me tiraba de rodillas y hacía como que levantaba el título. Ya, de pequeño, soñaba con ganar Wimbledon”, descubre Roger, que siempre se sintió atraído por los deportes y se pasaba las horas muertas golpeando una pelotita, bien con los pies como con una raqueta.

“Jugaba contra la pared, jugaba dobles con mis padres, jugaba dobles con mis amigos… ya entonces me di cuenta que el tenis es mucho más que simplemente golpear una pelota. También jugaba al fútbol de pequeño. Lo disfrutaba. Llegado el momento, tuve que tomar una decisión: fútbol o tenis. Hoy doy gracias de haber elegido el tenis”, admite. Siempre reconoció que no se le daba mal el fútbol y nunca sabremos qué clase de futbolista habría sido pero lo que sí podemos decir es que nos habríamos perdido todo un icono del tenis.

Puede parecer lo contrario, pero los inicios de Roger no fueron nada fáciles. De hecho, su primer partido fue un absoluto desastre. “El primer partido de tenis que jugué, lo perdí 6-0 6-0. Escuché algunos rumores de la federación local que decían que quizá yo no era tan bueno como ellos pensaban que era. Seguí entrenando duro y comencé a jugar más torneos y empecé a tener éxito como júnior, al menos en mi zona. A nivel nacional, me convertí en el campeón suizo júnior cuando tenía 12 años. Recuerdo que el día antes de irme de allí, firmé en la pared: ‘El campeón júnior de Suiza estuvo aquí’”, recuerda entre risas.

En esa época, antes de cumplir los 14 años, tuvo que tomar una decisión importante. “Llegó entonces el torneo nacional e hice una pequeña entrevista para una revista. Me preguntaron si alguna vez iría al centro nacional de tenis. Les dije que podría ser algo bueno para mí. Si quería convertirme en tenista profesional quizá ese era el camino que debía tomar. Cuando cumplí 14 años, me mudé allí”, explica el suizo, recordando su etapa en Ecublens, Lausana.

“Me quedaba de lunes a viernes en casa de una familia muy buena y los fines de semana me iba de vuelta a la mía. Eché mucho de menos mi hogar durante los primeros nueve meses. Los resultados cayeron. Me faltaba confianza. No hablaba el idioma (francés) y todo me costaba mucho. Pero los resultados empezaron a llegar y me empecé a sentir mejor. Fue, sin duda, un duro camino. Diría que esos fueron los dos años que más influencia tuvieron en mi vida. De la etapa que fue de los 14 a los 16 años, estando fuera de casa y tomando decisiones y descubriendo todo por mí mismo en algunas ocasiones”.

Su ambición de ser tenista, de ser grande un día, se fue forjando poco a poco. Incluso en situaciones como la de ir a un dentista. “Recuerdo un día que fui al dentista y me preguntó a qué me dedicaba. Le dije que era tenista y me respondió: ‘¿Y nada más?’. Empecé a cuestionarme si eso era suficiente. Pensaba que quizá podría ser el próximo gran tenista de mi país”.

Es en este punto de su vida donde se produce algo que marcaría un antes y un después en su vida. “Peter Carter se unió al centro nacional de tenis cuando yo tenía 16 años. Ya había trabajado antes con él cuando estaba en un club de tenis en Basilea, siendo yo niño. Él ha sido un mentor muy importante para mí. Si juego de la forma en la que juego hoy es probablemente gracias a Peter”, revela Federer. Carter fue el técnico que más influencia tuvo en su vida y su carrera a pesar de ser uno de los más desconocidos. El entrenador falleció tristemente en un accidente de tráfico cuando Roger recién empezaba en el circuito.

¿Quién es Peter Carter?

¿Quién es Peter Carter?

Hablan de Roche, Annacone o Edberg como los entrenadores que más influyeron a Roger Federer pero pocos saben que Peter Carter fue quien más huella dejó en su corazón.

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“Peter falleció en un trágico accidente de coche durante su luna de miel en Sudáfrica. Ese era un viaje que tanto yo como mi familia le dijimos que debería hacer algún día”, comenta Roger, que revela cómo se sintió cuando se enteró de su muerte. “La noticia me impactó y me dejó totalmente trastocado. De algún modo fue como algo que despertó en mí, como si cambiara de marcha y dijera: ‘Bueno, voy a tomarme el tenis de manera muy seria y voy a maximizar mi potencial’. No quería que se me recordara como un talento desaprovechado. Nunca olvidaré lo que pasó y le echaré de menos por siempre”.

Roger Federer como ejemplo para muchos

Cuando empezó a deslumbrar en el circuito, Federer se dio cuenta de lo que podía llegar a influir en los demás y eso le animó a querer seguir mejorando. “Ser número 1 del mundo y ganar Wimbledon fue algo muy importante para mí. De alguna forma, ser el líder de este deporte es algo que apreciaba mucho. Para mí, los héroes son muy importantes. Cuando era niño, tenía a Edberg, Sampras, Becker, Michael Jordan… así podía tener la oportunidad de inspirar a otros, de darles algo también a otras personas”.

Cuando uno echa la vista atrás, muchas veces se pregunta si haría las cosas de manera diferente. Roger Federer no cambiaría demasiado las cosas, pero hay algo que sí destacaría: el tiempo. “Todo se siente como que va demasiado deprisa. ‘Tienes que ganar mañana. Tienes que ganar hoy’. Quizá puedas pasar más tiempo con tus amigos o con tu familia y no mirar atrás y pensar que te has perdido muchas cosas o que has sacrificado otras tantas. Yo creo en el equilibrio sano”.

Para finalizar, reflexiona sobre su éxito y dice algo que realmente debería enseñarse en las escuelas porque no hay mejor forma de explicar que todos hemos venido a este mundo para algo. “Realmente no sé por qué tuve todo el éxito que he tenido. Ganar 20 Grand Slams no es el objetivo de alguien. En Suiza, en mi mundo, nadie aspiraba a ser el número 1. No se sueña tan a lo grande porque no es algo que ocurra de forma fácil o rápida. Si sientes pasión por lo que haces, si sigues luchando, creyendo, si eres positivo, si te rodeas de la gente adecuada, si vas a por ello… llegarás a las estrellas. Porque hay algo en lo que creo firmemente y es en no desaprovechar tu talento. Si das tu máximo, al menos no tendrás arrepentimientos y si miras atrás, podrás sentirte orgulloso de lo que has conseguido”, sentencia.

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