Sonego, ¿de qué planeta viniste?

Novak Djokovic firma por primera vez en toda su carrera una derrota ante un Lucky Loser. Sonego firmó el partido ideal ante un número uno lejos de su mejor nivel.

Lorenzo Sonego en Viena. Fuente: Getty
Lorenzo Sonego en Viena. Fuente: Getty

Si alguien esperaba que la crónica del día hablase de Lorenzo Sonego y no de Novak Djokovic en primer plano, por favor, que se levante del sofá y nos diga los papeles de la lotería de la próxima semana. El jugador italiano firmó uno de los campanazos de la temporada 2020 al derrotar al número uno del mundo en un partido donde los papeles se revirtieron: sacó a un nivel espectacular, se mostró sólido en los momentos importantes y aprovechó la apatía general de un Djokovic sabedor de que su principal objetivo (el número uno) ya estaba en el bolsillo, derrotado por 6-2 y 6-1.

Cuatro errores no forzados en su primer juego al saque se convertirían más tarde en una especie de premonición. Así comenzó Novak Djokovic su partido de cuartos de final en Viena; si la jornada ya había dado ciertas sorpresas, nadie podía esperar la que estaba por ocurrir en tan solo unas horas. Lorenzo se encontró con ese break inicial y se dio cuenta de que mostrando su mejor nivel, no tenía absolutamente nada que perder.

Paso a paso, como una hormiguita que construye su camino, Sonego comenzó a edificar un tenis majestuoso. En primer lugar, su servicio funcionaba a las mil maravillas, en especial el saque abierto. Con ese arma era capaz de desplazar al serbio de la pista y cerrar los puntos con la derecha invertida, el golpe definitivo que le permitió cerrar muchísimos intercambios. En ciertos momentos, podría decirse que el juego del italiano recordaba al mejor Juan Carlos Ferrero: la combinación de saque + 1 (derecha invertida) era el pilar sobre el que se empezaba a cimentar una victoria de quilates.

Al otro lado de la red, la apatía general resumía la actuación de Djokovic. El serbio no parecía demasiado interesado en alargar los intercambios y en ningún momento forzó la máquina, como si esperase un bajón de nivel repentino por parte de su rival que le permitiese meterse en el encuentro. En el primer parcial, desde luego, esto no ocurrió. Todo lo contrario: Lorenzo seguiría haciéndose fuerte al servicio (86% de puntos ganados con el primer saque, un porcentaje bárbaro ante uno de los mejores restadores de la historia) y aprovechando sus oportunidades al resto (2 de 3 en bolas de break).

El 6-2 favorable al italiano hacía que más de uno tuviese que parpadear para ver si lo que estaba pasando era cierto. ¿Novak Djokovic perdiendo de forma contundente ante un Lucky Loser? ¿Podía ocurrir de verdad? Recordemos una estadística bárbara: el serbio nunca había perdido ante un Lucky Loser, y la última vez que esa circunstancia le había ocurrido al número uno del mundo fue en 2017, cuando Jordan Thompson pudo con Andy Murray en Queen's.

El guion del segundo set fue calcado al primer parcial. Lorenzo parecía un auténtico correcaminos por la Pista Central del torneo vienés: se mostraba hiperactivo, corría a por todas las pelotas y no dudaba en atacar cuando se le presentase la oportunidad. En el segundo set también tuvo que emplearse a fondo al saque, salvando hasta seis bolas de break: pero es que a cada punto importante mejor jugaba Sonego. Djokovic había perdido el norte y había vuelto a tirar de la dejada como recurso de útima hora, pero la agilidad y la velocidad de Sonego neutralizaban cualquier posibilidad de éxito.

Un break, luego otro. Djokovic simplemente quería dejar de estar en Viena. Como si asegurar el número uno del mundo le hubiese desvestido de cualquier mentalidad ganadora, el serbio estaba absolutamente perdido por la pista. Tan perdido que cedió un último juego increíble, subiendo a la red como si nada hubiese en juego, dejando un 2-6 y 1-6 en contra que se convertirá en uno de los peores resultados en toda la carrera del serbio. Las estadísticas lo dicen todo: 26 winners y 12 errores no forzados por parte del italiano, 7 golpes ganadores y 25 (!) unforceds del número uno del mundo.

Pocas cosas más que analizar en un partido que el italiano dominó de principio a fin. Feroz al saque, ágil al resto, peleando todas y cada una de las bolas que su rival le dejaba plácidas. La apatía de Djokovic se fundió con las ganas de ganar de un Sonego que sigue firmando una semana de ensueño en la capital austriaca, alcanzando ahora las semifinales y postulándose como uno de los candidatos a, al menos, llegar a su primera final de ATP 500. Tardaremos tiempo en explicar una de las mayores sorpresas de un 2020 que, desde luego, no deja de sorprendernos.

Comentarios recientes