'Vilas', historias extraordinarias de gente humilde

El documental de Netflix crea un emocionante relato en torno a la lucha por reconocer a Guillermo como número uno. Una película absolutamente imperdible

Guillermo Vilas. Fuente: Getty
Guillermo Vilas. Fuente: Getty

El final de 'Vilas: Serás lo que debas ser o no serás nada' te golpea en el estómago de forma súbita. Resulta similar a un quinto set estratosférico, a un título ganado de forma emocionante en el último momento. Sus últimos momentos son el remate perfecto a una travesía que comienza con los inicios en el profesionalismo de un joven zurdo argentino que, con el paso del tiempo, acabaría por integrar el Olimpo del tenis. Ganó varios Grand Slams, fue ídolo e influencia para millones de personas... pero aún persigue una última satisfacción personal que haría justicia a su contribución a este deporte.

"Quizás porque no es de los Estados Unidos, por eso fue el número 3". En una era plagada de genios anglosajones como Jimbo Connors o John McEnroe, Guillermo se coló con desparpajo y constancia en la élite del circuito. Rod Laver, una de las voces más autorizadas de este deporte, hace ese particular hincapié en la nacionalidad de aquellas dos bestias para resaltar la tremenda injusticia cometida con 'Willy'. Pero como la nacionalidad no es un motivo objetivo o demostrable, ir a los números era la única opción posible para hacer justicia.

Y así lo hizo Eduardo Puppo, un reconocido periodista argentino y el hilo conductor de este increíble documental producido por Netflix. A través de su voz, sus vivencias y los recuerdos que Vilas le entregó para que hiciese de 'guardián personal', Eduardo relata una lucha que pasa por varios puntos álgidos: la frustración del inicio por ver la inmensa cantidad de trabajo que requería aquella empresa, la aportación crucial de un matemático rumano que creó una base de datos esplendorosa, la amistad forjada con el hombre a quien se debía hacer justicia.

Mientras tanto, la lucha actual se entrelaza con casettes y testimonios sobre la carrera de un jugador especial, un alma libre que tan pronto forjaba amistad con el Flaco Spinetta que con Björn Borg. Con el sueco recreó duelos épicos que empezaron en el garaje de su casa, un garaje que quedó gravemente dañado por sus golpes en múltiples ocasiones. Entre tanto, la aportación fundamental de un convencido Ion Tiriac, el entrenador que le ayudó a ser el mejor en el año 1977.

Conforme la carrera de Guillermo llega a su cénit, la investigación de Puppo se encamina a fases vitales. El primer mail a la ATP con toda la documentación necesaria, más de 1200 papeles con revisiones históricas, recreaciones de cuadros de la época y un trabajo matemático perfeccionado hasta el final. Nada. Ni un correo personalizado del propio Vilas a Chris Kermode (el entonces presidente de la ATP) les hizo mover un dedo. Según ellos, Puppo, Ciulpan y Vilas se empeñaban en 'reescribir' la historia.

El caso ganó notoriedad una vez fue recogido por el New York Times. Años atrás, en Forrest Hills, Vilas se encargaba de ajusticiar a Connors en una emocionante final, mientras que luego recibía la visita de su padre para verle coronarse en Australia. La gloria que el tenis le dio se la quitaba en la actualidad la burocracia, una lucha que él ya sentía como suya, un ajuste de cuentas más necesario para un pilar fundamental de este deporte.

El carpetazo más emotivo posible

El tramo final de documental, simplemente, te pone los vellos de punta. Es el reencuentro de Vilas con su buen amigo Puppo, en su nueva casa de Monte-Carlo. La hora y media de metraje te conduce y te prepara, poco a poco, para ver este momento. Las dos puntas de lanza de una pelea necesaria, juntas tras un paseo intimista por todo un proceso por el que Eduardo dejó de dar prioridad a su familia. Todo esto, claro, después de tres negativas de una ATP que se niega a hacer caso a la evidencia.

No sé si esta bella pieza audiovisual de Netflix cambiará algo. Ni el número 1 de la revista Tennis World, ni la revisión histórica de más de seis años de investigación pudieron hacerlo. Lo que sí sé es que se ha convertido en un testimonio de que las personas humildes pueden hacer cosas extraordinarias. De que un periodista argentino y un matemático rumano pueden hacer cambiar la historia de todo un deporte. De que Vilas acabará siendo lo que debe ser, porque su vida entra en sus últimos compases y la justicia terrenal debe llegar antes que la divina. Mientras tanto, mientras puedan... véanla. Merece la pena. Por Guillermo y su número uno.

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