El día que Tsitsipas fue 'real'

Hace apenas dos años, un joven griego de pelo rizado conquistó su primer trofeo en el circuito. Desde entonces, su carrera no ha hecho más que crecer.

Tsitsipas, con el título de campeón en Estocolmo. Fuente: Getty
Tsitsipas, con el título de campeón en Estocolmo. Fuente: Getty

Stefanos Tsitsipas comenzó el año 2018 apenas entre los 100 primeros del mundo. Aún era un jugador muy joven: para algunos su pelo era un conjunto de extrañas greñas, para otros un precioso cabello rubio destinado a dar gloria al país de los mitos. Con la pretensión de entrar en el Olimpo del tenis, Stef empezó a abrirse paso, y no fue hasta que pisó la tierra de los reyes que su nombre se coló en el de las listas de ganadores de un título. Fue en Estocolmo, hace apenas dos años. Un lugar de realeza para la coronación de Tsitsipas.

Pero rebobinemos, como decíamos, al inicio de aquel año. Parece un mundo, pero realmente fue hace nada. El griego debutó en Australia contra un tal Denis Shapovalov, compañero generacional que había explotado de manera temprana tras electrizarnos a todos en Montreal 2017. Su victoria ante Nadal le daba un status mucho mayor en el circuito, y su experiencia en las grandes ligas le reportó una cómoda victoria ante Tsitsipas. Quién le iba a decir al griego que en muy poco tiempo superaría con creces a su buen amigo Denis.

Después vinieron los piques contra su 'archienemigo' Daniil Medvedev, algunos de ellos bastante feos. La gente poco a poco empezaba a darse cuenta del carácter temperamental de aquel chico, de sus estridencias en pista cuando el tenis no acompaña, pero también de su talento innato para jugar a este deporte. Su técnica de golpeo, su calma, su revés a una mano... había elementos del juego de Stefanos que despertaban sensaciones escondidas, reminiscentes de un tenis más bien de otra época.

Sus problemas con el timing en superficies rápidas provocaron que sobre arcilla llegase su primer gran momento, alcanzando la final del Conde de Godó. Allí, enfrentarte a Rafa siendo tan joven es como escalar el Everest sin preparación alguna. Tsitsipas se dio de bruces con la realidad, pero empezaba a meter la patita entre los mejores. Mientras algunos de sus amigos se quedaban estancados, él crecía a una velocidad vertiginosa, hasta tal punto de volver a una nueva final... pero esta vez de Masters 1000.

Para más inri, fue en Canadá, el mismo lugar en el que Shapovalov se había consagrado un año antes. Las tornas empezaban a cambiarse, y por aquel entonces Tsitsipas ya era top-30. Salió del país norteamericano entre los 20 mejores del mundo, una auténtica hazaña para alguien que hacía solo unos meses entraba por los pelos en el top-100. ¿Cómo era posible? Hacía tiempo que no se veía una ascensión tan veloz y con tanta seguridad en el tenis. Tsitsipas estaba golpeando la puerta a porrazos, forjando rivalidades con gente como Zverev, que ya había pasado por la casilla en la que el griego se encontraba.

Tras un Us Open decepcionante, llegó la gira indoor. A veces menospreciada por su tardanza en el calendario, posee preciosos enclaves. Uno de ellos es Estocolmo, torneo que este 2020 fue cancelado por la pandemia. La capital sueca suele ser buen puerto para las jóvenes promesas, lugar próspero para exhibir el talento más nato. Un año después, Shapovalov estrenó su casillero en un evento que antes gozaba de una mayor importancia, capital para el despertar del tenis sueco.

Estamos, eso sí, en 2018. Y en ese año, Stefanos sacó a la bestia que tenía dentro. Dejó por el camino a todo tipo de rivales: desde huesos duros que no regalan ni una bola (en primera ronda, Millman), jugadores con un estilo de juego tremendamente similar (en cuartos, Kohlschreiber), magos de la raqueta no tan constantes como él (en semifinales, Fognini) y otros que trataban de volver a saborear la gloria tras idas y venidas en el circuito (en la final, Gulbis).

Solo un adelanto de lo que estaba por venir

Ninguno tuvo nada que hacer ante el nivel de Tsitsipas. Su tenis fluía solo, como los preciosos fiordos escandinavos. Aquello fue un simple presagio de lo que venía por delante y del gran idilio de Stef con los finales de temporada: solo unas semanas más tarde ganó las Finales #NextGen, y un año después se coronó en Londres en el torneo más importante de su carrera. Y todo empezó en un lugar que hace reales los sueños, entre príncipes y monarcas que ven al talento florecer. Estocolmo, el sitio donde empezaron las páginas de un libro que aún tiene muchísimo que ofrecer.

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