Jennifer Capriati, pase sin llamar

La estadounidense, en su primer año como tenista profesional (1990), terminaría dentro del top10. Con tan solo 14 años, no se recuerda nada igual.

Jennifer Capriati en su primera temporada profesional. Fuente: Getty
Jennifer Capriati en su primera temporada profesional. Fuente: Getty

De todas las historias que envuelven al universo tenístico, una de las narrativas que más emocionan son las de los niños prodigio. Mejor dicho, niñas prodigio. Jugadoras que antes de tener la mayoría de edad ya entrenaban, competían y ganaban finales importantes como si llevasen toda la vida haciéndolo. Aprovechando que estos días se está hablando mucho de Carlos Alcaraz, es buen momento para recuperar el relato de Jennifer Capriati, posiblemente la tenista más precoz de la era moderna. Para ello, haremos balance de lo que supuso hace tres décadas aquella temporada 1990, su primer año como profesional, debutando en el circuito en el mes de enero y cerrando el calendario dentro de las diez mejores. Todo esto con 14 años. Lo dicho, jamás veremos nada igual.

Jennifer Capriati, nacida en Nueva York el 29 de marzo de 1976. Este será el dato más importante de su carrera, ya que continuamente tendremos que hacer cuentas buscando la precocidad de cada gesta. Para encontrar su primera participación en un torneo profesional nos trasladamos a finales de 1989, donde tan solo disputa un partido en la Wightman Cup en el mes de septiembre. Allí se enfrenta a la británica Clare Wood, a quien destroza por un sangriento 6-0 y 6-0. Esta es su carta de presentación, la primera escena de la película, imagínense lo que viene luego. Era evidente que la niña tenía un don para la competición, así que su padre y entrenador, Stephano, decidió que 1990 fuera su primer año completo en el circuito WTA. La niña apenas tenía 13 años, pero era diferente a las otras niñas, como si ya tuviera licencia para bailar en cualquier sala.

Año 1990, comienza la aventura de verdad. En su primera parada aterriza en Florida, en el torneo de Boca Ratón, donde hará saltar el primer récord por los aires. Capriati se planta en la final perdiendo un solo set (el que le roba Claudia Porwik en segunda ronda) y derrotando a tres jugadoras del top25 mundial. En la última ronda le espera Gabriela Sabatini, quien la pone en su lugar, pero la estadounidense tiene motivos para sonreír. Ya es la jugadora más joven de la historia en pisar una final profesional de la WTA (13 años y 11 meses). ¿Casualidad, flor de un día o algo más?

El viaje continúa y, después de firmar octavos de final en Lipton (ahora conocido como Miami Open), Jennifer vuelve a pisar la final en Charleston, donde queda subcampeona tras inclinarse ante la leyenda de Martina Navratilova. La hija de Stephano había soplado las velas de su 14 cumpleaños días atrás, pero el regalo de su primer título profesional todavía tendrá que esperar. De momento, con la adrenalina del éxito todavía tierna, toca afrontar la gira de tierra batida europea, donde le esperan nuevos récords con opción de ser devorados.

En los cuartos de final de Roma vuelve a quedarse sin ideas ante Sabatini, así que es momento de dar un paso más, de cumplir un nuevo sueño. Es la hora de participar en su primer torneo de Grand Slam. Será en Roland Garros, la tierra prometida, donde Capriati llega ya siendo la Nº24 del ranking mundial. Con su clásico descaro dentro de la pista, la neoyorquina se planta en semifinales sin sudar, nadie le gana un set, nadie le hace más de ocho juegos por partido. Con 14 años y 2 meses ya es la semifinalista más joven de la historia del torneo, pero antes de luchar por el título deberá enfrentarse a la otra sensación del cuadro: Monica Seles. Entre ambas jugadoras no superan los treinta años de edad, dejando una fotografía en la retina de los aficionados que muchos no llegaban a entender. ¿Acaso era normal a esas edades estar ya en la primera escena deportiva? ¿Era sano que dos niñas tuvieran que aguantar tanta presión? Más allá de toda lógica, aquel duelo se lo llevó la serbia fácilmente (6-2, 6-2), quien dos días después se convertiría en la jugadora más joven en conquistar la arcilla de París, pero este cuento ya pertenece a otra estantería.

Capriati abandona Francia y continúa su camino hasta la cima. Segunda ronda en Eastbourne, octavos de final en Wimbledon (pierde con Graf), cuartos de final en Montreal (pierde con Sabatini), octavos de final del US Open (pierde con Graf) y cuartos de final en Tokyo (pierde con Maleeva). Los resultados siguen siendo mejor de lo esperado, cada evento le supone sumar nuevos puntos, pero el primer título no llega. Estamos en octubre, faltan pocas paradas, así que toca enfocar el próximo reto con la máxima ambición. El vuelo tiene como destino Puerto Rico, en la última semana de octubre. Jennifer aborda el cuadro siendo Nº11 mundial y con su vitrina vacía. Siete días después, la norteamericana luce una sonrisa inagotable, la sonrisa de la cuarta jugadora más joven de la historia en levantar un título WTA y la más joven de siempre en alcanzar el top10 del ranking (14 años y 235 días). Todo esto, insistimos, en su primera temporada como profesional.

El hecho de ser Nº8 mundial le da la posibilidad de disputar las WTA Finals en Nueva York, pero el hecho de jugar en casa no es suficiente para superar la primera ronda, donde de nuevo Steffi Graf aparece para poner fin a su temporada. En total fueron doce torneos resueltos con un balance de 42-11: tres finales disputadas, el primer título en su palmarés, cinco victorias ante jugadoras del top10 y el correspondiente ingreso en ese vagón privilegiado donde solo conviven las diez mejores raquetas del planeta. A Capriati todavía le faltaba por delante más de una década en la alta competición, pero a sus 15 años ya tenía experiencias de sobra para escribir un libro.

Un carrera brillante que pudo ser mejor

Finiquitado aquel mágico 1990, todos recordamos lo que vino después. En primer lugar, sus tres títulos de Grand Slam (dos Open de Australia y un Roland Garros), el oro olímpico individual en Barcelona 1992 y la invasión al Nº1 del mundo en la temporada 2001. Capriati tuvo que esperar hasta los 23 años para ver su nombre en lo más alto de la clasificación, momento en el que arrastraba ya más de una década en el circuito. Por otro lado, su trayectoria también nos dejaría episodios turbios, delitos varios como el robo a una tienda o posesión ilegal de marihuana, además de otros disgustos relacionados con la depresión y la alimentación. Sucesos inevitables cuando una persona es empujada a madurar sin antes pasar por la adolescencia. Por suerte, solo quedaron como anécdotas, pequeños borrones dentro de un currículum inmaculado que daría carpetazo en 2004, con tan solo 27 años. Hasta el día de hoy, no se recuerda en la Era Open una irrupción tan salvaje, un inicio de carrera tan fresco, precoz y fulgurante de una debutante. Jennifer Capriati, una leyenda que llegó de la misma manera en que se fue, sin preguntar. Sin ni siquiera tocar a la puerta.

Comentarios recientes