Sinner da otro paso de gigante y ya está en cuartos de final

El italiano despachó a Zverev en cuatro peleadas mangas mostrando un altísimo nivel de tenis. Nadal le espera ya en su próximo duelo en París.

Jannik Sinner. Fuente: Getty
Jannik Sinner. Fuente: Getty

Jannik Sinner certificó su pase a los cuartos de final de Roland Garros tras derrotar a Alexander Zverev en tres horas de partido. Fue un duelo en el que el italiano pegó más y mejor, una verdadera demostración de sus facultades, con un ritmo de bola en ocasiones superior al del alemán y que solventó con una facilidad aparente que llega a asustar (6-3, 6-3, 4-6, 6-3)

En el primer set, ambos tenistas comenzaron el duelo midiendo sus espadas, sin demasiados alardes de tenis. Ya se veía desde el inicio que el saque iba a dictar el guion de la historia, con cada jugador haciéndose con el control del intercambio una vez servía un buen primer servicio.

En el primer juego en el que Zverev flaqueó con su saque, Sinner decidió pegarle un mordisco y abrir hueco en el marcador. Tácticamente, Jannik parecía bastante cómodo con el ritmo de bola de Sascha. Aguantaba con solidez los intercambios de revés cruzado, tratando de poco a poco empujar al alemán algo más atrás de la línea de fondo y esperando a poder coger la derecha con una bola corta. Bolas cortas, claro, que aparecieron. La facilidad para pintar líneas del tenista italiano sigue siendo sorprendente, y apareció para firmar el primer break del partido.

Con ese break le bastó para cerrar el primer parcial ante un Zverev apesadumbrado, que aún así tuvo opciones en el último juego del set para igualar y que no las aprovechó tras ser demasiado pasivo. Dejó jugar a Sinner, y el italiano tiene mucho temple para domar situaciones de presión. Además, Sascha recibió la visita del médico en dos descansos del primer set. Pareció darle una pastilla ante lo que podría ser un agudo dolor de garganta o un resfriado, quizás producto de las temperaturas y el extremo viento en París. Eso sí, si algo estaba claro es que el germano estaba algo apático en pista, demasiado para ser él.

El segundo set fue prácticamente calcado al primero. En este parcial, sin embargo, Zverev no gozó ni tan siquiera de una oportunidad de break. No llegó ni tan siquiera al deuce en ningún juego al saque del italiano, lo que evidenciaba que la diferencia de nivel se hacía más y más grande conforme el duelo discurría. Sinner seguía explotando esa jugada de seguridad que tantos réditos le dio: mantenerse sólido con su martillo de revés y aprovechar la primera derecha clara que pudiese pegar. El alemán seguía muy lejos de su mejor nivel, incapaz de generar winners con claridad y dando sensaciones incluso de agotamiento. No había partido.

La tercera manga vio un pequeño cambio de dinámica. Zverev salió consciente de que en solo unos minutos podía estar en los vestuarios, y el cambio se vio reflejado en un tenis mucho más agresivo y directo, soltándose con la derecha y tratando de evitar los intercambios de revés a revés con los que Sinner dominaba. La sensación de superioridad también pudo pesar algo en el italiano, que empezó a engordar su cuenta de errores no forzados: hasta 22 cometió en el tercer parcial. Tras un intercambio de breaks en los que parecía que ningún jugador tomaba el verdadero control, el tenista alemán no falló llegados al 4-4, al momento en el que ‘las papas queman’. Jannik se aceleró, casi regaló el break y permitió a Zverev continuar en la pelea a pesar de estar lejos de su mejor nivel.

Lo que ocurrió a continuación se asemejó más al inicio del partido, con un Alexander de nuevo retraído por detrás de la línea de fondo. Para Sinner parecía capital cerrar el partido en el cuarto parcial, sabedor de la habilidad de Zverev cuando el partido se va a la última manga. Por ello empezó a carburar de nuevo, a dejar varios puntos de bellísima factura y a imprimir muchísima presión en cada juego al saque del germano. Sinner cosechó el break tempranero que podía sellar el duelo a su favor.

Y así lo hizo en un cuarto set que mostró su fortaleza mental, en el que nunca quitó el pie del acelerador y que le sirve para llegar por primera vez a los cuartos de final de un Grand Slam. A sus 19 años y tras la que probablemente sea la victoria más importante de su carrera, el juego de Sinner no parece atisbar límites, aunque quizás su próximo desafío sean palabras ‘demasiado’ mayores: Rafael Nadal en la Pista Philippe Chatrier. Casi nada.

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