Martina Trevisan, una increíble historia de superación después de tocar fondo

La italiana estuvo cuatro años sin competir debido a graves problemas personales, tocando fondo con una anorexia por la que tuvo que ser ingresada en un centro.

Martina Trevisan, historia superación anorexia. Foto: gettyimages
Martina Trevisan, historia superación anorexia. Foto: gettyimages

Detrás de cada deportista hay una historia genuina, un proceso repleto de matices que han conducido a un joven a cumplir sus sueños, pero la de Martina Trevisan es especial. Pocas cosas hay más bonitas e inspiradoras en el deporte y en la vida, que conocer el ejemplo de alguien que supo resurgir de sus cenizas, que tocó fondo y aprovechó eso para emerger con fuerza, que ofrece ese aliento de esperanza a todos los que lo estén pasando mal en este momento.

Sí, tú. Tú que lees esto en una noche donde no parece haber más que el drama del COVID-19, tú que quizás vagues sin rumbo por la vida, quizás no veas solución a tus problemas, o quizás simplemente quieras empaparte de la capacidad inherente al ser humano de superar sus límites. Tú debes leer este artículo y conocer lo que hay detrás de esa mujer italiana que levantó los brazos al cielo de París cuando se metió en tercera ronda de Roland Garros 2020.

Tiene 26 años, ostenta una garra y una fuerza en pista indeleble, y leyendo el emotivo artículo de tennismagazineitalia.it se entiende de dónde emerge esa sensación que transmite. Martina Trevisan nació en Pontedera, una pequeña población de unos 30.000 habitantes situada entre Florencia y Pisa. Desde niña encontró su hábitat natural en el Circolo Tennis Perignano, un lugar donde empuñó la raqueta con su mano izquierda cuando apenas sabía caminar y lo hizo con una naturalidad que provocó escalofríos en los lugareños.

Mimada hasta el infinito por una población que veía en ella la materialización de sus sueños de grandeza, Martina llegó a la adolescencia cargando con el peso de ser una de las mejores tenistas de Italia. No tuvo los recursos de muchas otras y se resistió a abandonar su entorno hasta el final, pero fue su entorno quién acabó abandonándola a ella, al menos, lo bucólico del mismo. Semifinalista en Roland Garros Junior y finalista en Wimbledon Junior, el mundo de Trevisan se hizo añicos, por dentro y por fuera. Su padre fue diagnosticado con una grave enfermedad degenerativa y su madre abandonó a la familia para encaminarse a una vida diferente, en otro lugar y con otras personas y anhelos.

Apenas un año después de asomarse a los escenarios donde le esperaba la gloria, Martina dijo basta. Finito. Era incapaz de asumir la nueva realidad y seguir jugando a tenis. Toda la presión acumulada y bien gestionada durante su adolescencia, explotó como si fuera el Big Bang y costó mucho tiempo que se recompusiera. Vivió cuatro años en un infierno absoluto. Empezó a culpar al mundo y a odiarse a sí misma por su drama y vio en su cuerpo el saco de boxeo en el que desahogarse.

Anorexia. Sin un entorno estable, sin objetivos en la vida, con rabia acumulada. Su dieta sintetiza el drama que le corroía por dentro: 30 gramos de cereales por la mañana y una pieza de fruta por la noche. Por suerte, hubo personas que no olvidaban y que la querían. Se esforzaron por intentar salvarla del abismo al que se asomaba, primero, y luego dotarle de un horizonte de esperanza. Psicólogos, una clínica especializada y, algo omnipresente en el horizonte que cada vez se fue haciendo más palpable: el tenis.

Y es que Trevisan nunca dejó de amar el tenis y fue este su tabla de salvación. Cuando la fase crítica de la enfermedad comenzó a pasar, después de horas sentada frente a un plato de carne con guisantes que se negaba a probar, la raqueta fue esa luz al final del túnel tan necesaria. En el Pontedra Tennis Club le permitieron reencontrarse con su gran pasión y fue profesora durante unos meses. Podría haberse quedado todo ahí, pero Martina había pasado por un infierno para llegar al paraíso, no para quedarse en la Tierra.

Fue así como el 25 de febrero de 2014 anunciaba en sus redes sociales que volvía a la competición. Lo hizo desde abajo, hallando apoyos pasados. Cerró el círculo en 2019, cuando encontró el amor en un antiguo novio de la infancia y se independizó de la casa familiar. Martina Trevisan ha dado un ejemplo de vida a todos, con su fortaleza, pero también con su debilidad. Con su clarividencia para darse cuenta de que si no pedía ayuda iba a acabar mal y por su inconformismo innato que le lleva a soñar despierta en este Roland Garros 2020 y a no darse nunca por vencida. El tenis es mucho más que un deporte y las personas somos mucho más que nuestros problemas. Encontremos nuestro "tenis" particular cada uno para alcanzar ese momento en que podamos mirarnos al espejo orgullosos de todo lo logrado, pero también ilusionados con lo que queda por lograr.

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