Gavrilova: “Estar jugando Roland Garros ya es un éxito”

La tenista australiana explica cómo ha superado la lesión que le ha mantenido trece meses fuera del circuito. En París vuelve gracias al ranking protegido.

Daria Gavrilova vuelve a sonreír. Fuente: Getty
Daria Gavrilova vuelve a sonreír. Fuente: Getty

¿Qué fue de Daria Gavrilova? Muchos lo llegamos a pensar después de tantos meses lejos de las pistas, aunque la pandemia del coronavirus también jugó su papel para echar de menos a la australiana. Su último partido databa del US Open 2019, donde tras perder en el debut sintió que algo no iba bien. Y efectivamente, su talón de Aquiles no andaba nada bien. Decidió parar durante varios meses, aunque no tantos como los que finalmente llegaron a ser.

“En cuanto regresé a Australia, lo primero que hice fue ir a ver a un especialista para que me viera el pie izquierdo, lo que tenía era fascitis plantar. Como mínimo tenía seis semanas de patrón. Más tarde empecé haciendo la recuperación de mi talón de Aquiles, que también lo tenía afectado, pero en mi cabeza siempre estuvo llegar al Open de Australia 2020, aunque mi equipo sabía que no sería capaz. Ellos querían mantenerme motivada, así que prefirieron mentirme para no romperme el sueño (risas). Esto es lo que pienso, aunque probablemente no sea cierto”, relataba la de jugadora de 26 años tras superar la primera ronda de Roland Garros 2020, aunque hasta llegar a París todavía quedan algunas etapas que contar.

“Cambié mi fecha de vuelta, ahora el objetivo era regresar en Indian Wells, aunque la idea era jugar mi primer torneo en Canberra. Obviamente, nada de esto sucedió por la llegada del COVID, así que tampoco pudimos hacerlo aquí”, recuerda la oriunda de Moscú sobre la odisea que vivió por aquellas fechas. “Eso quería decir que el primer torneo que iba a jugar sería el US Open, pero cuando ya lo teníamos todo listo surgió una nueva lesión. Otra vez mi pie. Lo tuve que llevar con calma, lo mejor era regresar en la gira de tierra”, confiesa la que fuera Nº20 mundial en 2017.

Actualmente fuera de las 700 mejores de la clasificación, Gavrilova solamente tenía una manera de volver a pisar los cuadros finales, aunque tendría que estar bastante precisa para no malgastar algunas balas. “No pensamos en jugar Roma, así que no lo hicimos. Luego vimos el cuadro y nos lamentamos porque no habría necesitado utilizar el ranking protegido, pero lo aceptamos. Hace unas semanas por fin volví en el ITF de Cagnes-sur-Mer, partiendo desde la fase previa hasta llegar a cuartos de final. Me sentí bien, eran suficientes partidos hasta llegar aquí y además me vi en buena forma”, apunta la oceánica.

Un largo recorrido de trece meses sin disputar un torneo donde Daria tuvo que convivir con la incertidumbre, el miedo y el dolor. Mucho dolor. “El peor momento fue cuando me tocó volver sola a Australia y me pusieron una inyección en el talón de Aquiles, jamás había sentido tanto dolor en mi vida. Al día siguiente no podía ni caminar, me levanté e intenté ir al baño, pero no podía poner nada de peso sobre mi pie, no entendía nada. Estuve muy aburrida durante ese tiempo, fue como sufrir una cuarentena personal antes de que llegara la cuarentena mundial, no había mucho que hacer. Todos mis amigos estaban jugando al tenis, así que empecé a hacer algunos cursos online mientras seguía tratándome el talón de Aquiles. Por suerte mi preparador físico estuvo siempre conmigo, probablemente tuvo que acabar harto (risas)”, comentaba Gavrilova con su habitual sentido del humor.

El azar quiso que su primera rival en París fuera Dayana Yastremska, una jugadora muy peligrosa que sobre tierra batida no lo es tanto. Así fue como llegó su primera victoria en Grand Slam (6-4, 6-3) desde hacía más de dos años. Ahora su próximo desafío se llama Eugenie Bouchard. “No me acuerdo si alguna vez jugamos en el WTA Tour, en partidos oficiales, si lo hicimos es probable que perdiera contra ella. Será un encuentro duro, aunque ambas estamos en una situación similar. Yo estoy firmando mi regreso y ella el suyo, será emocionante. Creo que ninguna de las dos tenemos nada que perder, en mi caso, estar disputando un torneo como Roland Garros ya es un éxito. Intentaré sacar lo mejor de mí, como siempre hago, seguro que será divertido. Me encanta competir ante jugadoras como ella, tengo muchas ganas”, valora un par de días antes del choque.

Lo cierto es que Gavrilova y Bouchard comparten algo más que generación (1994), vienen siendo ya buenas rivales desde juniors. “Jugué muchas veces con ella cuando teníamos 14 años, también cuando teníamos 16, recuerdo estar jugando todavía por Rusia y perder contra ella. Sentí que me había arrollado en la pista, a esas edades ya jugaba como lo hace ahora, se agarraba muy bien desde la linea de fondo. El capitán no quedó muy contento con mi actuación, aunque estaba claro que Eugenie iba a ser muy buena. En ese momento supe que a mí todavía me quedaba mucho por recorrer y que ella ya era una gran jugadora de tenis, que iba a ser muy buena. Luego cuando hizo su irrupción en el circuito sentí como un alivio”, recuerda con cariño.

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