“El apellido Gómez es una presión que he convertido en motivación”

Treinta años después de la victoria de su padre en Roland Garros, Emilio Gómez debutará en su primer cuadro final de Grand Slam. Punto de Break habló con él.

Emilio Gómez en Roland Garros. Fuente: Getty
Emilio Gómez en Roland Garros. Fuente: Getty

Hace treinta años, en la primavera francesa de junio, Andrés Gómez tocaba el cielo en París levantando el primer Grand Slam de su carrera. El premio le llegaba tarde, con 30 años, derrotando a un joven Andre Agassi en la final. Tres décadas después, el apellido Gómez vuelve a estar de moda en el Bois de Boulogne. Esta vez ha sido su hijo, Emilio Gómez (Guayaquil, 1991), quien ha superado la fase previa de Roland Garros 2020 para colarse en su primer cuadro final de Grand Slam. Al igual que a su padre, el premio le llega tarde, con 28 años, aunque no es momento de comparar trayectorias, tan solo raíces. Antes de afrontar el partido más importante de su carrera, Punto de Break habla con el mejor tenista ecuatoriano del ranking, el actual número 155 del mundo.

Primer cuadro final de Grand Slam. Enhorabuena, Emilio.

Muchas gracias. Ha sido increíble, era la primera vez que pasaba una Qualy, además aquí en Roland Garros. Ha sido un alivio, la verdad, un gran mérito por todo lo que hice en todo este tiempo. No puedo estar más contento, pero ahora quiero más.

Te llega este premio con casi 29 años. ¿Pensaste que ya no pasaba el tren?

Uno nunca sabe qué puede llegar a suceder. Si uno mira cómo se dio el partido ante Popko, no me pudieron pasar más cosas. Salvando match points, yendo abajo en muchos momentos del encuentro, estando un poco lesionado… haber sacado adelante ese partido hace que ahora lo disfrute mucho más. Ayer me quedé sin palabras, no supe cómo reaccionar.

El camino hasta llegar aquí ha sido duro.

Que me llegue ahora, a estas alturas de mi carrera, quizá sea todavía más meritorio. A otros les llega mucho más temprano, incluso empiezan muy jóvenes a hacer cosas importantes en el cuadro principal, pero al final la persistencia que he tenido durante todos estos años ha tenido premio. Lo disfruto de una manera diferente, llegar hasta aquí es lo que siempre quise.

Lo digo porque, en su momento, te llegaste a plantear la retirada.

Eso fue en 2018, sí. Estuve lesionado mucho tiempo, no mejoraba, estuve a punto de colgar la raqueta. Al final decidí luchar, mantenerme fuerte, hasta que me presenté a dos torneos menores en Ecuador dándome una última oportunidad. Acabé ganando los dos torneos, tanto en singles como en dobles, aquello fue el punto de inflexión en mi carrera.

¿Te acuerdas ahora de esos momentos?

Nunca hay que pensar demasiado en el pasado, pero en este caso sí lo pienso. Tengo que tener los pies sobre la tierra, saber dónde estuve y dónde estoy ahora. Ahora las cosas las aprecio mucho más por el tipo de circunstancias que me tocaron vivir.

No sé si crees en el destino pero, quizá estaba escrito que algo así te pasara aquí en Roland Garros.

Más que por el destino o por superstición, creo que era más un tema de historia. Por eso se dio, por la historia y el vínculo que tiene este torneo con mi familia, no podía ser en otro. En el 2014 ya me tocó jugar una última de Qualy en el US Open y me doblé el tobillo, pensé que no tenía que ser allí (risas). Finalmente me tocó aquí, en Roland Garros, seguramente mi papá lo habrá sentido como algo muy especial.

¿Cómo fue la llamada con tu padre al sellar tu pase al cuadro final?

Está muy contento por el esfuerzo y la dedicación que le puse, especialmente durante la cuarentena. Él lo sabe, vio todo mi trabajo, me dijo que lo tenía más que merecido, pero que ahora tengo que seguir para adelante. Anoche cuando lo llamé todavía lo noté un poco perdido, un poco nervioso. De hecho, se nos cortó la llamada y decidimos hablar mejor al día siguiente, esperar a que estuviera más tranquilo y se le bajaran las emociones. Hoy ya hablamos más tranquilos, con la mentalidad puesta en lo que viene.

Gómez, ¿qué significa llevar ese apellido?

Esa una presión que con el paso del tiempo se fue convirtiendo en una motivación. Cuando eres joven e inmaduro, uno no se toma las cosas de igual manera, ahí fue mucho más duro, pero a medida que vas creciendo te vas dando cuenta de lo duro que es todo, valoré más todos los logros de mi padre. Cuando llegué a París nadie contaba conmigo, me tocó en primera con un especialista en arcilla (Thiago Seybot Wild), un chico que venía de ganar este año su primer título ATP, incluso ganó el último Challenger de Guayaquil, en mi casa. Cuando gano ese partido es cuando empiezan a crecer las expectativas y empieza a sonar mi nombre. Ahí recibí mucha prensa por mi papá, antes nunca lo había sentido. Pero en vez de tomarlo como una presión, lo tomé como una motivación, quería que fuera una linda historia que contar al final de la fase previa.

Imagino que tu padre también vivirá esa presión, todas las veces que le preguntarán por su hijo…

Bueno, no creo que él se ponga mucha presión, a él siempre lo recordarán por lo que fue. Obviamente, cuando a mí no me vaya bien, a él tampoco le hablarán demasiado. Pero cuando gano sí, ahí muchos le felicitarán. Yo soy una persona que, pese a tener redes sociales, no me gusta demasiado esa atención social. Sé que ahora la tengo que vivir, pero disfruto mucho más con un perfil bajo, con una vida más conservadora. Estas últimas 24 horas han sido una locura, todavía estoy intentando responder a todas las personas que me han escrito, pero es algo que tengo que hacer. Esto también forma parte de esta alegría que estoy viviendo.

Me dijo Andrés en una entrevista hace unos meses que le encantaría entrenarte, pero que no era una buena idea.

Las cosas entre los dos nunca funcionaron del todo, ambos lo aprendimos a manejar. Un día nos dimos cuenta que no podíamos seguir así, tenía que elegir mi camino con la gente que yo quiero. Él siempre va a estar ahí para apoyarme, pero el que toma las decisiones de mi carrera soy yo. Me encantaría que él pudiera viajar, pero las cosas no son tan fáciles en ese sentido. Cuando viajamos juntos no funcionaron las cosas, así que no hay que tropezar de nuevo con la misma piedra, hay que aceptar las cosas como son. Desde entonces, buscamos la manera en la que él pueda ayudarme de una manera diferente.

Aquí estás con Raúl Viver, otro referente del tenis ecuatoriano.

Con Raúl es diferente, él es el capitán de Copa Davis y llevamos muchos años juntos. Siempre que estoy con él saco buenos resultados, soy capaz de jugar bien, lo cual es bastante importante. Le pregunté si quería acompañarme a este torneo y fue todo un acierto, aunque creo que a él también le salió muy bien (risas).

¿Crees que este resultado puede ser el punto clave de tu carrera?

Yo creo que el punto de inflexión fue en 2018, cuando gané los dos Futures en mi país. Ahora esto que viene son cosas extras producto del trabajo y la perseverancia que le he puesto a mi tenis. Poco a poco voy rompiendo barreras, esta semana rompí otra y eso me va a ayudar para querer más. No solo aquí, sino en todos los torneos que vengan.

Tocar el top100 puede ser un bonito objetivo.

El top100 no lo tengo tan lejos, me gustaría terminar este año cerca de los cien mejores para así disputar el Open de Australia de manera directa en el cuadro principal. Esa es mi meta hasta que termine el año. Si se da será increíble y, si no se da, pues habrá que seguir trabajando, todavía me queda mucha carrera.

Debutas en primera ronda con Lorenzo Sonego, un cruce abierto.

Después de tres partidos de Qualy y de remontar 2MP en el último partido, en estos momentos debería estar haciendo las maletas para irme a jugar un Challenger en Croacia, sin embargo aquí estoy. Voy a salir a jugármela desde el primer punto y a dejarlo todo. Haré todo lo posible, a buscar el partido desde el principio.

¿Hubieras preferido verte las caras con un Djokovic o un Nadal?

Hubiese sido lindo jugar en una de las canchas principales, pero no. Realmente, tal y como se dio todo, lo único que quería era estar aquí, figurar dentro de los 128 mejores. Afronté la situación de una manera diferente, sea cual sea el rival será especial para mí. Será el partido más importante que juegue en mi carrera.

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