El Djokovic de los momentos importantes vuelve a aparecer para ganar en Roma

Sobreponiéndose a un mal inicio, Djokovic fue una muralla en los momentos de presión y acabó asfixiando a un Schwartzman peleón. El serbio, campeón en Roma

Novak Djokovic celebra el título en Roma. Fuente: Getty
Novak Djokovic celebra el título en Roma. Fuente: Getty

Hace 12 años, Novak Djokovic conquistó su primer torneo en Roma. Hoy, el tenista serbio se impuso en la capital italiana para liderar en solitario la cuenta de títulos de Masters 1000, en una final apretada que se decidió por la determinación y el nivel de Nole en los momentos de presión (7-5, 6-3). Es, además, un epílogo agridulce de la andadura de Diego Schwartzman por el Foro Itálico: nunca dejó de pelear a pesar de estar tres horas en pista en las semifinales de ayer, pero no pudo certificar su entrada por primera vez al top-10.

El comienzo del duelo, desde luego, no fue el ideal para el serbio. Las condiciones no tenían nada que ver con lo encontrado en días anteriores: las nubes copaban el cielo de Roma, lo que provocaba una pista extremadamente lenta y pesada. En un duelo contra Nadal, esto le favorecería, pero contra Schwartzman, que aplica un ritmo y altura de bola muy similar al serbio, aseguraba una batalla sin cuartel.

Como tratando de ajustarse a estas condiciones, Djokovic salió al duelo completamente fuera de ritmo. Hasta 8 errores no forzados firmó en los tres primeros juegos, lo que provocó que cediese hasta dos breaks consecutivos. Schwartzman no estaba haciendo nada especial, simplemente ser extremadamente sólido, meter una pelota más y alargar los rallies hasta el extremo.

Esto provocó una táctica de la que Nole llegó a abusar: la combinación dejada + globo. Una vez ajustó sus golpes desde el lado del revés, sin embargo, Djokovic despertó. También aumentó un poco el nivel al saque, y eso unido a algunos errores sueltos por parte de Diego fueron suficientes motivos para devolver la igualdad al marcador. Era un duelo de idas y venidas, cuyas condiciones invitaban al intercambio de breaks. Y así se desarrollaba.

La derecha sí estaba carburando a full, pero fue esa dejada que tantas veces le quitó la que le hizo salvar una bola de break decisiva con 4-4 y 30-40 en contra. En el juego siguiente, sin embargo, fue Schwartzman quien se salvó de la quema: evitó una bola de set gracias a una magnífica derecha cruzada.

Djokovic abusaba de las dejadas, con dos claros objetivos: en primer lugar, cansar lo máximo posible a El Peque, que venía de estar tres horas en pista la noche anterior. En segundo lugar, acortar al máximo los intercambios: era Diego quien ganaba los rallies de más de nueve golpes.

Por muy irregular que pudiese parecer Djokovic, el primer set seguiría un guion calcado al del partido ante Casper Ruud. Nole no perdonó, bajó su cuenta de errores no forzados y aprovechó un juego más endeble de Diego al saque para apuntarse el primer parcial. Un set nada brillante, pero que vuelve a enseñarnos una máxima: en el tenis gana quien es más fuerte en los momentos importantes.

El segundo set siguió el mismo rumbo: empezó con un break de Schwartzman que Djokovic devolvió inmediatamente. Seguíamos viendo a un Novak irascible, irritado con facilidad, y eso se traducía en su propio tenis. Diego hizo un par de ajustes tácticos probablemente propiciados por la pesadez en sus piernas tras la paliza de ayer: empezó a utilizar mucho más la dejada para conservar energía y añadió potencia extra a sus tiros, buscando golpes con mucho menor margen de error.

Y parecía que podía volver a insuflar presión a Djokovic cuando con 2-2 tuvo dos bolas de break. Ahí, dos errores no forzados se convirtieron en ese tren que no se puede dejar escapar. El juego dio a Djokovic tranquilidad, que cambió el chip desde ese mismo instante y dejó de ventilar rabia. Se centró, acabó con los aspavientos y puso la directa hacia el título de Roma.

Y lo hizo dejando dos juegos finales dignos de su mejor versión, una auténtica exhibición de reveses paralelos (con los que consumó el break para el 5-3), golpes angulados e incluso subidas a la red ante un Schwartzman que ya tenía el tanque de gas bajo mínimos.

El resultado final pone a Djokovic como líder indiscutible en la cuenta de Masters 1000 conseguidos y deja a Schwartzman sin su lugar en el top-10 como consecuencias más inmediatas. En clave Roland Garros, la actitud y el lenguaje corporal del serbio nos hacen ver que sigue sin estar del todo contento con su tenis, algo que incluso reconoció en su entrevista a pie de pista: sabe que necesita subir el nivel si quiere afrontar con garantías un duelo ante Nadal o Thiem. Eso sí: en Roma ha conseguido el kilometraje en tierra necesario y ha acabado sus dos últimos partidos con sensaciones muy buenas, siendo mentalmente superior a sus rivales. Todo listo para el último combate y la última parada de esta atípica gira de tierra.

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