Schwartzman se lleva el duelo de las dudas

El argentino Diego Schwartzman firma su primera final de Masters 1000 tras ganar a Shapovalov y medirse a Novak Djokovic en la lucha por el título.

Diego Schwartzman. Foto: Roma
Diego Schwartzman. Foto: Roma

Mientras se abre esta crónica uno debe cerciorarse de que el último punto de partido se cierra a favor del que lo afronta. El tenis masculino actual, entre las circunstancias que corresponden a la pandemia y las que corresponden a jugadores que tratan de controlar sus emociones y crecer a base de dudas, es ahora un deporte diferente. Muy diferente. El intervalo 2005-202X ha sido un punto irrepetible en la historia que ha insensibilizado y encapsulado el componente más aleatorio, desde todo punto de vista. Diego Schwartzman es finalista del Masters 1000 de Roma 2020 (6-4 5-7 7-6), pero podría haber perdido perfectamente, en buena parte porque convive(n) continuamente con el vértigo. No sólo él, toda su generación.

El partido fue imposible de agarrar. Se dice que la labor, entre otra muchas, de un periodista es contextualizar o intentar razonar con su valor crítico por qué pueden pasar las cosas o qué puede ocurrir para que sucedan algunas cosas. Contar las cosas que pasan y tratar de conectarlas. Ahora mismo esto es mucho más difícil en un deporte donde ya de por sí todo es enormemente mental. Denis Shapovalov dejó escapar una gran oportunidad de meterse en su segunda final de Masters 1000 pero su caso es el paradigma del nuevo tenis, uno en el que las ventajas en el marcador tienen mucho menos valor o certeza que lo que hemos vivido estos tres últimos lustros.

En lo puramente tenístico, el partido no guarda una correlación tenística estable, porque todo depende del control emocional estando por debajo o por encima en el marcador. Los perfiles están bien definidos y su lugar en el guion también. A diferencia de su partido ante rafa, donde Diego varía mucho su agresividad y su posición en pista, juega mucho más atrás y espera a que Denis o haga todo. El canadiense lleva la iniciativa por defecto y articula un partido en el que Schwartzman debe jugar con un ancho defensivo muy grande: saques de zurdo abiertos, derechas invertidas que abren ángulos cortos, búsqueda de líneas, efectos liftados a la zona del revés. Diego decide correr y contragolpear con su espíritu de jugador persistente.

Ya desde el primer set se comienza a anticipar lo que va a ocurrir con las ventajas casi definitivas. El sudamericano abre brecha de entrada, cruza más pelotas y defiende mejor, hasta dar con un 4-1, 5-2 y saque que se convierte en un 5-4 y saque de Denis, que claudica cuando está a punto de igualar y recuperar terreno perdido. Circunstancias que van a gobernar todo el partido cuando el desenlace va acercándose. Con el primer set, Diego peca de conservador, seguramente con el tanque a medio llenar por el esfuerzo semanal, pero ante su oponente siempre puede compensar esperar tu momento más adelante.

Shapovalov sigue luchando, algo que es indiscutible, hablamos de un jugador que no concibe el abandono ni la mala actitud y como ofensivamente tiene todo el abanico de golpes, cuando pasa al ataque siempre suele obtener recompensas. Pero es precisamente ahí donde no se encuentra cómodo, por delante en el marcador. El norteamericano va a dominar el segundo parcial 5-3, pero va a tener que bailar entre olas para ganar el set: del 5-3 al 5-5, luego al 6-5 y 7-5 final que deja todo para el definitivo tercer set.

Allí, más que intentar explicarlo, es mejor observar el intercambio de juegos que se va a ir sucediendo, con seis roturas de servicio que demuestran que la firmeza no se manifiesta en ningún momento de la final. Sin embargo, se cumple esta vez esa sensación de que el que ataca, movido por los nervios, tiene las de perder, y mientras Schwartzman espera agazapado y mentalmente entero, el tie break va a ser una losa demasiado pesada para Denis. Muere en la orilla Denis Shapovalov, bajo la mirada de Mikhail Youzhny. Enfrente levanta las manos Diego, el 'Peque', grande como nunca en su carrera, mirando mañana un imposible.

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