Schwartzman da una exhibición y apea a Nadal de Roma

El argentino mostró un nivel magistral de tenis para alcanzar las semifinales, eliminando en dos sets un Nadal un tanto errático, especialmente con su derecha.

Nadal se lamenta. Fuente: Getty
Nadal se lamenta. Fuente: Getty

Diego Schwartzman hizo saltar la banca en la noche cerrada del viernes sobre Roma. Su 6-2 y 7-5 eliminan a Rafael Nadal del torneo italiano, después de un duelo en el que el argentino apenas dudó y mantuvo un nivel exceso con sus golpes desde el fondo de la pista. Especialmente acertado con su revés cruzado, no dio aire a un Nadal que notó el cambio en las condiciones de la pista y bola, sin poder confiar tanto en el peso de su bola y tomando demasiados riesgos con una derecha algo errática hoy.

Ya desde el minuto uno de encuentro, Diego dejó claras sus intenciones. Consiguió algo que ni Carreño ni Lajovic pudieron: empezar el duelo de tú a tú, sin ceder breaks tempraneros. Eso sí, Rafa tuvo una oportunidad con 2-2 para dar el primer mordisco en el marcador, una oportunidad que Schwartzman salvó. Desde ahí, el argentino nunca miró atrás.

¿Puede Diego jugar mejor que como lo hizo en el primer set? Resulta difícil pensar que sí. Influyeron en el duelo, también, las condiciones meteorológicas. La pesada noche de Roma, con un duelo que comenzó a las 10PM, aminora notablemente la carga de las bolas de Rafa. Su pelota no coge el mismo spin, especialmente cuando busca abrir hueco con su derecha cruzada hacia el revés del contrario

Y por ese lado Diego encontró una mina de oro. Atacando, paradójicamente, la fortaleza del rival. El argentino dio una auténtica exhibición de cómo encarar la bola de revés: aguantaba con firmeza los rallies cruzados, llegando a generar ángulos cortos prácticamente imposibles, para luego atacar la pelota de dos maneras distintas: o con un revés paralelo que funcionó durante todo el duelo, o invirtiéndose de derecha.

Así, Schwartzman dio el primer golpe encima de la mesa. Y los golpes siguieron cayendo. Varios breaks consecutivos que culminaron en un 6-2 inicial que dejaba sorprendidos a propios y extraños. Otra clave, claro, es que el argentino no falló. Literalmente. Cometer solo 5 errores no forzados en un set ante Nadal en tierra batida es una marca que solo se recuerda a jugadores de primera categoría (véase Djokovic y en su menor medida Thiem y Zverev). Rafa, por un momento, llegó a verse tan desubicado desde el fondo de la pista que empezó a echar mano de la dejada, con éxito relativo. Era un Schwartzman superlativo, que encontraba respuestas ante las embestidas de Nadal (embestidas que por las condiciones previamente mencionadas no hacían tanto daño).

En el inicio del segundo parcial fue Schwartzman quien a punto estuvo de empezar pegando, con dos bolas de break en el juego inicial que Nadal resolvió con aplomo. A partir de entonces, Nadal subió un poco su nivel gracias a la aparición de la derecha paralela, con la que empezó a soltarse más. El duelo se convirtió en una pelea por la línea de fondo, una lucha encarnizada en la que Rafa trataba de tomar el control mientras que Diego contragolpeaba como un auténtico jabato.

Schwartzman fue el que pegó primero, en línea con lo que fue el primer set. Seguía dominando, pero con Nadal en pista, ni una ventaja de set y break es suficiente. El albiceleste se dio de bruces contra el Nadal más combativo, el que 3-4 abajo pelea todas y cada una de las bolas y huele sangre cuando tiene la oportunidad. Rafa rompió el saque cortando su cuenta de errores no forzados, pero Schwartzman volvió a mostrar una resiliencia brutal para hacerle el contrabreak… en blanco.

Era lo nunca visto. Lo cerró con un nuevo passing con su derecha, lo que le permitía sacar para ganar en sets corridos ante Nadal, una hazaña que parecía imposible de ejecutar viendo los dos primeros partidos del mallorquín en Roma. Solo faltaba el momento de la verdad.

Y de nuevo apareció el Nadal de las siete vidas, el que muerde y mete presión cuando parece imposible. Un error mientras trataba de apretar, un resto de primer saque a los pies del argentino y un botepronto inverosímil sellaban una nueva rotura y la vuelta a la normalidad. O eso parecía…

Y es que este partido parece confirmar la máxima de que Nadal siempre juega mejor cuando va por debajo en el marcador. Con 5-5, el manacorí hizo un juego extrañísimo, acorde a la actuación un tanto errática a lo largo del partido: dos errores no forzados de derecha desde el fondo y un saque volea infructuoso sellaron un nuevo break para Diego, que volvería a contar con el saque para cerrar el partido.

Al final, Schwartzman acabó cerrando el duelo en la red, como un auténtico campeón. Con una expresión de sorpresa, con la sensación de que ni él mismo se creía lo que acababa de suceder. Probablemente el bonaerense aún se esté preguntando cómo lo hizo, cómo fue capaz de dejar en la lona a Nadal tras dos horas de partido, sin apenas ningún altibajo en su juego y mostrando un nivel de agresividad constante que pocas veces antes dio. Y en tierra, claro, en el territorio sagrado del manacorí. Lo más probable es que de cara a Roland Garros esto no signifique nada para Nadal, cuyos 30 errores no forzados (destacan los 18 desde el lado de la derecha) evidenciaron un partido a tirones, sin llegar a ser malo.

Toca estudiar para no repetir una actuación así en una jornada nocturna bajo la Chatrier (la gran novedad de este año). Y para Diego, claro, saborear el momento. Se abre una oportunidad única para él, contra Denis Shapovalov en semifinales de Masters 1000... y con un billete hacia el top-10 en el horizonte si acaba conquistando el torneo. ¿Lo logrará? Hoy ha dado un paso de gigante para ello.

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