Petrova: “Me quedó el sabor amargo de no ganar un Grand Slam”

La ex Nº3 del mundo hace balance de su carrera como jugadora. Las lesiones y el fallecimiento de su madre fueron las barreras que le impidieron crecer más.

Nadia Petrova. Fuente: Getty
Nadia Petrova. Fuente: Getty

Con toda la actividad del US Open en estas últimas semanas nos habíamos olvidado de rescatar algunas historias interesantes del pasado. Como fieles absolutos que somos del blog Behind the racquet, había una que queríamos levantar desde hace tiempo. Nadia Petrova, ex Nº3 mundial, campeona de 13 títulos individuales, dos veces finalista de Grand Slam y medallista olímpica en Londres 2012. Parece un palmarés impresionante y, de hecho, lo es. Sin embargo, la rusa indaga en su memoria para analizar todo aquello que no pudo alcanzar. Un texto que compartimos completamente traducido y sin quitar una sola coma.

Nací en una familia atlética. Mi madre fue medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 en el relevo 4x400. Mi padre entrenó a un medallista olímpico de lanzamiento de martillo. Llevo el deporte en mis genes. Mis padres me introdujeron en el tenis y el éxito me llegó de inmediato. A los 14 años gané mi primer torneo ITF Junior, ahí me di cuenta que quería dedicarme a esto profesionalmente. Ese mismo año jugué mi primer evento WTA, aunque la transición de juniors al circuito profesional fue difícil, tuve que subir mi nivel físico y mental. A los 17 ya era profesional y en 2005 irrumpí en el top10. En 2006 ya era Nº3 del mundo, gané varios torneos en arcilla y me convertí en una de las favoritas de cara a Roland Garros.

Pero el resto del viaje no fue tan amable. Un par de días antes de comenzar Roland Garros 2006 me lesioné la cadera izquierda. Esa lesión me marcó, jamás volví a ser la misma sobre la pista. Volví en el US Open pero no gané un solo partido. Durante los años posteriores gané algunos torneos y regresé al top10, hasta que en 2013 una nueva lesión de cadera acabó con mi carrera. Una mañana de diciembre de aquel mismo año, recibí una llamada de teléfono que me dijo que mi madre había fallecido en un accidente de coche. Tras el funeral, intenté volver al circuito, pero no me quedaba energía mental. Comencé a romperme, tuve múltiples desgarros musculares, así que decidí tomarme un descanso. Perder a mi madre fue muy difícil de digerir, tuvo un papel fundamental en mi carrera. Ella siempre quiso lo mejor para mí, era dura conmigo, era mi mayor apoyo.

Con 32 años no fue fácil fácil regresar tras perderme una temporada entera. Aquel tiempo en la gira estuvo plagado de problemas musculares, fracturas por estrés y otras lesiones. Ya estaba fuera del top200, así que tuve que jugar fases previas. En esa escala el trato es muy diferente a cuando eres cabeza de serie, te enfrentas a jugadores jóvenes con mucho hambre, no te respetan. Cuando lograba llegar a la primera ronda del cuadro final ya estaba agotada. En 2017 me retiré pero no me veía preparada para decir adiós, sentí que me quedaban un par de años más. Estuve en el top20 durante diez años seguidos y gané 24 títulos de dobles, mi intención era seguir jugando dobles, pero no pude encontrar la compañera adecuada. Siempre me quedará el sabor amargo de no poder ganar un Grand Slam.

Mi carrera en el tenis duró la mayor parte de mi vida, el tenis es todo lo que sé. Cuando el tenis se fue, tuve una llamada de atención, yo misma me preguntaba: ¿Qué quiero ahora? ¿Debería estudiar? ¿Debería seguir relacionada con este deporte? ¿Debería formar una familia? Cuando estás viajando constantemente no piensas en lo que vendrá después, aunque sé que soy afortunada de haber tenido una buena carrera y haberme ganado la vida con esto. Durante años no hice nada, solo recuperarme mentalmente. Me llevó tiempo descubrir lo que quería, hasta que acabé en Moscú con un niño.

Cuando termine la pandemia, estoy ansiosa de continuar con mi carrera como entrenadora, creo que tengo algo que compartir con los demás, sobre todo con los más pequeños. El tenis es lo que me hizo ser como soy, me brindó apoyo financiero, y en un nivel más profundo resultó ser un deporte muy interesante y emocionante. En un deporte inteligente. Al entrenar, es posible que pueda lograr lo que no conseguí como jugadora. Ahora quiero revivir todas estas emociones de nuevo, pero como entrenadora”.

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