Nadal entierra 200 días de parón con una sólida victoria

El balear regresó al circuito con un triunfo solvente ante Pablo Carreño. No jugaba un partido oficial sobre tierra batida desde la última final de Roland Garros.

Rafael Nadal debutó con victoria en Roma. Fuente: Getty
Rafael Nadal debutó con victoria en Roma. Fuente: Getty

Seis meses después, Rafa Nadal volvió a disputar un partido oficial. A este titular, que ya de por sí era noticia, solo faltaba rellenarlo con una victoria o una derrota. Y fue victoria. El balear debutó en el Masters 1000 de Roma superando por sexta ocasión a un Pablo Carreño (6-1, 6-2) que no estuvo cómodo en ningún momento, deseando que aquel polvo de ladrillo se convirtiera en algún momento en pista de cemento. Pero esto no pasó, ni pasará en las próximas cuatro semanas. El Nº2 del mundo despejó las dudas acerca de su rendimiento, así que ya podemos afirmar lo que pensábamos. Rafael Nadal Parera volverá a ser el rival a batir en esta gira de tierra batida.

Volvía Nadal, en tierra batida, en Roma y ante un rival que nunca la había superado. Visto así, parecían factores suficientes para inclinar la balanza a su favor. En el plato contrario, seis meses sin torneos oficiales en las piernas, sin disputar un partido individual, sin respirar el aroma de la competición. Opiniones encontrábamos de todo tipo, por un lado estaban los que vendían ya la piel del oso defendiendo la situación del balear, respaldándose en un tiempo prolongado de inactividad para explicar una posible derrota. Por otro lado, los incondicionales señalaban al lado contrario de la red, donde un Carreño tocado moralmente tras lo sucedido en Nueva York no llegaba aquí en su mejor estado anímico. Ambos tenían algo de razón, pero los dos no podían acertar.

Finalmente fueron los segundos quienes más finos estuvieron. Y vale que no debe ser fácil tener a Nadal enfrente y estar jugando en la central de Roma, pero la expresión corporal del asturiano estaba a años luz de lo que vimos en el US Open. Normal, teniendo en cuenta el cansancio, el cambio de continente, el cambio de superficie y la barrera psicológica que supone medirte a un rival al que nunca pudiste ganar. Si a esto le sumamos que Rafa fue de menos a más, ganando ritmo, creciendo en espíritu y que siempre dominó el marcador, la empresa multiplica su dificultad hasta niveles lejanos a cualquiera. Con un 6-1 de salida quedaron rápidamente despejadas las dudas acerca de las expectativas que teníamos sobre el encuentro.

Obviamente, Nadal todavía está en camino de mostrar todo su potencial, sobre todo a nivel ofensivo, para las sensaciones en esta primera toma de contacto fueron positivas, confirmando que cada pieza sigue en su lugar y que su mentalidad no se ha deteriorado ni un ápice. Apoyándose siempre en su solidez, su resto y su rapidez para alcanzar cada pelota, el balear fue desquiciando a un Carreño falto de inspiración, visiblemente cansado, seguramente cabreado por la mala suerte que tuvo en el sorteo del cuadro.

El de Manacor tuvo un regreso cómodo, poco exigido, incluso terminó el duelo metido en pista y ganando algo más de confianza de cara a su próximo desafío: Milos Raonic o Dusan Lajovic. Volvió Nadal y con él, los récords: 6ª victoria consecutiva del año (ganó Acapulco antes del parón), 11ª victoria consecutiva en Roma (no pierde desde 2017), 13ª victoria consecutiva en tierra batida (no jugaba en arcilla desde la final de Roland Garros) y H2H de 6-0 ante su compañero Carreño. En fin, hay cosas que ni siquiera una pandemia puede cambiar.

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