Osaka recupera el trono del US Open

La tenista japonesa derrota a Vika Azarenka cuando más lejos parecía de la victoria, remontando un 6-1 2-0 y 40-30 en contra hasta el 1-6 6-3 6-3 final.

Naomi Osaka. Foto: Getty
Naomi Osaka. Foto: Getty

El tenis exige, entre otras cosas, más que la gran mayoría de deportes a nivel mental porque no está acotado por el tiempo, y porque en ese universo que es su dinámica como juego encerrado en un formato de competición en el que hasta que no se gana el último no se termina, en lugar de estar a merced de un periodo de tiempo concreto (90 minutos, 48 minutos, etc), la mente pasa por todos los estados posibles. De ahí que la victoria esté muy relacionada con la distancia que el jugador o jugadora es capaz de crear entre la razón y la emoción. Si la emoción domina, más lejos del triunfo se está. Y cuanto más cerca se está de ganar, más florece cualquier emoción humana.

Es una manera de resumir, más que el tenis, los Grand Slams. La final del US Open 2020 que ha levantado Naomi Osaka vio a la japonesa completamente fuera mediado el segundo set. Su rival, Vika Azarenka, se vio con una ventaja táctica, psicológica y de marcador lo suficientemente importante como para pensar en su triunfo final. Pero el tenis pone a prueba a los dos lados de la red sin dar mayor merecimiento que premiar a quien gana el último punto del encuentro. La japonesa se ha hecho con su tercer Grand Slam. Veamos cómo.

El encuentro nació muy frío para la nipona, sin ningún tipo de timing en saque, flexión, sensación en sus golpes y plan de partido. Comenzaba, desde el principio, a gestarse la primera gran sensación de la noche: Victoria Azarenka jugaba con las blancas. Y las blancas de Vika ya no son las mismas que en 2012, cuando gozaba de una plenitud imponente, capaz de firmar cuatro finales de un major en dos años, con dos títulos. Ahor Azarenka, más que pinchar con el cuchillo, teje con seda. Mete intensidad pero no busca el ganador como modo de juego; te hace fallar.

Y así fue fallando la asiática, que estaba al borde de la dimisión. Tácticamente, la bielorrusa defendía atacando, y atacaba defendiendo, superior en el embrague y no tanto a toda velocidad, donde Osaka se siente la mejor del circuito. Naomi se pegaba en su muslo izquierdo, vendado, a modo de estimulación y ritual, pero el marcador continuaba distanciándose, al ritmo de la raqueta de la europea, que apenas fallaba, dominando el centro, horizontal y vertical, hasta la desesperación de Osaka, que tenía que hacer algo antes de que fuera demasiado tarde.

Hasta el 6-1 2-0 y 40-30 se fue un partido cada vez más cerca de su desenlace, sin opciones de rotura aún para Osaka, hasta que llega su oportunidad. Suele ocurrir que la presión se desinfla cuando se rompe el servicio de tu rival, estás cerca de perder y juegas con la mano más relajada. Y Naomi Osaka, si la mano deja de temblar y deja de preocuparse y castigarse a sí misma, es imbatible. Ya ha venido diciendo Naomi que juega mucho más despreocupada, dadas las circuntsancias sociales que están aconteciendo, movida por el motor de una desigualdad.

Esa rotura va a suponer un cambio de guardia asombrosa. Siete de los siguientes ocho juegos corren de cuenta de Naomi, que iguala la contienda y se sitúa desde un plano de igualdad mental, el deseado objetivo para afrontar el set definitivo con la tranquilidad para agarrar el testigo de prócer y que fuese Vika la errática y dubitativa. Azarenka se ve desarbolada, sin capacidad para frenar lo que está pasando.

Sin embargo, va a tener una nueva y fugaz oportunidad. Del 4-1 pasa al 4-3 y todo parece volver al primer párrafo de esta crónica, donde se concentra este deporte. Todo es susceptible de cambiar, de ir para regresar, pero Osaka no se ha visto afectada para terminar cerrando el partido y anotarse su tercer Grand Slam. Hace dos años, cuando sumó dos grandes consecutivos, ya se avanzó que su poderío, impacto y repercusión podían crear una nueva era de dominio. Y si bien no ha sido así, Naomi tiene 22 años, suma tres grandes y sobre pista dura, si encuentra tranquilidad competitiva, depende, en cierto modo, de sí misma.

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