Zverev tira de galones para culminar una gran remontada ante Carreño

El joven alemán accede a su primera final de Grand Slam tras remontar una desventaja de dos sets a cero frente a Carreño, carente de energía y argumentos al final.

Alexander Zverev gana a Pablo Carreño en US Open 2020. Foto: gettyimages
Alexander Zverev gana a Pablo Carreño en US Open 2020. Foto: gettyimages

El tenis es impredecible y todo lo que ocurrió en esta primera semifinal del US Open 2020 fue una prueba de ello. Pablo Carreño salió decidido a imponer su ley y aprovechar los vaivenes de Alexander Zverev, pero el talento e intangibles de campeón que atesora el joven alemán terminaron decantando la balanza de su lado, en una remontada sin especiales tintes de épica. Por primera vez logra el teutón meterse en una final de Grand Slam, así como levantar una desventaja de dos sets a cero. Prueba sintomática de su tendencia al alza y de que cada vez está más cerca de la gloria. Ganó 3-6 2-6 6-3 6-4 6-3.

El inicio del primer set fue un realmente sorprendente. El alemán salió concentrado e intenso, tuvo bolas de break en el tramo inicial, pero Carreño se escabulló cual anguila y acabó dando un mordisco al marcador como si de un tiburón blanco se tratara. El español era un muro de fondo de pista y empezó a moverse con su agilidad habitual, impidiendo que Sascha golpeara cómodo y provocando sus errores. Encadenó cinco juegos consecutivos y aunque le costó algo cerrar, pudo hacerlo aprovechando dos errores infantiles de revés del germano en el noveno juego, cuando se fraguaba una posible remontada.

La manera de jugar esos dos puntos clave fue sintomática de la falta de clarividencia a nivel mental que tenía en pista Zverev. Las virtudes del español se manifestaban en carencia de Alexander, nervioso, timorato y sin la paciencia necesaria para leer el partido. Superado mentalmente por los magníficos restos de su rival, el joven teutón acumulaba dobles faltas en el segundo parcial, no encontraba continuidad en su juego y se veía superado de fondo de pista. Intentó acortar los puntos, subir a la red a destiempo y ser muy agresivo, pero su desorden táctico y falta de fluidez en el drive le condenaba.

Un noveno juego maratoniano (más de 11 minutos y 9 deuces) fue la puntilla mental para Alexander, que ganó dos juegos como el pez que se agita fuera del agua, pero no pudo poner en jaque la superioridad de su rival ni disimular sus muchas carencias. Pablo Carreño estaba más cerca que nunca de la gloria, las sensaciones eran inmejorables, pero quedaba lo más complicado; el impulso final, ese en el que el vértigo ante lo desconocido ha acbado con muchas esperanzas.

Esa sensación de dudas en el español fue palpable desde los compases iniciales de la tercera manga. El margen de mejora de Zverev era tan gigante y evidente que, en cuanto se concentró un poco y decidió ordenarse mentalmente, Pablo se encontró con un rival diferente. No es fácil pasar en tan poco tiempo de verse totalmente superior a encontrarse con un rival cuyo nombre y ranking inspiran terror si estos se ven acompañados de un nivel de juego acorde a los mismos y un saque letal. Llegaron en el español los errores, la cierta falta de agresividad y, por qué no decirlo, ese miedo a lo desconocido que tanto puede atenazar.

El guion del partido cambió abruptamente y se llegó a un cuarto set que ya era una historia radicalmente distinta a la vivida en los dos primeros. Tocaba ponerse el mono de trabajo, picar piedra y sufrir. La tendencia parecía imposible de frenar y un nuevo break a favor de Zverev llegó en el tercer juego. La transición no estaba totalmente completada y el español se encontró con nuevos regalos por parte de su rival para tener una vida más. Sin embargo, ya no tenía la potencia necesaria en sus golpes, los duelos de revés a revés eran favorables al alemán y no encontraba la manera de dominar. Sascha logró un break que mantuvo con aplomo para llevar el partido a un dramático set definitivo.

Si alguien viera al alemán del quinto parcial respecto al del primero, no se creería que habían transcurrido apenas unas horas. Zverev mostraba un aplomo tremendo en pista, se sentía claramente superior y veía cómo sus tiro desbordaban al español. No había resquicio alguno por el que Carreño pudiera colarse y su energía y optimismo dismunían notablemente. Se encontró con un break de salida y fue incapaz de hacer cosquillas a un Sascha impecable al servicio.

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