Azarenka sigue bailando en Nueva York

La bielorrusa vuelve a una final de Grand Slam tras siete años después de una espectacular remontada ante su máxima verduga, Serena Williams.

Victoria Azarenka celebra su victoria. Fuente: Getty
Victoria Azarenka celebra su victoria. Fuente: Getty

Victoria Azarenka cerró con un ace, a lo campeona, su boleto hacia las finales del Us Open 2020. La bielorrusa se cargó a Serena Williams, quien le ha derrotado en dos ocasiones en la final del Major neoyorkino, por 1-6, 6-3 y 6-3. Una remontada de enorme mérito y un triunfo basado en la consistencia, la entereza y un revés de muchísimos kilates que acabó por desesperar a Serena.

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Si en la primera semifinal entre Osaka y Brady ambas tenistas comenzaron a todo gas, en el inicio del segundo duelo del día no hubo color. Serena Williams salió disparada y colocó en 15 minutos el 4-0 en el marcador, un parcial sorprendente si tenemos en cuenta que incluso las casas de apuestas colocaban a Azarenka como la favorita esta noche.

El desigualado primer set se explica en varias claves. La primera de ellas fue el pésimo nivel al saque de la bielorrusa, que no fue capaz de superar el 50% de puntos ganados ni con el primer saque (40%) ni con el segundo (43%). La bielorrusa era una marioneta en manos de Serena, que no le dejó tiempo para pensar ni para tratar de alargar los puntos.

La táctica de Williams era muy clara: servir de manera excelente y montarse en la pelota a la primera oportunidad que tuviese. Un impecable 86% de puntos ganados con el primer saque muestran hasta qué punto fue este golpe dominante en el primer set. Este espesor inicial provocó que Azarenka nunca se encontrase cómoda, fallando cuando buscaba el paralelo y engordando una lista de errores no forzados (10) que la mantenían muy lejos de Serena.

Al 6-1 del primer set le siguió un primer juego del segundo parcial imperial por parte de Serena, con dos aces. Fue en su toma de contacto con el segundo set cuando Vika pudo rugir por primera vez, encontrando por vez primera el revés paralelo para salvar con brillantez una pelota de break. Acabó por ser un punto de inflexión, una forma de hacer pensar a una Serena a quien le corría la bola de forma tremenda.

No solo hizo dudar a la gran campeona por primera vez: ese juego fue un aluvión de confianza para su propio tenis. Azarenka no dejaba de creer, y esa reactivación mental se tradujo en un juego de pies renovado para tomar la iniciativa desde el fondo, montándose en su revés a la perfección para certificar su primer break de la noche.

Ese revés daría pesadillas a Serena y se convertiría en el ‘money shot’ para que Vika igualase el partido. La estadounidense perdía fuerza de forma gradual en sus tiros, y un último intento 3-4 abajo fue solventado con grandes acciones defensivas de la bielorrusa. Una Azarenka muchísimo más centrada y menos fallona (solo hizo 1 error no forzado en todo el segundo set. ¡Uno!) permitió ver intercambios de altos vuelos, con ambas jugadoras matándose a palos en un guion más parecido a lo que se esperaba al inicio.

La magnífica reacción de la bielorrusa mandó el duelo al tercer set, con la sensación de que la ventaja física y mental estaba en su propia raqueta. Lo acreditó el break para comenzar la tercera manga, una ventaja que podía ser definitiva. Entre medias, Serena pidió un MTO por problemas en el tobillo, un descanso que paró el partido durante más de cinco minutos pero del cual Vika salió con la misma determinación.

Serena decidió echar el resto (figurada y literalmente, jugándose casi todos sus restos), pero la renovada movilidad y la capacidad de sufrimiento sin fallar de Azarenka llegaron a empequeñecer sus potentes golpes desde el fondo. El tramo lleno de errores no forzados que experimentó durante el final del segundo set y el inicio del tercero le costó caro, la puso al borde del abismo.

La consistencia y el ‘siempre poner una bola más’ de Victoria Azarenka acabó siendo demasiado para la raqueta de una Serena disminuida en el plano físico. Si los restos no entraban, alargar el intercambio más allá de cuatro o cinco golpes era mal negocia para Williams. Tendrá que esperar el 24º Grand Slam, una oportunidad que se esfuma ante el tesón de una Azarenka que sigue viviendo una segunda juventud en Nueva York. El joven Leo puede ver a su madre conquistar su tercera corona en Grand Slam, su primera en Flushing Meadows. Esa historia, eso sí, será el sábado.

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