El día que Roger Federer salvó 7 bolas de partido

Se cumplen 17 años de una de las victorias más heroicas del suizo. Ocurrió en el Masters 1000 de Cincinnati 2003, en primera ronda, ante el número 114 del ranking.

Roger Federer en Cincinnati 2003. Fuente: Getty
Roger Federer en Cincinnati 2003. Fuente: Getty

Si les cito el nombre de Scott Draper es posible que no les inspire nada. A menos que sean unos seguidores muy entusisastas del tenis, poca gente recordará a este australiano retirado en 2005 que llegó a ser Nº42 del mundo en el ranking individual. Sus mayores logros fueron pisar los octavos de final en Grand Slam, levantar un título en Queen’s y poner contra las cuerdas a un tal Roger Federer. Con el paso de los años, posiblemente la más especial sea esta última, el día que gozó de siete bolas de partido ante el suizo y no aprovechó ninguna. ¿Cuántas bolas has dicho? SIETE. Una heroicidad firmada en el Masters 1000 de Cincinnati 2003, en una de esas primeras rondas donde se espera un mero trámite del favorito. Casi aciertan.

El rol de Federer por aquel entonces todavía no era el de gran dominador del circuito, pero estábamos en agosto y en su ficha ya lucía una corona en Wimbledon y el estatus de ser el Nº2 de la clasificación, solamente a la sombra de Andre Agassi. Eso sí, su primer triunfo en Cincinnati se le había resistido tanto en el año 2000 (Pato Clavet) como en el año 2002 (Ivan Ljubicic). Ambos top50 le habían derrotado en primera ronda y ahora el desafío se llamaba Scott Draper, número 114 del mundo por aquel entonces. El australiano era ya un veterano de 29 años por los 22 que contaba el de Basilea, aunque ni el valor de la experiencia nos hacía pensar que se pudiera complicar tanto el partido para el hombre que más adelante ha llegado a conquistar Ohio en siete ocasiones.

Claro, que en 2003 todavía faltaba mucha lluvia por caer hasta llegar a esa etapa de dictadura, aunque ya empezábamos a ver brotes. Tras caer en su debut en Roland Garros, Federer reacciona ganando Halle (Kiefer), ganando Wimbledon (Philippoussis), haciendo final en Gstaad (Novak) y semifinales en Canadá (Roddick). Demasiados partidos en poco tiempo, había riesgo de que a su llegada a Cincinnati, el agotamiento físico y mental se volvieran en su contra. Así que allí que apareció Draper, para darle la bienvenida en una primera ronda donde el australiano llegó a dominar el marcador por 6-4, 3-6, 6-5 y 30-40 al resto. Era la primera bola de partido de las siete que llegarían a presentarse. Vamos a repasarlas todas.

  • 1º MP (6-4, 3-6, 6-5 y 30-40): Saque abierto de Federer con mucha potencia, Draper la bloquea y la pelota sobrevuela todo el estadio para caer a escasos centímetros de la línea de fondo. El australiano agacha la cabeza y se lastima por haber dejado escapar esa ocasión.
  • 2º MP (6-4, 3-6, 6-5 y 40-AD): Roger saca esta vez al cuerpo y Draper se la quita de encima como puede, dejando una bola corta que el suizo sube rápidamente a volear. No puede a la primera, pero sí a la segunda volea. Esos reflejos en la cinta hacen que el aplauso de la grada vaya a más.
  • 3º MP (Tiebreak 3º set, 6-2): Federer fuerza el tiebreak pero no empieza bien, se encuentra con otras ¡cuatro! bolas de partido en contra. En la primera, con 6-2 abajo, resta un gran saque del australiano, el intercambio llega hasta los once golpes, momento que Draper aprovecha para subir a la red con un tiro de aproximación. La respuesta de Roger es un globo perfecto y la gente enloquece. Scott solo puede reírse.
  • 4º MP (Tiebreak 3º set, 6-3): Roger al saque y Draper se centra en un único objetivo: pasar la bola. Esta vez no quiere arriesgar, hay que asegurar. La táctica empieza a fracasar cuando ve que el helvético va ganando pista gracias a su drive, hasta que finalmente cierra el punto con un remate de fondo. Van cuatro MP salvados, pero Federer ni se inmuta, sabe que todavía queda trabajo.
  • 5º MP (Tiebreak 3º set, 6-4): Gran saque del suizo, abierto y con mucho efecto. Draper la toca pero esa pelota no pasa la red. El suizo ha cumplido con los dos servicios que tenía, con 6-5 en el tiebreak todavía tendrá que sobrevivir a una bola más. ¿Habrá remado tanto para acabar ahogado en la orilla?
  • 6º MP (Tiebreak 3º set, 6-5): Saque a la T puesto por Draper, Roger no se lo esperaba. La pelota cómoda del suizo le permite al australiano plantarse en la red en tan solo dos golpes, vuelve su versión más agresiva. El oceánico volea al cuerpo de Federer y éste solo puede responder con un nuevo globo. Scott se gira y cuando ve caer la pelota dentro, no se lo puede creer. Se tira al suelo mientras grita “¡¡Come on!!”. Es un grito de frustración, de impotencia, de no entender nada. Su rival le acaba de salvar seis bolas de partido. Ésta última, con una dosis de magia que hasta da rabia.
  • 7º MP (Tiebreak 3º set, 9-8): La contienda sigue su curso y Draper vuelve a tener una nueva oportunidad de ganar el partido, la séptima. Le toca restar, pero ni siquiera puede ver la bola. Federer conecta un saque directo (el 14º en su cuenta) y rápidamente ahuyenta los fantasmas. Seguimos esperando una sonrisa en la cara del helvético, quien se mantiene gélido pese a su actuación.

Tras 2h2min de batalla, Federer saca con 11-10 en el tiebreak para terminar con tanto sufrimiento. Saque al cuerpo, con mucha altura, que Draper toca mal de revés y la manda a la valla. Aquí sí, Roger saca el puño y pega un pequeño grito. Nada del otro mundo, nada que refleje que acaba de ganar después de salvar siete bolas de partido.

Mucha gente recordará otras epopeyas más recientes del helvético, como las cinco bolas de partido que le salvó a Leonardo Mayer en el Masters 1000 de Shanghái 2014, las dos que salvó ante Andre Agassi en la Masters Cup de Houston 2003 o las cuatro frente a su amigo Stan Wawrinka en las ATP Finals de 2014, pero no fue hasta su duelo con Tennys Sandgren en el Open de Australia 2020 donde el de Basilea igualó la remontada más salvaje de su carrera, emulando las siete que zafó en Ohio ante Draper 17 años atrás.

Por cierto, en aquel torneo de Cincinnati, Roger perdería al día siguiente con David Nalbandian, el mismo que le dejaría también fuera del US Open semanas después. Posiblemente, la última mala racha antes de firmar cinco temporadas sublimes donde nadie pudo discutir su hegemonía.

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