El día que Agassi se enfrentó a toda Argentina

Julio de 1988. Eliminatoria de Copa Davis entre Argentina y Estados Unidos. En el segundo partido de la serie, Agassi hizo algo que enfureció a la grada.

Andre Agassi y John McEnroe. Buenos Aires, julio de 1988. Fuente: Getty
Andre Agassi y John McEnroe. Buenos Aires, julio de 1988. Fuente: Getty

El Andre Agassi más joven era una bestia por domar. Alguien que se rebeló contra todo lo que le rodeaba: su academia, su familia, su adolescencia, la sociedad. Era un chico que daba sus primeros pasos como profesional y que, aún así, ya sabía lo que era jugar en las mejores plazas. El mes de julio se cierra y con él Wimbledon y los torneos más románticos de la gira de tierra batida veraniega, pero antes también se jugaba Copa Davis por aquel entonces. Y es que julio de 1988 fue una lección para Andre Agassi. Pasó algo que no olvidará.

Para contextualizar esta historia debemos centrarnos en los protagonistas de la misma. Por un lado, el Kid de Las Vegas ya estaba establecido entre los mejores del mundo. En 1987 había conquistado su primer título, en Itaparica, y aquel 1988 había alcanzado las semifinales de Roland Garros, cediendo en el quinto set por fatiga ante la mejor versión de Mats Wilander. Andre era sensación internacional, un producto perfecto de la primera gran hornada de la academia Bollettieri. Tenía 18 años y el mundo a sus pies: acabaría la temporada como #3 del mundo y seis títulos en su buchaca.

Además, era el bálsamo perfecto para enmendar un decepcionante año de Copa Davis. En 1987, Estados Unidos bajaba del Grupo Mundial, un hecho absolutamente insólito consumado por una enorme actuación de Boris Becker en suelo local. Así pues, el país de las Barras y las Estrellas se veía obligado a jugar contra naciones que no podían contrarrestar su fondo de armario. Para salir del hoyo del Grupo Americano, Buenos Aires era la última parada, con un equipo argentino que tenía también su propio niño prodigio: Guillermo Pérez-Roldán.

McEnroe sabía cuál era su misión en Argentina. "A nadie en Estados Unidos le importa este partido, pero tengo objetivos personales. Quiero ganar en este estadio". JohnnyMac llegaba a Buenos Aires con un historial curioso: había perdido los cuatro partidos que había jugado allí. ¿La última victoria de Estados Unidos en Argentina? Nunca. Aquella eliminatoria era una especie de "vendetta personal" para John, y así se lo dejó saber a un Agassi con fama de impertinente.

Curiosamente, según cuenta Sports Illustrated, aquel fue el fin de semana que puso las bases de una sólida amistad en los años venideros. Agassi y McEnroe, dos líderes de diferentes épocas. Compartieron entrenos, tiempo juntos. JohnnyMac aconsejaba a Phil, el hermano mayor de Agassi: le decía que Andre no debía saltarse los estiramientos, que debía dejar de adornarse tanto en pista y, ojo, que no aplaudiese los grandes golpes del rival. Los entrenamientos entre ambos, según Tom Gorman (capitán del equipo), fueron "el mejor tenis que se ha visto en todo el año".

La misión se completó con más facilidad de lo esperada. McEnroe sufrió, batalló, y voleó como nunca para imponerse a Pérez-Roldán en cinco sets en el partido que abría la eliminatoria ("Hacía años que no voleaba tan bien como hoy", dijo John posteriormente). El siguiente partido podía, prácticamente, certificar la victoria del país norteamericano: un 0-2, sabiendo de la experiencia de la pareja americana (Flach/Seguso), sería muy difícil de remontar para los argentinos.

Durante una hora larga de tenis, Agassi fue un auténtico torbellino. Ni el viento que soplaba por la capital podía sofocar el talento del jugador de Las Vegas, que flotaba sobre la tierra para destrozar a Martín Jaite. 6-2, 6-2, 4-0. La victoria estaba hecha, y ver al número cinco del mundo solo merecía los aplausos del respetable, que se rendía ante la exhibición de tenis de Andre. Hasta que cruzó la raya del respeto.

Con 40-0 y Jaite dispuesto a ganar su primer juego del tercer set, Agassi se dirigió a su entrenador. Nick ya sabía lo que iba a pasar: alguna de esas excentricidades propias de la inmadurez de aquel rockstar. El saque con kick de Jaite no fue devuelto por Andre. De hecho, lo que hizo el americano fue directamente atajar la bola con la mano. La cogió al vuelo, como si jugase al béisbol, dándole el punto a su rival sin disputarlo.

El público se volvió loco. Los pitidos y los abucheos acompañaron a Agassi hasta que finalizó poco después del partido. Agassi le había faltado el respeto a un argentino, le había dejado ganar un punto, y eso era una ofensa ante todo el país. Ni tan siquiera su nuevo gran amigo John McEnroe pudo defenderlo: "Andre es joven e ingenuo, pero esto ha sido increíble. Demasiado insultante hacia el otro jugador. Espero que haya aprendido la lección en un momento en el que, por suerte, no perjudicó a su equipo".

Con el tiempo, Agassi reflexionó sobre aquel acto. Primero dijo que siempre había querido hacerlo, pero más tarde se lamentó de que aquel no era ni el momento ni el lugar. "Si pudiese volver en el tiempo, no lo había hecho", llegó a afirmar. En 2011, preguntado en una radio argentina, Agassi confesó que Jaite ya le había perdonado aquello, que todo estaba bien entre los dos. Pero, ¿cuál es la verdadera opinión de Andre sobre aquel incidente? Nada mejor que repasar su autobiografía, donde le dedica un párrafo en el que se abre. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

"Espero el saque de Jaite. El frío me tiene entumecido: en Argentina es pleno invierno. Debemos estar a un grado bajo cero. Jaite dispara un saque que toca la red y cae en mi campo. Repite el saque. Y lo hace lanzando una pelota con mucho ascenso, imposible de restar. Yo la recojo al vuelo con la mano. Entonces estalla un motín. El público cree que pretendo perdonarle la vida a su compatriota, que le falto al respeto, y me abuchean (...) En lugar de defenderme, reacciono con altanería. Respondo que siempre me había apetecido hacer algo así. La verdad, simplemente, es que tenía mucho frío y no pensaba. Mi reacción fue producto de la estupidez, no de la arrogancia".

Lección aprendida, André.

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