“Solo faltó que sonara la Marsellesa”

Michael Llodra recuerda la emoción vivida tras colgarse la medalla de plata junto a Jo-Wilfried Tsonga en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Michael Llodra y Jo-Wilfried Tsonga en Londres 2012. Fuente. Getty
Michael Llodra y Jo-Wilfried Tsonga en Londres 2012. Fuente. Getty

Estos días deberían estar disputándose los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020. En concreto, la modalidad de tenis, que es la que más nos importa. Ya que el COVID-19 no pareció tener en cuenta estos planes, lo suyo sería rescatar alguna historia del pasado para mantener de alguna forma ese aroma olímpico. En un artículo escrito de su puño y letra, Michael Llodra cuenta en la página web de la ITF lo que sintió hace ocho años en Londres 2012 al ganar la medalla de plata en dobles junto a su compañero Jo-Wilfried Tsonga. Una medalla muy sufrida que representó el mayor logro de su carrera.

“Al igual que con la Copa Davis, este es el tipo de torneos con los que siempre soñé cuando era un niño. Todavía recuerdo las semifinales de Londres 2012, un partido de locos. Ya había experimentado algo así con Arnaud Clement en Pekín 2008 perdiendo un partido de 4 horas y 48 minutos, luego también perderíamos el partido por la medalla. No fue fácil tener que convivir con eso”, asegura el veterano francés, retirado desde 2014.

Esta vez la vida les iba a sonreír después de un duelo a cara de perro ante David Ferrer y Feliciano López en semifinales (6-3, 4-6, 18-16). “En Londres salvamos tres bolas de partido con mi servicio, un 0-40 que todavía guardo muy fresco en mi memoria. Luego cuando sacamos para partido se pusieron ellos 0-30, pero le dimos la vuelta y logramos la victoria. Parecía algo imposible, en esos momentos todo se detiene, hasta que aparece Tsonga para levantarme en brazos. Fue un momento sobresaliente”, destaca el que llegara a ser Nº3 del mundo en la modalidad.

Horas después, ya en la final, los hermanos Bryan se encargarían de frenarle el paso hasta el título, lo que no pudieron evitar es que cuatro franceses se subieran al cajón a colgarse la medalla. “El momento del podio también fue fabuloso y especial, allí estaban los Nº1 del mundo, que nos habían derrotado a todos, pero también un grupo de cuatro franceses, cuatro amigos presumiendo de medalla. No sonó la Marsellesa, pero todos estábamos muy orgullosos de estar allí arriba y de poder traer para casa dos medallas para el deporte francés”, afirma felizmente tras haber compartido aquella foto con Julien Benenteau y Richard Gasquet.

Para un jugador como Llodra, acostumbrado a tener a tantos compatriotas por delante suyo en los rankings, aquella plata le supo a oro. “Siento mucho orgullo cada vez que recuerdo aquel momento, fue muy emotivo. Me fui con la sensación de haber dado todo para ganar, realmente luché por esa medalla. Estuve muy cerca en Atenas 2004, donde alcancé los cuartos de final en dobles, y me dolió tanto que ni siquiera pude imaginar que en un futuro volvería a tener esta oportunidad. Fue como cuando perdí mi primera final de Grand Slam, pero luego se demostró que con perseverancia todo es posible”, advierte el parisino.

¿Ganar un Grand Slam o colgarse una medalla? Para algunos como Michael, no hay duda. “Ganar una medalla me trajo el reconocimiento de todo el deporte francés. He sido condecorado pero, francamente, no me gusta mucho eso, la condecoración no es lo más importante. He tenido la suerte de experimentar todo esto desde adentro, de compartirlo con mi familia, de lograr una medalla que llevaba persiguiendo con todas mis fuerzas durante muchos tiempo. Esto es de lo que verdaderamente estoy muy, muy orgulloso”.

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