Muguruza regresa a Wimbledon 2017

La española tiró de memoria en un reportaje reciente para recuperar los mejores recuerdos del título conquistado en Londres hace tres temporadas.

Garbiñe Muguruza con su título en Wimbledon. Fuente: Getty
Garbiñe Muguruza con su título en Wimbledon. Fuente: Getty

Hay victorias que se olvidan en una semana y hay otras que se mantienen en la mente casi cada mañana. Ganar Wimbledon pertenece al grupo de las segundas. Un privilegio que Garbiñe Muguruza pudo saborear en 2017, levantando el segundo Grand Slam de su carrera y quitándose la espina de la final perdida dos años atrás. Una quincena gloriosa que la hispano-venezolana ha recordado en un reportaje reciente con la WTA.

El ambiente, primordial

“Lo primero que recuerdo es aterrizar en Londres, además ese año lo hacía con un gran equipo detrás. Incluso tuvimos que alquilar dos casas distintas para acomodar a todo el mundo. Pasamos un tiempo muy bueno juntos en esas fechas, Conchita Martínez era mi entrenadora principal y estuvo allí, fueron momentos muy divertidos en el día a día, sobre todo en la cocina, con algún que otro desastre”.

Un tutora genuina

“Mi entrenadora, Conchita, es una persona muy divertida dentro de la pista, guardo grandes recuerdos siempre que estuve con ella. También recuerdo con mucho cariño su título en Wimbledon en 1994, me ayudó mucho contándome cómo se sintió aquella temporada, cómo se preparó de cara a los partidos, me fue guiando paso a paso diciéndome qué debía hacer. Me volví un poco supersticiosa esos días entrenando siempre en la misma cancha, por ejemplo. No cambiábamos la rutina porque las cosas nos iban bien, fue una anécdota curiosa”.

Punto de inflexión

“El camino hasta la final fue bastante duro, algunos partidos muy complicados, sobre todo el de octavos de final contra Angelique Kerber. Ella era la número uno del mundo, por lo que aquel partido era más interesante todavía, algo que siempre se acrecienta en esta superficie teniendo en cuenta que la hierba suele ser impredecible en ciertos momentos. Finalmente gané ese partido y eso me generó mucha confianza para los siguientes duelos y para la final”.

A un paso de la historia

“El día previo a la final siempre es muy complicado, pero también muy especial. Estás a 24 horas de disputar la final de Wimbledon, uno de los logros más difíciles de alcanzar. Ya había estado en esa misma posición en 2015, cuando perdí con Serena Williams, y esta vez me tocaba jugar contra su hermana, Venus. Lo tomé como una señal, es un placer jugar ante ellas porque sabes que serán grandes finales, así que el objetivo era no ponerme nerviosa y mantener la calma. Al mismo tiempo me sentía emocionada, hablé mucho con mi equipo durantes esas horas previas, ellos intentaron hacer que todo fuera lo más fácil posible”.

El broche final

“Durante el match point pasó de todo, incluido una consulta al ojo de halcón que nos dejó a las dos esperando lo que había pasado. Yo pensaba que la bola se había marchado fuera, así que pedí la revisión al juez de silla. Esos segundos se me pasaron eternos, peor acerté, había ganado, no me lo podía creer. Dos años antes había caído en la final y ahora estaba de nuevo en el mismo lugar, pero con un final distinto. Una siempre sueña con un último punto espectacular, distinto a lo que pasó, pero al final lo importante es lograr la victoria”.

Asimilar lo sucedido

“Fue una sensación insuperable, necesité de un buen rato para creer lo que me estaba pasando, para mirar a mi equipo de trabajo, para ver que realmente todo aquello era real. Verme rodeada de todas aquellas personas en una pista como esa me hacía pensar que estaba soñando. De hecho, luego tuvieron que pasar otro par de horas para ser realmente consciente de lo que había hecho. Asomarme al balcón tradicional y encontrarme a toda esa gente fue igualmente increíble, lo intenté disfrutar muchísimo, lo he vuelto a ver varias veces en vídeo. Fue de las experiencias más emocionantes que he tenido con mis fans, nunca la olvidaré, fue muy especial”.

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