El faro de Björn Borg

Recordamos la figura de Lennart Bergelin, el técnico que acompañó a Björn Borg durante doce temporadas y con el que levantó sus once Grand Slams.

Björn Borg junto a su entrenador, Lennart Bergelin. Fuente: Getty
Björn Borg junto a su entrenador, Lennart Bergelin. Fuente: Getty

Podríamos tirarnos horas hablando sobre la figura de un prodigio como Björn Borg. Su palmarés, su llegada al tour, su manera de competir, su personalidad, incluso sus episodios lejos de la pista nos daría para rellenar unos cuantos artículos. Algunos de ellos, desconocidos. Con todo eso, el sueco fue el gran dominador durante la década de los 70, la estrella que acaparaba los focos, el ídolo de cada niño que agarraba una raqueta, pero en ese viaje no estaba solo. Tras él, un hombre le acompañó a diario guiándole en la buena dirección, alguien que quizá luego no tuvo el reconocimiento que debería, aunque nunca es tarde para hacer justicia con las personas que ayudaron a escribir la historia. Hablamos de Lennart Bergelin, el entrenador que entregó su vida para que Iceborg se convirtiera en leyenda.

¿Quién fue Lennart Bergelin? Para empezar, fue el primer sueco en levantar un Grand Slam. Nacido en los años 20 en la localidad de Alingsas, este diestro prolongó su carrera como jugador entre 1946 y 1955. Por aquel entonces no había ranking, pero las listas amateurs le situaron dentro de los diez mejores en una trayectoria notable. Su momento de gloria llegó en 1948, cuando juntó fuerzas con el checo Jaroslav Drobny para conquistar Roland Garros en la modalidad de dobles. Por primera vez en la historia, Suecia celebrara la llegada de un gran campeón en el mundo de la raqueta. Ni por asomo se imaginaban la barbaridad que les llegaría años más tarde.

Una vez colgada la raqueta, Bergelin quiso seguir ligado al mundo del tenis, pero la oportunidad no le llegaría hasta 1970, cuando fue nombrado capitán de Copa Davis. Cinco temporadas estuvo al frente del equipo, pero la vida le cambió ya desde el segundo curso. Con tan solo 15 años, un jovencito reservado pero talentoso proveniente de Estocolmo fue convocado para defender los colores de su país. Se llamaba Björn Borg y, desde ese momento, su andanza deportiva ya nunca volvería a separarse de Lennart. De hecho, en 1975, gracias a tres puntos cosechados por Borg, los suecos tumbaban a la antigua Checoslovaquia (3-2) para capturar su primera Ensaladera. Ese mismo año, Borg saldría campeón en Roland Garros, defendiendo con éxito el trofeo amarrado el año anterior. Algo muy grande empezaba a cocinarse.

Cabe destacar que en los años 70 todavía no estaba implantada la figura del coach. Suena raro teniendo en cuenta que ahora los equipos de trabajo en la élite los conforman más de diez personas, todo lo contrario que en aquel momento, donde ni siquiera se viajaba con entrenador. Lennart Bergelin fue el primero en llevar esta profesión a un escalón superior, en profesionalizarla, demostrando que podía cumplir un rol imprescindible en pos de los éxitos de su jugador. El veterano técnico le enseñó a su pupilo sus mejores artes a través de un carácter académico que luego se vería en pista, aunque también le ayudó a romper moldes.

Por ejemplo, le proyectó la idea de empezar a jugar liftado, inventando el concepto top spin, un estilo que nunca antes se había visto. Hasta que llegó Borg. Le entrenó a conciencia para que supiera competir en tierra batida pero sin olvidarse de la hierba, aunque aquello de subir a la red no iba mucho con ninguno de los dos. Por supuesto, una relación tan cercana les llevó también a generar lazos en el ámbito personal, ahí fue donde Lennart tuvo que mediar para que Björn no cediera antes los encantos de las mujeres, el poder de la fama o el color de los billetes. Ahí tuvo un papel fundamental para que estos lujos no le distrajeran de la competición. Sirva este ejemplo para entender cuál era su nivel de compromiso. Cada noche, el coach encordaba las 20 raquetas Donnay de su alumno, lo hacía además con la máxima tensión, utilizando su propio peso para que estuvieran bien afiladas. Dice la leyenda que ambos se despertaron varias madrugadas al escuchar el crujido de algunas de estas cuerdas.

“Organiza mis viajes, la hora de la comida, la del entrenamiento, busca compañeros de peloteo, incluso me levanta de la cama. Lo hace todo”, declaró el ex número 1 del mundo en su momento, confirmando la importancia que tenía su preparador. Y aquí la palabra ‘preparador’ está mejor ubicada que ninguna otra, ya que Bergelin también se ocupó de diseñar la mente fría y calculadora del joven sueco, advirtiéndole del peligro que le esperaba cada día ahí fuera. “Incluso si había que mentirle, si había que suponer que un rival sería muy duro, o que una circunstancia lo haría todo más complicado, así lo hacíamos. Así era como pensábamos antes de cada partido. Aunque no hubiera un peligro, veíamos peligro”.

Sus rivales, que lo sufrieron en la pista, también tomaron nota de aquel privilegio que solo unos pocos podían afrontar, la figura de un entrenador que vigilara y cuidara tus pasos a lo largo de cada calendario. "Lennart era un tipo muy agradable, positivo y bromista, de buen trato”, le definió Manuel Orantes hace años en una entrevista. “Supo inculcarle valores y eso es vital. Cuando eres el centro de atención desde muy joven, necesitas un entorno adecuado. Borg siempre fue un tenista centrado, de exquisito comportamiento. Se notaba que había un trabajo fuera de la pista, como se ha notado durante tantos años con Nadal y su tío Toni”, comparó el español.

Ambos trabajaron juntos desde 1971 hasta 1983, año donde Borg coquetea por primera vez con la retirada, aunque más tarde volvería a intentarlo sin mucho éxito. No importó demasiado, El Dorado ya estaba conquistado. El legado que dejaron fue eterno e incomparable: seis Roland Garros, cinco Wimbledon, cuatro finales en el US Open, dos Copas de Maestros, 64 títulos individuales en total y 109 semanas liderando el ranking ATP. Sin embargo, el mayor logro que consiguió Bergelin (fallecido en 2008 por una enfermedad cardíaca) sucedió fuera de la cancha, localizando el interruptor que puso en marcha la máquina. “Creo que su gran victoria fue el cambio por el que pasó, una determinación terrible para controlar su apasionado espíritu”. Lennart sabía qué tecla tocar y, una vez la encontró, la mantuvo pulsada durante doce extraordinarias temporadas. El faro que alumbró a la primera gran estrella del tenis moderno.

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