Cuando Andy conoció a Andy

Nos vamos al año 2006, temporada de despegue de Andy Murray en territorio Grand Slam. ¿Contra quién fue su primera gran victoria? Exacto, Andy Roddick.

Andy Roddick y Andy Murray en Wimbledon 2006. Fuente: Getty
Andy Roddick y Andy Murray en Wimbledon 2006. Fuente: Getty

Esta vez tendremos que estar bien atentos a la hora de mencionar a nuestros protagonistas, ya que ambos fueron bautizados bajo el mismo nombre. Andy Roddick y Andy Murray, dos números uno del tenis separados por una distancia de cinco años al nacer. El estadounidense, uno de las mejores raquetas en la primera década de este milenio, fue de los primeros en descubrir cómo se las gastaba el británico, uno de los talentos más precoces del tour. Su primera cita en las alturas sucedió en Wimbledon de 2006, un partido que ninguno de los dos podrá olvidar.

Vayamos con el contexto, imprescindible. Por un lado tenemos a Roddick, Nº5 del mundo por aquel entonces y subcampeón en las dos últimas ediciones de Wimbledon. Un año más, volvía sabiéndose uno de los grandes favoritos al título como tercer cabeza de serie. Por otro lado aparece Murray, fuera del top40 y sin cumplir todavía las 20 primaveras. Es la segunda vez que participa en el torneo, pero los dos triunfos obtenidos en 2005 señalan que tiene mimbres para jugar bien en hierba. El duelo, que produce en tercera ronda del cuadro final, para muchos pintaba a que sería un paseo del tenista de Nebraska, pero el resultado acaba diciendo todo lo contrario: 7-6, 6-4, 6-4. El escocés se lleva la victoria en tres mangas y firma su primera conquista ante un top10 en torneos de Grand Slam.

Definitivamente, Roddick es el claro favorito para la victoria. Creo, además, que la hierba es su mejor superficie, no sé si hay algún momento idóneo para competir contra él en esta superficie”. Estas fueron las declaraciones de Murray recogidas por ATP antes del partido, protegiéndose bajo ese discurso de jugador novel que tanto nos cuesta creer. Dos horas y media después, recorrido donde salvó 11 de las 12 bolas de break que tuvo en contra, el de Dunblane salía por la puerta grande para poner rumbo por primera vez en su carrera a una segunda semana de Grand Slam. “Me siento mal por Andy, es un gran tipo y es un gran campeón, es una pena que esta gran victoria se haya dado contra él”, expresó.

La realidad es que a Andy (Murray) le gustaba enfrentarse a Andy (Roddick), pero a Andy (Roddick) no le hacía mucha gracia Andy (Murray). Hemos dicho que aquel triunfo fue el primero del británico ante un top10 en torneos de Grand Slam, ¿saben quién fue el primer top10 que derrotó en el circuito general? Cinco meses atrás, en semifinales del torneo de San José, doble 7-5 frente a su querido tocayo: Andy Roddick. Por lo que fuera, la cosa funcionaba cada vez que el cañonero de Omaha saltaba al otro lado de la red, aunque al final del camino el H2H tampoco fue excesivamente sangriento (8-3 para Murray).

No sé si él tenía mucho que perder en este encuentro”, valoró Roddick tras caer de nuevo ante su nuevo peor amigo. “Ahora mismo no estoy contento, es evidente, acabo de perder en tercera ronda de Wimbledon después de haber llegado a una semifinal y dos finales en los últimos tres años. Estoy muy decepcionado, no puedo estar feliz, estaría loco si fuera así. Decepcionado es la palabra correcta, aunque valdrían muchas otras”, concretó con su clásico sarcasmo. Tres años después, tras perder su tercera final en La Catedral, el norteamericano comprendería que esas dos derrotas con Murray eran un simple arañazo comparado con el pinzamiento continuo al corazón que le provocaba cada enfrentamiento con Federer.

En cuanto al otro Andy, el vencedor, el paso representó felicidad y responsabilidad a partes iguales. “Creo que esta es mi mejor victoria hasta el momento. He vencido a alguien que ha sido dos veces finalista de Wimbledon, ex número uno del mundo y campeón de Grand Slam. Además lo he hecho en la Pista Central y en tres sets”, aseguró el hombre que una ronda después diría adiós ante Marcos Baghdatis. Todavía tendría que esperar siete años más para reinar en su jardín y ponerle fin a una racha de 77 años sin campeones locales en Londres. Pero nada de eso hubiera sido posible sin antes haber conocido a Andy, el hombre que le sirvió de puente para alcanzar la élite.

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