Los primeros obstáculos como profesional

Olga Danilovic explica en Behind the racquet cómo superó su primera crisis cuando se juntaron la pérdida de un ser querido y la ruptura con su entrenador.

Olga Danilovic. Fuente: Getty
Olga Danilovic. Fuente: Getty

El 2018 fue una temporada inolvidable para Olga Danilovic. Después de empezar el año fuera del top300, disputando torneos menores del circuito ITF, al llegar septiembre se vio a un suspiro de las cien mejores, con su primer título profesional bajo el brazo y con presencia en la fase previa del US Open. El salto de altura era escandaloso, acorde al talento que le acompañaba. Con 17 años estaba viviendo la época más bonita de una jovencísima carrera, inconsciente de lo que esperaba a la vuelta de la esquina: los primeros malos tragos. En una carta escrita en el célebre blog Behind the racquet, la tenista serbia valora lo que se siente al sufrir la primera crisis de tu carrera.

Mis dos padres han estado involucrado en el deporte. Mi madre era presentadora de deportes en la televisión nacional y mi padre jugaba en la NBA. Llevan juntos desde que tenían 16 años, pero nunca sentí una presión extra por su parte de que tenía que ser una atleta. Desde muy joven tuve la libertad para hacer lo que quería. Primero probé con el ballet, luego patiné sobre hielo, hasta que por fin me dio por el tenis. Desde ese momento, siempre he tenido una raqueta en la mano, todo el tiempo. Los jugadores a menudo tienen una relación de amor-odio con el tenis, yo también tuve momentos difíciles, pero es imposible imaginarme en otro lugar que no sea en una cancha de tenis, practicando y disputando partidos.

La gente me suele preguntar por mi transición de junior a profesional, aunque nunca supe responder a esta cuestión, no sé a qué se referían. Cuando comencé a jugar el circuito profesional gané dos eventos de $15.000 y jugué una final de $25.000. Más adelante, gané mi primer título WTA en Moscú. Tuve un ascenso muy rápido a la cima, pero luego la vida me golpeó. No todo iba a ser fácil, claro, no todo pueden ser flores de color arcoíris. En algún momento tenía que llegar la tormenta, sin flores.

Después del US Open de 2018, disputé un torneo en Tashkent. Esa misma semana perdí a mi abuelo. También me separé de mi entrenador, Alex Corretja, quien fue mi mentor. Fueron momentos complicados para mí, pero seguí jugando, probando entrenadores, pero con ninguno encontré la conexión. No sucedió nada malo entre Alex y yo, jamás peleamos, pero él tiene una familia ahora y no podía viajar tanto conmigo, además de tener otros trabajos. Necesitaba a alguien que estuviera conmigo todo el tiempo, tan solo tenía 17 años y no podía vivir todo aquello sola. Me sentí perdida, vacía, cuando jugaba los partidos notaba una sensación de no estar presente.

Tengo hermanos menores, así que mis padres tampoco podían viajar conmigo. Seguía buscando entrenadores, pero era incapaz de encontrar a alguno con el que me sintiera lo suficientemente cómoda como para abrirme. Necesitaba tiempo para curar aquella herida. Hoy me siento orgullosa por haber dejado atrás mi mala racha y disfrutar al fin de una buena semana en Montreux. Esta fue la primera vez que sentí altibajos en mi etapa profesional”.

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