La relación especial de Feliciano López con Wimbledon

El español ha ofrecido momentos inolvidables en un torneo ideal para sus condiciones y con el que ha labrado una relación de amor-odio.

Feliciano López y su trayectoria en Wimbledon. Foto: gettyimages
Feliciano López y su trayectoria en Wimbledon. Foto: gettyimages

Condenados a entenderse y predestinados a buscarse, encontrándose en momentos puntuales e inolvidables que se alternan con duros episodios. Relaciones así forjan algo especial entre las personas y son perfectamente extrapolables a lo que ha vivido Feliciano López con Wimbledon, el torneo de sus sueños, pero también de sus desvelos. La trayectoria del toledano en el All England Lawn Tennis Club es la fiel representación de lo que supone este jugador para el tenis mundial; una presencia constante en la élite, una esencia única y genuina capaz de emocionar a los aficionados independientemente del resultado y una sensación de tener siempre una bala en la recámara.

Quizá no ha sido el jugador con mejores resultados, pero su huella en el Grand Slam londinense es indeleble. Con un balance de 34 victorias y 18 derrotas desde que debutara en la edición de 2002, Feli ha sido omnipresente en un torneo que materializa una de las grandes virtudes de este artista de la raqueta: su longevidad histórica. Ha acumulado 18 presencias consecutivas, que constituyen una parte importante de los 73 Grand Slams en los que ha estado presente (72 de forma consecutiva), sin perderse ni uno solo entre medias. Desde que pisara por primera vez el All England Lawn Tennis Club en 2002, debutando ante Konstantinos Economidis, el español siempre transmitió la sensación de ser capaz de todo.

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"Si entrenara a Feliciano lo haría campeón de Wimbledon en dos años", llegó a decir Ion Tiriac en unas declaraciones producidas en 2003, que aún hoy colean. Lo cierto es que su condición de zurdo, un saque apoteósico y esa habilidad infinita para jugar a media pista y desbordar a los rivales con un tenis preciosista y elegante, convirtieron a Feli en el eterno aspirante. Quizá en otra época, en la que la hierba era hierba de verdad y la pelota apenas levantaba unos dedos del suelo, López habría hecho valer la predicción de Tiriac y de muchos otros que siempre le vieron candidato a la gloria. Pero hay jugadores especiales que no deben ser medidos tanto por los resultados como por lo que han aportado al tenis.

Muchos recordarán su batalla épica ante Guillermo Cañas en 2002, su interesante duelo en octavos de final frente a Roger Federer o las tres ocasiones en que accedió a los cuartos de final. Lo hizo en 2005, tras salir indemne de una trampa en primera ronda ante Bjorn Phau y ganar luego a Marat Safin y Mario Ancic para perder frente a Lleyton Hewitt; también consiguió llegar a la antepenúltima ronda en 2008, venciendo 8-6 en la quinta manga a Marcos Baghdatis en un encuentro con el que se ganó el corazón de todo Londres, y perdió luego contra Marat Safin. Y se dio otra oportunidad en 2011, luchando como un jabato ante Lukasz Kubot en octavos después de hacer vibrar a la Central Court con un triunfo memorable ante Andy Roddick.

Fue ese el año de los piropos de Juddy Murray y el apodo aún perdurable de Deliciano, que el toledano encajó con un equilibrio perfecto entre galantería y discreción. Feliciano no es lo que muchos ven. Es probable que el público no haya entendido nunca que en el deporte no todos pueden ser extraterrestres competitivos, pero que la grandeza del mismo se nutre de personalidades únicas como la suya. Su indudable belleza y porte de conquistador esconden a un tipo reflexivo, que se cuida al máximo y que ha sabido encontrar el equilibrio entre el disfrute de la vida, la profesionalidad y el respeto reverencial por el deporte que ama.

También hay derrotas dolorosas en su palmarés londinense. Fue duro perder con André Sa en su año de debut, como también lo fue perder con dos croatas que cortaron una trayectoria interesante en dos ediciones: Ivo Karlovic, en 2004, e Ivan Ljubicic, con un 9-11 en la quinta manga de un partido de primera ronda en Wimbledon 2006. Jo-Wilfried Tsonga y Karol Beck sorpendieron al toledano en años venideros, como también lo hicieron Jurgen Melzer, Jarko Nieminen y Nikoloz Basilasvhili. El ser humano tiene estas cosas; puede perder partidos que la mayoría piensa que deberian ganar.

Más comprensible fue caer ante Andy Murray en la ya mencionada edición de 2011, frente a un inspirado Tommy Haas en 2013 o con un Stan Wawrinka que en su duelo de octavos de final de Wimbledon 2014 jugó a un nivel que pocas veces se le vio en hierba. Nick Kyrgios y Juan Martín Del Potro fueron sus últimos verdugos, además de Adrian Mannarino, por retirada, en una edición de 2017 a la que Feli llegaba pletórico tras haber ganado Queen´s y ser finalista en Stuttgart.

El Covid-19 nos ha privado de ver una vez más a "El Torero", como algunos le llaman ahora, lidiando sobre el tapete británico, pero en 2021 la faena continuará. Lleva 72 torneos de Grand Slams disputados a su espalda y tiene ganas de más. Quizá ya nadie le vea como un candidato a ganar en Wimbledon, es probable que la dictadura del Big 4 haya diluido en la memoria de muchos, aquellas atrevida frase de Ion Tiriac y, a buen seguro, el toledano no necesita el título para dar sentido a su carrera, pero ya ha demostrado que es capaz de cosas inesperadas. Su título en Queen´s 2019 así lo atestigua. Disfrutemos mientras podamos de un jugador memorable. Feliciano López volverá a competir en Wimbledon y eso es motivo más que suficiente para ir descontando días en el calendario hasta el próximo año.

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