Borg Vs McEnroe: La final que cambió la historia del tenis

Londres, Wimbledon, año 1980. Björn Borg y John McEnroe protagonizan un duelo increíble en una de las mejores finales de este deporte.

John McEnroe y Björn Borg, minutos antes de su final en Wimbledon 1980. Foto: SI
John McEnroe y Björn Borg, minutos antes de su final en Wimbledon 1980. Foto: SI

6 de julio de 1980, cualquier hora de la mañana, Londres.

En medio del aeropuerto, dos tipos se reconocen entre el gentío. Se acercan, se dan la mano y hablan. Las personas pasan por su lado sin percatarse que el día antes, esos dos hombres habían sido el centro de atención de todo el mundo y que pasarían a la historia por protagonizar uno de los mejores partidos de tenis de toda la historia. Ellos son Björn Borg y John McEnroe. Tras una breve charla, se abrazan y se despiden. Lo que pasó en aquella final de Wimbledon les acabaría uniendo para siempre.

Aquel sábado 5 de julio, el sol brillaba valiente en el cielo de la capital de Inglaterra. Él tampoco quería perderse el partido del momento. En el aire se respiraba algo especial. Durante las dos semanas de torneo, todos esperaban que Borg y McEnroe se encontraran en esa final. Eran los dos mejores tenistas del mundo y había muchísimo en juego. Por un lado, el sueco buscaba ser el primer jugador en ganar cinco títulos en Wimbledon, mientras que el norteamericano buscaba derrocar al gran dominador del circuito masculino y líder mundial.

McEnroe ya era un tipo especial por aquel entonces. Venía de ganar el US Open el año anterior y la fama que se ganó en su país se expandió a todo el mundo. La prensa quería enfrentarlos y todos rezaban para que nadie entorpeciera su camino a la final y pudieran encontrarse en el duelo por el título. Borg solo perdió dos sets en todo el torneo (a pesar de sufrir una pequeña lesión abdominal en la primera semana) mientras que McEnroe se vio contra las cuerdas en segunda ronda ante Rocavert, que se puso dos sets a uno arriba. Tras remontarle al australiano, McEnroe se centró para superar a todos (incluido Connors en semifinales) y citarse con el sueco el último día de competición.

Ambos marcaron un punto de inflexión en el devenir de la historia del tenis con su rivalidad. No solo por su calidad, sino por su imagen. Borg, de melena rubia y cinta en el pelo, se mostraba frío como un témpano sobre la pista. Conocido como 'Iceman', no mostraba ni un solo sentimiento dentro de la pista. Le fuera bien o mal, su cara nunca torcía el gesto. Nadie podía imaginar qué le pasaba por la cabeza al sueco en ningún momento del partido. Por su parte, John parecía una estrella de rock, más que un tenista. No se había visto nada parecido hasta entonces.

Con esa cara de niño travieso, McEnroe no solo recibió de buen agrado el título de 'Bad boy' del tenis sino que lo quiso llevar al extremo. El norteamericano entró en el tenis como un elefante en una cacharrería. En un deporte limpio, pulcro, educado y caballero, John llegó para revolucionarlo por completo. Sus salidas de tonos eran habituales y la gente se agolpaba en la grada con el morbo de ver cómo explotaba frente al árbitro o contra sí mismo, expulsando palabras malsonantes de su boca.

Era complicado encontrar dos rivales tan perfectos como ellos. La sangre fría nórdica de uno y la llama neoyorkina de otro; el calculador y metódico contra el rebelde; el hombre del juego de fondo contra el del juego agresivo en la red. No decepcionaron. El partido fue una obra maestra. Para verlo de principio a fin y disfrutarlo cada punto. "Aquel partido fue uno de los pocos que jugué en los que sentí que había algo increíble en juego. Se respiraba una energía única, especial", decía McEnroe, hace un par de años, recordando aquella final. No fue para menos.

El partido comenzó con John McEnroe saliendo a morder desde el minuto 1. Estaba pasando por encima del sueco, casi literalmente. Borg apenas veía el hueco por el que hacer daño al estadounidense, que no dejó de subir a la red y ahogar a su rival. En un abrir y cerrar de ojos, se apuntó la primera manga por 6-1 y comenzó así con ventaja. Borg tiró de fortaleza mental para poner en aprietos a un McEnroe que poco a poco fue perdiendo el temple y los nervios, viendo cómo el sueco iba recortándole camino en el marcador.

Los dos siguientes sets fueron para Björn. Muchos pensaron que ya todo estaba hecho, pero pocos esperaban lo que iba a pasar en ese cuarto set. Aún a día de hoy, lo sucedido en aquella cuarta manga sigue recordándose como una de las mejores batallas que se han podido ver sobre una pista de tenis. Con ambos jugadores llegando al tiebreak, en aquel desempate pudimos ver 34 puntos de absoluto deleite tenístico, caviar para todo aficionado, no solo al tenis, sino al deporte en general.

Allí donde las palabras quizá no alcancen, nada mejor que disfrutar del tiebreak en su totalidad. 22 minutos de historia de este deporte. Una obra maestra.

Cuentan que la reventa en aquella época superó las 200 libras (hoy, sería diez veces más). Dinero bien invertido, sin duda. El norteamericano salvó cinco match points en contra para llevar el encuentro a una quinta manga eléctrica en una Catedral que vibró a cada punto. McEnroe fue abucheado a su entrada a pista, al inicio del encuentro. Tras lo que hizo en ese desempate, se ganó el respeto de la grada y convirtió esos abucheos en vítores.

Iceborg no se amedrentó y a pesar de la oportunidad perdida, siguió luchando y controlando los empujes de McEnroe. Hasta tal punto estuvo concentrado el sueco, que solo perdió tres puntos con su saque en este quinto set. Una auténtica locura. Con los dos defendiendo sus juegos al servicio hasta el 7-6, fue Borg quien logró romper el saque de John con un passing cruzado que quedó grabado para la historia. Fue entonces cuando la cáscara del tenista de Estocolmo, se rompió.

Por fuera, Björn era conocido como el hombre de hielo pero todos sabían que ese escudo lo que hacía era contener todo un volcán de sentimientos, de miedos, de inseguridades, de presión. Maniático al extremo, Borg dormía con el aire acondicionado al máximo ya que eso le hacía controlar sus pulsaciones y que fueran más bajas de lo normal durante toda la noche. Vestía siempre la misma ropa. Alquilaba el mismo Hotel, el mismo taxi, usaba siempre la misma ducha. Se sentaba en la misma silla de la pista y llevaba siempre dos toallas. Junto a su entrenador, encordaba a la perfección 50 raquetas, cuyas cuerdas pisaba la noche antes del partido y elegía las que mejor sensación le daban.

Toda esa contención, se liberó. Borg abrió las puertas del dique y dejó salir todo tras apuntarse el último punto de esa final. Hincó las rodillas en el verde, cerró los puños y levantó los brazos en señal de victoria. Gritando al aire, en cada bocanada de aire que salía expulsada de su boca, liberaba un poco de aquello que durante tanto tiempo tenía guardado dentro. Lo había conseguido.

Volviendo al aeropuerto, aquel último abrazo de despedida marcaría un antes y un después en su relación. Uno ganó, el otro perdió, pero ambos crearon una amistad para toda la vida. John terminó siendo el padrino de boda de Björn Borg y muchos años después, convenció al sueco de no vender sus títulos, entre ellos el de aquel Wimbledon 1980, cuando Björn se encontraba con problemas económicos. Curiosamente, un año después, se repitió la misma final, esta vez, con distinto resultado. McEnroe derrotaría a Borg, que a finales de ese 1981 decidió retirarse del tenis con solo 26 años y 11 títulos de Grand Slam.

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