Zina Garrison, la finalista de Wimbledon sin contratos con ninguna marca

La exnúmero cuatro del mundo firmó con su primera marca de ropa la noche antes de su final en Wimbledon 1990. "Durante cinco años no tuve ningún contrato"

Zina Garrison, con el trofeo de subcampeona de Wimbledon. Fuente: Getty
Zina Garrison, con el trofeo de subcampeona de Wimbledon. Fuente: Getty

Zina Garrison es uno de esos nombres a veces olvidados cuya importancia trasciende la esfera tenística. En 1990, esta jugadora estadounidense alcanzó la final de Wimbledon tras dejar en la cuneta a Monica Seles y Steffi Graf. Fue, para ella, una edición de récords, récords que estableció y otros que rompió, dentro de una carrera en la que siguió los pasos de Althea Gibson y se convirtió en la segunda jugadora afroamericana en competir en una final de Grand Slam. Eso sí: no todo fue un camino de rosas.

Zina formaba parte de ese grupo de tenistas americanas que despuntan desde una edad muy temprana. De hecho, se saltó la graduación de su instituto para disputar su primer torneo profesional, ni más ni menos que Roland Garros. Ese salto al estrellato tan repentino se vio interrumpido por una de las peores noticias que una persona puede recibir: la muerte de su madre cuando ella solo tenía 19 años. Desde aquel momento hasta cumplir 28 años, Garrison sufriría de bulimia a causa del trauma que supuso la pérdida de su progenitora. Su tenis empezaba a florecer, pero su mente sufría.

"Nunca me había sentido del todo bien con mi aspecto y sentí que había perdido a la única persona que me quería incondicionalmente", declararía años después de su retirada. "La presión que suponía que me llamasen "la próxima Althea Gibson" lo empeoró todo. Parecía que nunca se me iba a dar el derecho a convertirme en yo misma". Sin embargo, como decimos, Garrison empezó a ganar torneos, a dejarse llevar en la pista y construir una reputada trayectoria a pesar de sus trastornos alimenticios. "No sé cómo lo hice. Miro atrás en el tiempo y sigo sin tener idea. También miro atrás y pienso en algunos partidos que podría haber ganado y en los que no tuve energía para ganar", declaró a The Guardian recientemente.

Zina aún admite que vive con episodios de deshidratación, que debe ser cuidadosa. A lo largo de los 80, se enfrentó a algunas de las mejores raquetas de la historia. Su punto más álgido llegaría en un torneo que le haría mirarlas de tú a tú. Estaba bien metida entre las diez mejores del mundo, había sido medallista olímpica... pero Wimbledon le tenía reservado un lugar entre las mejores. Aunque, quién diría que eso pasaría a tenor de los pensamientos de Garrison justo la semana anterior.

"A veces los tenistas tenemos momentos en los que no podemos pasar la bola por encima de la red, no nos sale nada y estamos totalmente fuera mentalmente. Tuve una de esas semanas en las que pensaba: "si lo dejo mañana, me parecerá bien", rememora sobre la semana previa a la edición de 1990. En cuartos de final, Garrison derrotó a Monica Seles, 9-7 en el tercer set tras salvar bola de partido. Seles venía de ganar Roland Garros y acumulaba una racha de 32 victorias consecutivas.

En semifinales, el más difícil todavía también se hizo posible: 6-3, 3-6 y 6-4 ante Steffi Graf. ¿El récord de la alemana de 13 finales de Grand Slam consecutivas? Más que derribado. Mientras tanto, Garrison se convertía en la primera y, finalmente, única jugadora en derrotar a Seles y Graf en el mismo torneo de Grand Slam de forma consecutiva. Como decía antes, récords que se rompen y otros que se crean.

De cara a la final, la afroamericana recibía una llamada de Reebok la noche antes de su partido. Llevaba jugando Wimbledon con ropa de Nike prestada por Martina Navratilova... su oponente en el último duelo. Zina firmó su primer contrato con una marca deportiva justo antes del día más importante de su vida. En la final, Martina le pasó por encima (6-4, 6-1) pero Garrison habría conseguido una de sus mayores victorias. Una victoria que, eso sí, reflejaba una marca discriminatoria que había aprendido a soportar durante toda la década de los 80.

"Durante cinco años, incluso cuando llegué al número cuatro del mundo, no tenía ningún contrato. Sabía perfectamente qué pasaba, siempre se me decía: "si llegas a 'x' ranking lo conseguirás, siempre si llegas a una determinada ronda, ¿sabes? Tenías a chicas blancas detrás de mí, haciendo mucho más dinero cuando su ranking o su consistencia eran inexistentes". Los agentes deportivos consideraban que Garrison no tenía ese 'factor x' que la hiciese una figura del marketing. Ni tan siquiera para firmar por una marca de ropa.

El otro gran episodio de racismo con el que Zina se ha topado se dio mucho después de finalizar su carrera como tenista. Llegó con ella a los mandos del equipo estadounidense de Fed Cup, allá por el año 2009. Garrison demandó a la USTA por discriminación racial tras darse cuenta de que le estaban pagando un salario mucho menor al del capitán del equipo de Copa Davis, Patrick McEnroe.

"Me decían en aquel momento que eso no pasaba. Nadie me apoyaba. La gente, detrás de las cámaras, me contaba historias, pero no había nadie que de verdad diese la cara. Solo había dos personas, en aquel momento, que estaban dispuestas a declarar: Billie Jean King y Venus Williams. Fue duro para mí, pero en resumidas cuentas no estaba loca. Las cosas han mejorado, pero a veces la gente tiene una idea equivocada gracias a que hay un par de jugadoras negras en la cima. Te dicen que "no es para tanto, mira a Venus y a Serena". Solo porque haya un par de grandes jugadoras no significa que los problemas se hayan resuelto".

En la actualidad, Zina es la dueña de una academia de tenis en Houston, a través de la cual ofrece ayuda a minorías étnicas y jugadores jóvenes en dar sus primeros pasos en este deporte. Como conclusión, podría decirse que Zina Garrison es una de las pioneras del tenis femenino afroamericano, dueña de una final en Wimbledon, victorias ante todas las grandes de su época y una historia atrás que te deja boquiabierto. No está mal para alguien que no tenía ese 'factor x'.

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