Diez años del partido del siglo

Hoy, 22 de junio, se cumple una década del Isner-Mahut en primera ronda de Wimbledon. Un partido que duró más de once horas y que terminó dos días después.

John Isner y Nicolas Mahut. Fuente: Getty
John Isner y Nicolas Mahut. Fuente: Getty

Eran las 16:45 del jueves 24 de junio cuando un revés paralelo de Isner entró directamente en la historia del tenis. Era el golpe que ponía fin a un partido de once horas y cinco minutos. Un duelo de primera ronda en Wimbledon que se prolongó durante tres jornadas y que terminó con un marcador que jamás olvidaremos: 70-68. Jamás volveremos a ver nada igual, aunque siempre podremos preguntar a John Isner y Nicolas Mahut por lo que sintieron. En esta ocasión, es el francés quien recuerda en France Info las consecuencias de aquel encuentro legendario.

- Recuerdos del partido

“Todavía lo tengo muy fresco en mi memoria, recuerdo todo lo que sucedió, y eso que han ocurrido muchas cosas en mi vida desde aquel día. Después del partido, sentí que el final de mi carrera podría llegar en cualquier momento. Hoy estoy muy agradecido de haberlo jugado, siento incluso orgullo. Tengo un semblante diferente al de hace diez años, en aquel instante solo podía sentir frustración”.

- Repercusión posterior

“Era muy extraño porque hubo mucha gente que me felicitó, un locura que nunca llegué a asimilar, eso hizo que aumentara todavía más la angustia que sentía. Me costaba entender lo que estaba pasando, pero luego comprendí que ese partido iba más allá de una victoria o una derrota. A día de hoy, mucha gente todavía se pregunta si lo gané, no recuerdan el marcador pero todo lo demás sí. Ver mi nombre junto al de John en esa Pista18 es un honor. Supe que sería muy complicado ganar Wimbledon algún día, así que estar relacionado con el torneo de alguna forma es realmente una alegría”.

- Más de once horas de batalla

“No sé cómo lo hice, aunque creo que podría haber continuado un poco más. Hubo una combinación de circunstancias que lo hicieron posible, ambos conectamos con el mismo estado de ánimo, los dos estábamos preparados para llegar muy lejos, para llegar al límite de nuestro juego. No era una final de Grand Slam, era una primera ronda, pero los dos nos comprometimos al máximo”.

- Respuesta del público

“Era una pista un poco aislada, pero sí empecé a sentir poco a poco el voltaje y la electricidad en las gradas de la gente que estaba allí. Fueron llegando pequeños destellos por momentos. Inmediatamente intenté alejarme de todo esto para no perder concentración, pero dentro de mí sabía que estábamos viviendo algo increíble”.

- Después de la tormenta…

“En el momento en el que entré al vestuario casi me vuelvo loco. Empecé a preguntarme qué había pasado, si es que había jugado mal, por qué no fui capaz de ganar. Pasaron como 30 minutos dentro del vestuario en los que no recordaba nada del partido, ni siquiera la ceremonia con la entrega de placas. Hoy todavía me cuesta recordar el momento en el que hablé al micrófono al lado de Tim Henman. Fueron momentos bastante difíciles, me costó recuperar los cinco sentidos”.

- ¿Algún momento favorito?

“Es una pregunta muy difícil porque todo el partido se fue construyendo poco a poco, fue in crescendo. El primer día fue todo muy clásico, como suele ser una primera ronda de Grand Slam, con un descanso por la noche con dos sets por cada lado. El segundo día fue para el más destacado, llegando a jugar más de seis horas seguidas, con todo lo que eso conlleva, un desajuste de horarios y toda la prensa siguiéndote. Yo me ponía la toalla en la cabeza para quedarme encerrado en mi burbuja y no ver toda la agitación de mi alrededor. Ya en el tercer día, el momento de la ovación final es algo que jamás olvidaré, se me quedó grabado. El punto de partido tampoco lo olvidaré”.

- Trofeos conmemorativos para ambos participantes

“Fue un gesto que realmente aprecié mucho por parte de la organización. Durante mucho tiempo ese fue el único trofeo que tuve en casa, ya que mi padre se quedó todas las copas que gané de pequeño. Pero este trofeo quería conservarlo de verdad, era como un símbolo. También quería que mi hijo, que nació un año después, creciera viéndolo cada día, para poder explicarle más tarde lo que significaba. Representa muchos valores, más allá de la importancia del partido en sí. Luego cuando gané con Herbert los dos Grand Slams y la Copa Davis, de alguna manera quise asociarlo todo. Durante toda mi vida había trabajado para alcanzar éxito así, y ese partido fue el principio de todo”.

- Relación con John Isner

“Somos amigos. Mi nivel de inglés impide que hablemos a diario, pero sí nos comunicamos de vez en cuando, lo empecé a conocer después de este partido. Justo después del punto de partido descubrí lo elegante que era, eso me hizo querer conocerlo más, por eso hoy guardamos una relación cercana. Lo curioso es que nunca volvimos a hablar de ese partido, quizá por modestia suya, ya que me vio muy angustiado en aquel momento. Seguro que llega el día donde los dos podamos sentarnos y hablar tranquilamente sobre cómo vivimos todo aquello”.

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