Un sueño hecho realidad

Garbiñe Muguruza recuerda lo que sintió al ganar Roland Garros hace cuatro temporadas. "Me llevó tiempo asimilar un éxito así".

Garbiñe Muguruza, campeona en Roland Garros. Fuente: Getty
Garbiñe Muguruza, campeona en Roland Garros. Fuente: Getty

No negaremos que se nota bastante la ausencia de Roland Garros durante estas fechas en las que se debería estar celebrando el evento, pero desde la organización han sabido cómo mantenernos entretenidos con numerosos reportajes y entrevistas con algunos de los protagonistas más importantes de estos últimos años. En una charla con Daniela Hantuchova que podéis disfrutar en Youtube, Garbiñe Muguruza hizo memoria para recordar su primer éxito a nivel de Grand Slam, su título en París en el año 2016 ante la todopoderosa Serena Williams.

“El torneo de Roland Garros, para alguien que se ha criado y ha crecido en España, donde normalmente se juega en tierra batida, es como un sueño”, afirma la ex número 1 mundial. “Todos los tenistas españoles quieren ganarlo y muchos entrenadores, cuando estás con ellos en pista, te dicen: ‘Imagina que este punto que vamos a jugar fuera el punto de partido para ganar Roland Garros’. Este mensaje se te queda grabado en la cabeza desde que eres una niña. Siempre soñé con ganar algo así, sentía que cada año mejoraba mi tenis, que era mejor jugadora, así fue como empecé a pisar los cuartos de final, semifinales y de repente la final. Para mí, aquella fue mi mejor final de siempre, además contra Serena. Fue un partido increíble, me fue realmente bien, un sueño hecho realidad”, recuerda con cariño.

Todos vimos a Muguruza conquistar París con 22 años pero, ¿qué pasó inmediatamente en las horas siguientes? “Después de aquel partido tuve muchos compromisos con los medios de comunicación, había muchas cosas que hacer. Después de dos semanas compitiendo y gastando tanta energía me vi que estaba vacía, no me quedaban fuerzas. Todo ese estrés, esos nervios y ese cansancio físico son factores que aprendí a controlar, pero recuerdo que no tenía fuerzas ni para comer. Estaba comiendo en el restaurante como si fuera un zombie, estaba muerta, fuera de todo. La gente piensa que después de algo así lo normal es irte de fiesta o algo así para celebrarlo, pero ni mucho menos. Más adelante sí, pero en ese momento imposible”, asegura la mujer que al año siguiente firmaría la misma hazaña en Wimbledon.

Garbiñe continúa explicando en la entrevista cómo fueron las semanas siguientes a su triunfo en Roland Garros. “Lo primero que hice fue estar con mi familia, hicimos una buena barbacoa y pasamos un rato muy agradable, pero aquella tranquilidad no duró mucho. Rápidamente regresé a las pistas de entrenamiento, no quería dejarme demasiado ya que las sensaciones en el tenis vienen y van muy rápido. Obviamente tenía que celebrar algo así, pero las emociones después de todo aquello fuera extrañas, me llevó un tiempo asimilar ese éxito, incluso cuando volví a competir en los torneos seguía pensando: ‘Vaya, soy campeona de Grand Slam’. Es una sensación que te lleva semanas aceptar, darte cuenta que es real, que de verdad sucedió”, explica la hispano-venezolana.

“Ya nada volvió a ser lo mismo, aparte de que yo también fui evolucionando y mejorando como jugadora. Una victoria te da la confianza necesaria para pensar que puedes hacerlo, que puedes hacerlo de nuevo, más de una vez. Digamos que era como una prueba, básicamente. Aunque una siempre piensa que puede alcanzar grandes éxitos, hasta que no lo haces no llegas a estar del todo segura. El día que lo consigues te das cuenta de lo que eres capaz”, señala la vigente subcampeona del Open de Australia.

Ahora el tenis ha pasado a un segundo plano pero Garbiñe no se olvida de Roland Garros y lo especial que hubieran sido estos quince días. “Lo que más echo de menos es comer croissants en los vestuarios. Es un error tener esto ahí, deberían modificarlo (risas)”, afirma entre risas. “Obviamente, echo de menos entrar en la Centre Court, me encanta esa pista. Me trae muy buenos recuerdos, salir y encontrarme con ese público que siempre te acoge con mucho ánimo y que, al mismo tiempo, te prepara para la guerra que se viene. Salir a un gran escenario y ver a la gente esperándote para formar parte del espectáculo es una de las cosas que más amo de este deporte. Es de las cosas que más echo de menos, sinceramente”.

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