"Estaba triste todo el tiempo, no era ella en la pista"

El padre de la australiana Ashleigh Barty relata los momentos más complicados de su hija antes de dejar el tenis por el cricket en 2014.

Ash Barty, junto a sus padres. Foto: WTA
Ash Barty, junto a sus padres. Foto: WTA

La historia de Ashleigh Barty es especialmente particular entre las muchas historias personales que nutren el mundo del deporte. Una en la que se llega a abandonar la práctica y fidelidad hacia el tenis por otro deporte diferente para terminar volviendo y pasar a ser la mejor del mundo. Es fácil de recordar pero cuando el padre de la protagonista pone en palabras la situación, todo cobra sentido y se conoce la profundidad de la decisión tomada.

Porque hasta llegar al punto de dejar el tenis y pasarse al cricket no se pasa de puntillas o se modifica el deseo de jugar al tenis como quien cambia de videojuego. Ashleigh Barty lo pasó realmente mal dentro de una pista de tenis, y de ello fueron conscientes su gente de confianza, como ha relatado el padre de Ash en una conferencia reciente.

"Nos encantaba el tenis pero la felicidad de Ash era lo más importante"

Si no se acuerdan, Barty comentó que echaba de menos una vida mucho más "normal", alejada de tantísimo viaje, dejando evidencias de no querer perderse su juventud, una etapa condicionada por completo por la llegada al profesionalismo: viajes, competición, exigencia, muchas horas de trabajo y dedicación. "Está siendo todo demasiado rápido para mí, he viajado mucho desde muy joven. Quiero experimentar la vida como una adolescente normal y tener algunas experiencias normales”.

Rob, padre de Ash, comparte ahora el estado de ánimo de la número 1 del mundo semanas antes de tomar la decisión, en 2014, pasarse al cricket, deporte que comenzó a practicar y a competir después, en la etapa previa a su definitiva vuelta y éxito en el circuito WTA. Aunque pueda sonar contradictorio o contraproducente, seguramente ese proceso terminó despertando y dando forma a uno de los grandes talentos del tenis mundial.

Ash estaba triste todo el tiempo. Ella no era ella misma en la cancha. Le dije a mi esposa que debíamos asegurarnos de que Ashleigh fuera feliz porque su felicidad era más importante. ¿Nos decepcionó? Por supuesto que sí, porque nos encanta el tenis y nos enganchamos al tenis pero ver a Ash feliz, rodeada de sus hermanas y verla volver a divertirse fue mucho mejor que tenerla infeliz jugando al tenis”.

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