“Nuestra duda era si Marat aguantaría cinco sets con Agassi”

Los entrenadores de Marat Safin recuerdan el valor que tuvo su victoria ante el estadounidense en Roland Garros 1998, su primer Grand Slam como profesional.

Marat Safin en su primer Roland Garros. Fuente: Getty
Marat Safin en su primer Roland Garros. Fuente: Getty

La carrera de Marat Safin terminó en 2009 con unos números acordes a su leyenda. Dos títulos de Grand Slam, quince títulos ATP, dos Copas Davis, nueve semanas como número 1 del mundo y una década de funciones inolvidables donde fue capaz de vencer a los mejores. Estos son los números más insignes, los que siempre recordaremos; hoy hablaremos justo del vértice contrario, del origen y punto de partida de aquella trayectoria. Nos vamos a Roland Garros 1998, donde un joven rusito de 18 años, tras superar la fase previa, se cita con André Agassi en primera ronda. Aquella significaba su primera participación en un torneo de Grand Slam, el torneo que le iba a marcar de por vida.

Un viaje de 22 años al pasado es demasiado arriesgado para hacerlo en solitario, así que hemos invitado a los entrenadores de Marat por aquel entonces para que nos acompañen. “Yo estuve en el cuadro final junto a Rafa Mensua, pero en la fase previa ninguno de los dos pudimos estar”, recuerda Pancho Alvariño, uno de los directores de la mítica TenisVal. “Así que Marat tuvo que viajar con mi sobrino, que también daba clases en la escuela de iniciación de Peñasol. Él ya jugaba muy bien, tenía un buen ranking, sabíamos que era capaz de todo pero no imaginamos que conseguiría aquel resultado en este torneo. Cuando superó la fase previa, tanto Rafa como yo acudimos a París”, recuerda con cariño.

Safin, que por aquel entonces era el 116º del ranking mundial, superó la Qualy batiendo a Davide Scala, Christian Ruud y Francisco Cabello. Una vez sacó su billete para el main draw, el sorteo le regaló un desafío de altura: André Agassi. “Siempre consideramos que Marat podría jugar bien sobre tierra batida, desde el momento en el que nos lo trajeron a la Academia. Todavía recuerdo la llamada de María José Pascual desde Inglaterra: ‘Pancho, tenemos un jugador ruso de 13 años con un solo sponsor, queremos saber si merece la pena invertir en él’. En ese momento le hicimos las pruebas y descubrimos el potencial que tenía, las ganas de ganar que tenía, era un ganador. A veces se han comentado muchas cosas sobre él, sobre su imagen, pero aquí trabajó siempre como un animal. El talento sin trabajo no existe, siempre se lo dijimos”, añade Pancho.

Fue en Valencia donde se colocaron las bases de lo que Marat Safin terminaría siendo en su carrera, un referente de 1’93m de altura capaz de brillar en todas las superficies y poseedor de una movilidad desde la línea de fondo que costaba comprender. “Los médicos, cuando estudiaron su caso, nos avisaron de una cosa: ‘Cuidado con este chaval porque va a ser muy alto, tenéis que trabajar muy duro el físico, conceptos como la coordinación o la velocidad’. Y así fue. Ese partido fue un reflejo de lo que vendría después, de todo ese desparpajo, aunque él ya se veía ganando a cualquiera por aquel entonces. Fue una victoria que le marcó, hizo un grandísimo torneo y, además, demostró que no solo era un jugador peligroso en pista rápida, en tierra también podía competir”, destaca Alvariño, quien más tarde entrenaría a su hermana Safina. “Nosotros le enseñamos ese sistema español de más paciencia, a elaborar el punto, lo cual sumado a su talento terminó por diseñar un jugador muy completo”.

Pero no perdamos el foco del encuentro. Por un lado estaba Marat, con 18 años, fuera del top100 y dispuesto a debutar en un Grand Slam. En la otra esquina, Agassi, diez años mayor, ex número 1 del mundo, con tres majors en la maleta e inmerso en una temporada claramente de ascenso, recuperando sus mejores sensaciones. El estadounidense perseguía el sueño de completar el cuadrado mágico de los Grand Slams, solo le faltaba conquistar París, donde jamás había sido derrotado en primera ronda. La Suzanne Lenglen disfrutaría de un duelo de 3h12min donde ambos se exprimieron desde la línea de fondo, siendo el ruso el flamante ganador tras un quinto set donde no hubo color (5-7, 7-5, 6-2, 3-6, 6-2).

“Tras esa victoria nos acordamos mucho de Miguel Maeso y José Enrique Gayà, sus primeros preparadores físicos. Fue una locura lo que corrió en ese partido, Agassi lo llevaba de lado a lado. Nuestra duda nunca fue en cuanto a tenis, talento le sobraba, nuestra duda estaba en si Marat iba a poder aguantar los cinco sets con un Agassi que te movía de un lado a otro. Al final aguantó como un campeón, igual que en los dos siguientes partidos, hasta que perdió con Cédric Pioline en octavos de final, también en cinco sets”, confiesa Alvariño.

A Safin le cambió la vida aquel triunfo, pero su camino no se detuvo ahí. En la siguiente ronda le esperaba el vigente campeón, Gustavo Kuerten, quien cedería ante el moscovita en otra maratón. En tercera ronda sería Daniel Vacek quien sucumbiría ante el poderoso diestro. Era su primer Grand Slam y su nombre lucía entre los 16 mejores, prueba definitiva de la proyección imparable que escondía. “De repente, desperté una atención mediática para la que no estaba preparado y ante la que no me sentía nada cómodo. Yo tenía 18 años y era un chaval tímido. Me agobié bastante y lo pagué cayendo eliminado en primera ronda en siete de los siguiente ocho torneos que disputé”, valoró el propio Marat en una entrevista meses después. “Afortunadamente, tuve a mi lado a personas como Rafa Mensua que me ayudaron a mantenerme lo más centrado posible. Pero era muy difícil, estaba en una edad aún muy inmadura y lo llegué a pasar realmente mal”.

Rafa Mensua, él fue una de esas personas claves que guiaron a Marat en sus primeros años en el circuito. Quien lo formó, orientó y maduró a lo largo de seis intensas temporadas. Él es quien debe poner el punto y final a este artículo, ya que nadie compartió más horas con nuestro protagonista que el valenciano. “Para él, ese partido supuso el principio de algo importante, el inicio de su carrera como profesional. Ver que podía ganar partidos de ese nivel le dio la confianza de saber que podía ganar muchos más. Digamos que ahí fue consciente de su potencial, pero sin dejar de trabajar cada día y luchar por cada punto. Marat esa temporada ganó a varios top10, de hecho, dos días después de ganar a Agassi, supera a Kuerten de nuevo en cinco sets. Aquella fue su explosión, no volvería a bajar de ranking hasta que en el 2000 se convierte en número 1 del mundo. De los 18 a los 21 pasó por una época de crecimiento brutal y todo fue gracias a ese torneo, a lo que sucedió en aquel Roland Garros”.

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