Pancho Campo, un viajero con alma de tenista

Descubrimos la historia de un hombre que se hizo grande con el tenis, que tocó el techo como organizador de eventos y que hoy lucha por salvar el medioambiente.

Pancho Campo, siempre positivo. Fuente: Pancho Campo Web
Pancho Campo, siempre positivo. Fuente: Pancho Campo Web

Cuando uno se enfrenta a una entrevista como la de Pancho Campo (Santiago de Chile, 1961) sabe que tiene que estar preparado para hablar sobre cualquier tema. En esta caso, el tenis será un capítulo indispensable del viaje, pero no dejará de ser eso, un capítulo. Desde pequeño soñó con ser jugador, hasta que la vida le mostró sus límites y le invitó a ser entrenador. Ese cambio de planes tomaría forma cuando con 26 años se planta en la Academia de Nick Bolletieri para formarse. El coach estadounidense decidió hacerle un hueco y, desde aquel momento, su vida jamás volvería a ser la misma. Viajes, encuentros, desafíos, inquietudes, eventos, lecciones, cientos de experiencias que le llevaron a convertirse en la persona que es actualmente. ¿Y qué es Pancho Campo a día de hoy? Es tantas cosas que lo mejor es que nos lo cuente él mismo.

¿Cómo te definirías?

Ex profesional del tenis, empresario, organizador de eventos y activista medioambiental. Estas cuatro cosas son las que me caracterizan.

Y casi médico.

Estudié la carrera de medicina pero nunca llegué a tener la licenciatura, no me colegié. Por eso no lo pongo (risas).

¿Cómo llega el tenis a tu vida?

Viviendo todavía en Chile, mi padre tenía mucha afición por el tenis y desde pequeño me intentó acercar a este deporte, pero no me llegó a gustar hasta los 12 años, cuando vi en directo una eliminatoria de Copa Davis entre Chile y Argentina. Guillermo Vilas se convirtió en mi ídolo máximo, quería ser como él, leí su libro y pasó a ser mi inspiración. Él decía que se levantaba a las 06:00 de la mañana para entrenar en el frontón antes de ir al colegio, así que yo lo hacía también. En esa etapa fue cuando empecé a jugar, pero todo se multiplicó cuando llegué a Barcelona.

España te acogió y te formó. ¿Qué recuerdas de esa etapa?

En el CT Barcino coincidí con una generación extraordinaria, salíamos todos juntos a disputar torneos por la Costa Brava y por España. Empezamos a jugar algunos Satélites, pero yo no lograba resultados, digamos que la cabeza no me funcionaba como al resto. En ese momento es cuando empiezo a dar clases para poder pagarme la carrera de medicina al mismo tiempo.

No debe ser fácil tirar la toalla tan joven.

A los 19, cuando entré a la carrera de medicina, entendí que comer del tenis iba a ser complicado, así que me dediqué a jugar solamente algún torneo Satélite durante el verano, pero ya me había decantado por dar clases. A los 21 años dejé de competir totalmente. En aquel momento no conocía las becas de Estados Unidos, donde tú puedes ir a estudiar y seguir jugando al mismo tiempo. De haberlo sabido, quizá hubiera entrado a otro tipo de universidad, lo hice por puro desconocimiento.

Pero cambiaste muy rápido el chip.

Ya que no fui un gran jugador, el objetivo era convertirme en el mejor entrenador posible. Me fui a Estados Unidos a formarme con Dennis Van der Meer y Nick Bolletieri, me busqué la vida para aprender de los mejores, muchas veces sin tener los medios. En aquel momento la Academia de Bolletieri era lo máximo y la verdad es que trabajar con él me abrió muchas puertas. Pude trabajar con Agassi, vi entrenar a Courier, Sampras, Seles, etc.

Allí cumpliste tu sueño, convertirte en entrenador.

Totalmente. Recuerdo con mucho cariño mi primer trabajo en el tour, fue con Tomàs Carbonell, Juan Carlos Baguena y Borja Uribe. El otro día hablaba con ellos en un Live por Instagram y me emocionó lo que me dijeron: ‘Tú nos convenciste de que podíamos hacer mejores resultados de los que nosotros nos creíamos capaces’. El año donde llegamos a cuartos de final en dobles de Roland Garros supuso un antes y un después. Fue clave el momento en el que Carbonell se unió a nosotros, trajo otro carisma, salíamos más en los medios, conseguimos más apoyo. Él había viajado con el Pato Álvarez y con Emilio Sánchez Vicario, sumó una perspectiva mucho más profesional a la nuestra.

Me interesa mucho tu aventura americana. ¿Cómo conseguiste llegar hasta Bolletieri?

Lo primero que hice fue plantarme en la Academia de Dennis van Der Meer para sacarme el título de entrenador. Luego estuve con Jim Loehr haciendo cursos, un pionero en la psicología deportiva. Un día se me ocurrió hacer un congreso internacional para profesionales del tenis, así que le pregunté a mi equipo: ¿Quién es el entrenador más prestigioso del mundo en este momento? No lo dudaron ni un segundo: ‘Un americano, Nick Bolletieri’. Me puse a buscar su número en revistas hasta que contacté con él. Hablé con su secretaria, le gustó mi historia y me pidió que se lo mandara todo por fax. Al cabo de diez días me contestaron, a Nick le había encantado, así que ahora era él quien quería hacerme una propuesta: viajar con Gabriel Jaramillo (director de la Academia) y con un chico que se llamaba Andre Agassi.

Qué barbaridad.

Me dijo que tenía un chaval que estaba despuntando, que tenía esperanzas de que fuera un grandísimo jugador, un top10 seguro, pero que estaba muy verde todavía. Yo no tenía ni idea de quién era Andre Agassi, estaba 190 del ranking por aquel entonces. Dos años después, con su pelo largo y sus tejanos, ya estaba en todos lados.

La historia de Bolletieri también es pura inspiración.

Nick fue un pionero. La primera Academia de deportes del mundo, con alojamiento y estudios, fue la suya. Han pasado ya casi 50 años de esto. Es curioso porque él empezó dando clases en un hotel, luego cogió una plantación de tomates y la convirtió en pistas de tenis con un dinero que le dejó el padre de uno de sus jugadores. También alquilaron un motel que estaba al lado. El secreto de este hombre es que tiene la gran capacidad de motivar mucho y muy bien a cada jugador. Te convencía de que eras mejor de lo que tú pensabas. Por otra parte, la Academia Bolletieri se convirtió en una mina de oro, ahí dentro había 400 chavales generando mucho dinero gracias al trabajo que IMG trazaba desde arriba en busca de talento. Monica Seles llegó con 13 años, Anna Kournikova llegó con 9 años, a todos estos niños los becaban junto a sus padres para que no estuviera lejos de la familia, si no el rendimiento bajaba.

¿Les pagaban a sus padres?

A Seles le dieron una beca con todos los gastos pagados, incluyendo un sueldo para su padre y para su hermano. A Kournikova igual. Esta era la manera que tenían de identificar y captar ese talento, les trataban muy bien, mientras tanto la máquina generaba dinero por otro lado: escuela de golf, escuela de tenis, escuela de idiomas, campamentos de verano, etc. Ese colchón les permitía becar a los mejores jugadores.

¿Cuál era tu función en la estructura?

A mí me convenció para ser su representante en Europa, su objetivo era abrir una Bolletieri en España. Así que me tiré al ruedo. Él me propuso reunir grupos de personas para ir en verano a Florida. Empecé confeccionando grupos de entrenadores españoles mediante el cual ellos iban una semana para allí con todo incluido. La gente se lo pasaba de maravilla y además aprendíamos un montón. Digamos que me encargaba de dar mini cursos del sistema Bolletieri por toda España, que a la vez me servía para promocionar el gran curso que se hacía dos veces al año en Estados Unidos.

¿Se puede decir que el éxito del tenis español le debe un pedacito al señor Nick?

Sin duda. Toda la gente que acudió a esos cursos ahora están súper colocados: Igor del Busto, David Serrahima, Oriol Vega, el padre de Jorge Mir, etc. Todos eran entrenadores consolidados en España que querían subir más todavía. A Nick le traje tres veces a nuestro país para dar congresos, así que sí, creo que pusimos nuestro granito de arena en ese boom del tenis español.

¿Por qué no podemos tener en España este tipo de Academias?

Las Academias de Estados Unidos tienen éxito porque dan becas. Punto. La mayoría de los padres van con sus hijos a las Academias porque, por muy mal que lo hagas, te va a servir para que te den una beca que puede ir desde un 25% hasta un 100% de cobertura. Las universidades americanas te permiten seguir compitiendo, te dan una beca y tú se lo ‘pagas’ compitiendo para ellos en nombre de su universidad. Mientras más arriba estés, más subvenciones del gobierno federal recibirá esa universidad. Eso aquí no lo tenemos, aquí el deporte universitario no existe.

Y aún así, tenemos varias Academias que son referentes mundialmente.

Yo soy muy amigo de Emilio Sánchez Vicario. De hecho, la Academia que él tiene en Barcelona, el 80% se lo diseñé yo en base a lo que yo había aprendido montando la Bolletieri en España, Italia y Dubai. Le hice un proyecto de 80 páginas explicándole los temas de finanzas, marketing, etc. Pero claro, al no tener becas, había que buscar otra fuente de ingresos, bodas bautizos y comuniones. Si no esto es imposible que funcione, la alta competición es ruinosa, no deja dinero. Si tú sacas un jugador bueno, aparecerá alguien que lo becará y se lo llevará. Por eso hay que tener fuentes de ingresos, para no preocuparse por el dinero en la alta competición. Si encuentras un chaval bueno e intentas cobrarle, lo pierdes

Con menos medios y millones que el resto de países, España lleva treinta años siendo potencia mundial. Esa es la gran pregunta.

Hay varias razones, aunque te daré mi opinión personal. Hubo una generación que reunió a grandes tenistas españoles, pero no lo suficiente buenos como para ser top10 o top20. Estos tíos, cuando se retiran, tenían una experiencia en el tour que no la tenían los demás entrenadores, así que empiezan a viajar con otros jugadores jóvenes. Esto, sumado a los congresos y simposios que se dieron, formaron un caldo de cultivo que originó todo lo que vino después. ¿Qué faltaba? Una gran figura. Ahí es donde empieza a salir Bruguera, Corretja o Costa. De todo esto se nutrieron las escuelas de tenis, subieron los números, estalló el boom.

Tiene mucho mérito.

En Estados Unidos ha pasado todo lo contrario. Cuando yo llegué allí por primera vez había 38 millones de licencias con gente federada que jugaba al tenis. Hoy en día no llegan a 20 millones. Es verdad que en España también estamos perdiendo gente, aun con el efecto de Nadal cada vez hay menos personas que jueguen a tenis. Debemos conseguir que la gente quiera ir a jugar al tenis simplemente por el amor de jugar al tenis, que las escuelas de fin de semana estén llenas de niños.

¿Cómo se consigue eso?

El problema es que hemos puesto el foco demasiado en la competición. Hemos pasado de no tener casi jugadores, a tener muchísimos top, todos ellos en competición. Lo que el sistema no entiende es que hay gente que no quiere competir. A mi hijo, por ejemplo, le gusta jugar al tenis porque se divierte. ¿Qué pasa? Le dijeron que así no iba a llegar a nada, que así no llegaría al top100. No entendían que él no buscaba eso, que el circuito profesional no le llamaba la atención. Al final se aburrió y lo acabó dejando.

Seguro que en Bolletieri pudiste presenciar muchos casos así. ¿Cómo se gestionan esos momentos de duda?

Agassi lo explica perfectamente en el su libro, Open. A él no le gustaba nada estar en Bolletieri, era bastante rebelde. Luego tienes niños que son muy de estar en casa y es normal, yo nunca he sido partidario de que un niño menor de 12 años esté en una Academia de tenis. A un niño, hasta los 14 años, les hace falta ese ambiente familiar, ese apoyo emocional. Si tú lo mandas a una Academia es normal que baje el rendimiento, a no ser que construyas un tipo tremendamente independiente. En mi época lo normal era jugar los Challenger con 16 años y el circuito ATP con 18; ahora la gente no entra a esa última etapa hasta los 23. Nos hemos dado cuenta que si alguien no está maduro emocionalmente, por muy bueno que seas, tarde o temprano vas a pagarlo. A Seles o Capriati las tiraron al circuito con 14 años, pero a esa edad una persona no puede estar preparada.

De Bolletieri se han escrito muchas cosas. ¿Es tan duro como parece?

Nick en el pasado fue militar, siempre le salía un poco esa vena, aunque luego con los años se fue suavizando. Obviamente, él reconoce haber cometido errores con niños muy pequeños, haberles puesto demasiada presión, o quizá no habérsela puesto. Mira, recuerdo un entrenamiento con Nick y Agassi, el último entrenamiento antes de viajar al torneo de Roma. Ese día a Andre no le salía nada, empezó a pegar gritos, se cargó una raqueta y dijo que pasaba de ir a Italia. El preparador físico junto a su hermano intentaron convencerle: ‘¡Te van a poner una multa, te van a sancionar!’ Aquello le importaba una mierda, él no quería ir. Todos pensamos que Nick debía hablar con él, pero le aguantó la rabieta. En lugar de decirle las cosas claras, fue demasiado blando.

¿Pero fue o no fue a Roma?

No fue, se salió con la suya. Nick le dijo que vale, que no irían a Roma. La ATP le puso una multa de 25.000 dólares y fuimos directos a Roland Garros.

El tenis es maravillosamente complicado cuando uno escucha estas historias.

El tenis es un deporte muy complejo psicológicamente, intervienen demasiados factores. Tú ves ahora a un jugador y ninguno tiene un fallo, todos tienen un pedazo de revés, de derecha y de servicio. En mi época había muchos perfiles que jugaban con revés cortado todo el rato, que solo sabían defenderse, que escondían ciertos golpes. Hoy son máquinas, la diferencia está en el coco. Tú viajas durante veinte semanas al año, comiendo en restaurantes diferentes, durmiendo en hoteles, compaginando distintas culturas, lejos de tu casa, y solo algunos privilegiados pueden permitirse viajar con la familia. Todo eso le añade estrés a un deporte que ya de por sí es muy estresante.

Ese estrés también lo viven los mejores. Volviendo a tu experiencia en Bolletieri, ¿es verdad que se peleaban por el cariño de Nick?

Nick tenía su propia sección, la cual estaba cerrada. Tú no podías entrar ahí, aquello era como Fort Knox, estaba todo tapado con cortavientos para que los fotógrafos no sacaran una sola imagen. Incluso había una barrera con un guardia. Todos los jugadores soñaban con llegar a la sección de Nick y quedarse allí el máximo tiempo posible, en la pista con Nick. Sí que había mucha rivalidad entre los chavales, pero era sana, les motivaba jugar mejor que el resto para poder compartir tiempo en pista con él, ese era el premio.

Privilegios.

Sí, allí dentro había muchos privilegios, allí estaban los mejores entrenadores, los ejercicios eran más intensos, allí se juntaba la crema y nata del lugar. También tenían diferente comida y mejores alojamientos.

¿En qué momento decides romper con todo esto?

En el año 2000 empiezo a organizar conciertos y ahí cometo el gran error de olvidarme un poco de tenis. Ganamos tanto dinero con Enrique Iglesias que esa adrenalina me cambió el foco por completo. Luego vino Sting, luego otro, luego otro… descuidé por completo mis ambiciones deportivas y me centré únicamente en los grandes eventos. Ahora me arrepiento, la verdad, el tenis siempre fue una cosa que me gustaba, se me daba bien, además el tenis nunca dejó de darme de comer. Con los eventos he ganado mucho dinero pero también me he dado buenas leches.

Nunca es tarde para volver…

Lo que más me gustaría ahora mismo es organizar algo con los entrenadores, esos viajes que hacíamos en su momento a Estados Unidos. En su día llevé a 50 españoles, 40 mexicanos, 40 argentinos y 30 brasileños. Imagínatelos a todos en una pista viendo una demostración donde el alumno era Andre Agassi, el entrenador era Nick Bolletieri y el que tiraba las bolas era Gabriel Jaramillo. Luego por la tarde, otra demostración con Monica Seles. Claro, el nivel de conocimientos que uno agarraba allí era brutal, me encantaba organizar ese tipo de eventos. Ahora mismo desconozco el pulso del sector, eso no significaba que no me vuelva a meter, pero antes tendría que hacer un pequeño estudio de mercado. Me encantaría, sin duda.

El tenis ha cambiado mucho estos últimos veinte años.

¡Desde luego! A mí lo que más me llama la atención es la cantidad de gente que ha dejado de jugar. En segundo lugar, me extraña que el tenis siga estando tan fragmentado, hay como siete organizaciones velando por los intereses de los jugadores. Y por último, es el único deporte profesional del mundo donde los atletas de élite pueden ser entrenados por gente amateur. Tú para ser entrenador del Real Madrid tienes que sacarte la licencia UEFA, la máxima que hay, da igual que te llames Zidane o te llames Paco. Pues en el tenis, cualquier padre de niño o cualquier tío espabilado se pone a viajar por el tour y es entrenador. Esto, que lo han permitido los propios jugadores, debería estar regulado.

De todas las personalidades que te has encontrado en este viaje, ¿cuál te marcó más?

El presidente Obama, es una persona que te marca cuando lo conoces. Tiene una presencia y un saber estar ejemplar, un tipo que mueve masas y que comunica muy bien. Le recuerdo llegando al evento que organizamos en Portugal con su caravana de seis coches, cuatro motos delante y cuatro motos detrás. ¡Siendo el ex presidente! Imagínate si fuera el presidente vigente. Además, luego tenía 700 personas velando por sus intereses, entre servicio secreto, grupo de ayudantes, enfermeros, primeros auxilios, policías, bomberos… así hasta 700. Esto de por sí ya te llama la atención, era otra Liga.

¿Cómo hiciste para llegar hasta él?

Fue algo paulatino. Los primeros famosos con los que trabajé fueron gente del tenis, luego estuve con Enrique Iglesias, Sting, Tom Jones, Pink Floyd, Jamiroquai, los Gypsy Kings, etc. De ahí me pasé a organizar conferencias y al primer dignatario internacional que tuve fue al vicepresidente Al Gore. Ahí es cuando aprendes a tratar con este tipo de gente, es otro protocolo. También estuve con Kofi Annan, así que cuando llegó el día de Obama ya tenía las nociones necesarias. Hay que tratarlos con el máximo respeto, pero sin olvidarte que son seres humanos como cualquier otro.

¿Alguna anécdota de aquel día?

Recuerdo a mi hija preguntándome continuamente: ‘¿De verdad voy a conocer a Obama? ¿De verdad?’ Yo le decía: 'Claro que sí, tanto tú, como tu hermano, como tu madre, todos vais a conocer al presidente Obama'. No se lo podía creer, pero yo tenía la licencia para que diez personas de mi grupo le conocieran y se sacaran una foto con él, así que decidí aprovecharlo con mi familia. Jamás olvidaré la cara de asombro que se le quedó a mi hija cuando le vio aparecer, la tenemos puesta en su habitación (risas).

¿Algún personaje que te haya sorprendido en las distancias cortas?

De todas las personalidades que yo he conocido, Andre Agassi está sin duda en mi top10. Le recuerdo como tipo que hablaba muchísimo, estaba siempre contando anécdotas, también tenía muy buen corazón. En aquella época estaba en conflicto porque no sabía qué hacer con el pelo, con los pantalones, siempre quería llamar la atención. Toda la gente que ha tenido este tipo de éxito es por algo, son personas que tienen algo especial, ya sea el carisma, su forma de comunicar o lo que sea. Tienen algo distinto a lo que tenemos tú o yo. Y cuando más grandes son, más sencillos.

Después de todo, apartarte del tenis te dio también momentos inolvidables.

Mi sueño siempre fue organizar algo con Pink Floyd y, por suerte, lo logré. Después de aquello estuvimos a punto de cerrar a los Rolling Stones, teníamos todo aprobado, faltaba poner la firma, pero justo en aquel momento empezó la Guerra del Golfo. Ahí se tuvo que cancelar todo y me tuve que volver a España. Toqué fondo.

Pero la vida todavía te tenía reservada una misión: activista medioambiental.

En estos momentos tenemos tres crisis muy gordas. La primera es la crisis sanitaria, donde no acabamos de encontrar el rumbo. La segunda es la crisis económica, que en España va a ser brutal. Por último, tenemos la crisis climática. Coincidiendo con el día mundial del medioambiente (5 de junio), se me ocurrió crear el primer foro virtual donde juntemos economía, sociedad y medioambiente. Es totalmente solidario, gratuito y sin ánimo de lucro. Empecé a llamar a contactos para que dieran una mini conferencia, exponiendo un mensaje claro, concreto, mostrando su positividad.

Cinco de junio, Marbella Futuro 2020. ¿Quiénes estarán?

Al primero que conseguí fue a Sergio Scariolo, luego Àlex Corretja, Feliciano López, Ferran Adrià… así hasta 58 conferenciantes de diferentes sectores de nuestra sociedad. Tenemos incluso a un premio nobel que, precisamente, ganó el premio por sus estudios del cambio climático. Luego tenemos a Carlos Latre que hará un pequeño show para amenizar y aportar una nota de humor, o al cantante de los Gypsy Kings, que tocará un par de canciones desde Miami. El evento dura desde las 10:00 hasta las 21:30, así que puedes conectarte cuando quieras. Solamente hay que inscribirse en la página web: acmarbella.es. El objetivo es aportar ideas a la gente.

La idea de salvar el medioambiente lleva ya muchos años sobre la mesa. ¿Por qué crees que no acaba de calar en la sociedad?

Porque está todo politizado. Fíjate con el coronavirus, la gente republicana en Estados Unidos o la gente de derechas en España quieren abrir los negocios lo antes posible porque saben que la economía mata casi a tanta gente como el virus. Luego tienes la visión la los demócratas, que prefieren cuidar la sanidad y no reactivar todavía la economía. Con el cambio climático pasa lo mismo: si tú eres de derechas no puedes creer en el cambio climático, eso es cosa de rojos. Pero se equivocan, es un problema que afecta a todos por igual, independientemente de razas, sexo o de si tienes dinero o no. Mientras siga estando politizado, el problema seguirá estando ahí.

Sé que has viajado mucho para verificar todo lo que está pasando.

Sin ser investigador de Google, yo me he ido al ártico y he hablado con la tribu de los samis, les he preguntado si realmente han visto algún cambio en el clima y ellos mismos te reconocen que sí. ¡Y estos sí que no están politizados! El jefe de la tribu jamás había oído hablar del concepto ‘cambio climático’, pero sí me contó que desde hace quince años los inviernos son menos duros, que cada vez se tienen que ir más al norte para encontrar las temperaturas que necesitan. Lo mismo cuando estuve en el Caribe: al subir la temperatura del agua, los corales se mueren y los peces emigran. En el ecuador existen países muy pobres que dependen de la pesca, si los peces se alejan del ecuador, ¿cómo van a comer? También estuve en Islandia viendo el deshielo de los glaciares, esa imagen es brutal. No se puede negar lo que está sucediendo, sí se puede debatir cuánta influencia ha tenido el hombre en todo esto, pero lo que está pasando es una evidencia.

¿Estamos a tiempo de cambiarlo?

Sí, desde luego. A mí me preocupa tanto el cambio climático como la contaminación del planeta, el día que ves animales muriéndose te cambia la percepción de todo. Cuando estuve buceando en las Islas Caimán descubrí a las mantarrayas, un animal que cuando ve un trozo de plástico lo confunde con un calamar, su principal fuente de alimentación. Eso les produce indigestiones brutales, y si el trozo de plástico es muy grande, directamente se mueren. Lo mismo con las tortugas o los delfines. La cantidad de mierda y basura que se está vertiendo en los océanos es tan grande que nos tendría que dar vergüenza.

Todo esto que me cuentas no se suele ver en televisión.

Lo triste es que el mundo del deporte, sobre todo el del tenis, es el que menos eco se ha hecho de estas noticias del medioambiente. A día de hoy todavía se juega en pistas que están pintadas con pintura, un derivado del petróleo. Los cortavientos son de plástico. Las pelotas de tenis son de goma, otro derivado del petróleo. Los cordajes sintéticos más comunes también suelen ser de plástico. Luego en rueda de prensa te sale cada jugador con una botella de plástico delante del micrófono. ‘No, pero el plástico es reciclado’. Sigue siendo plástico, señores.

¿Qué propondrías para dar un toque de atención?

Si mañana Rafa Nadal, Roger Federer o Novak Djokovic empieza una campaña de protección del medioambiente, los chavales jóvenes les van a seguir a pies juntillas. Me valdría igual con Cristiano Rolando o Messi. Esta gente tiene un poder de convocatoria bestial, sobre todo con los jóvenes. En lugar de estar haciendo caso a Greta Thunberg, que a mí no me termina de convencer, los niños le harían mucho más caso a un Federer o un Nadal.

El día que tumbemos al coronavirus, ¿crees que cambiará algo?

Por desgracia creo que no. Somos animales de costumbres, nos cuesta salir de nuestra zona de confort. Ojalá fuéramos más solidarios, más educados, aunque sí he notado que ahora le gente está un poco más respetuosa. Me da miedo que todo esto que estamos viviendo se nos olvide rápidamente. Nos hemos convertido en una sociedad tremendamente consumista, lo más importante es aparentar. Espero que nos demos cuenta que hay valores que están por encima de todo eso.

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