Las diez mayores sorpresas en Roland Garros

Repasamos los mayores shocks a nivel masculino del Grand Slam parisino. Diez hitos que sorprendieron a propios y extraños

Robin Soderling, tras derrotar a Nadal en Roland Garros 2009. Fuente: Getty
Robin Soderling, tras derrotar a Nadal en Roland Garros 2009. Fuente: Getty

Durante estas dos semanas se debería estar disputando el único Grand Slam sobre tierra batida del año: Roland Garros. La arcilla de París, sagrada para algunos y odiada por otros, ha dejado momentos inolvidables. También resultados que resultaron un auténtico shock para el espectador; partidos, semanas y campeonatos por los que nadie hubiese apostado al principio. Tal y como hemos hecho en Indian Wells, Miami, Monte Carlo, Madrid y Roma, repasamos las mayores sorpresas en Roland Garros, aunque ampliamos a diez por el carácter de Grand Slam de este torneo y dejamos aparcada, de momento, la versión femenina.

10 - Dominik Hrbaty, matagigantes en potencia: cinco títulos ATP iluminan las vitrinas del talentoso eslovaco. Quizás ningune de ellas resulte tan deslumbrante como las dos semanas mágicas en 1999 en las que llegó a verse capaz de todo. En un año en el que no ganó ni un solo partido en Grand Slam fuera de París, Dominik empezó su cruzada contra los mejores derrotando al número uno del mundo. "Dominik jugaba de forma tan sólida que tenía una respuesta para todos mis golpes. Thomas Johansson y él eran mis dos némesis, no podía encontrar una forma de ganarles".

Las palabras pertenecen a Yevgeny Kafelnikov, campeón en el 96 que sucumbió a la inteligencia en pista de Hrbaty de forma casi humillante (4-6, 1-6, 4-6). Luego cayó un incipiente Marat Safin, y también denegó a Marcelo Ríos una de las mejores oportunidades para ganar un Grand Slam de toda su carrera. Solo Andre Agassi pudo pararlo en semifinales, y no sin una importante dosis de sufrimiento. Fue el gran momento de la carrera de Hrbaty.

9 - Stephane Huet y el mayor momento de su carrera: probablemente muchos no conozcan de nada este nombre tan francés. Si echamos un vistazo a su carrera, Huet entró por los pelos al top-100 (su mejor ranking fue el #96) y solo consiguió 14 victorias a nivel ATP. Una de ellas, sin embargo, fue una de las mayores sorpresas que se recuerdan en París. 1993 y un veterano Ivan Lendl se presenta en París lejos de su mejor época, pero como firme candidato aún a llegar a las rondas finales (era el cabeza de serie número 7). Se medía en primera ronda, en la mítica Pista 1, la Plaza de Toros, al 297 del mundo... y Stephane se hizo gigante para, en cuatro sets, dejar a París huérfano de uno de sus grandes campeones. Lendl no se marchaba de Roland Garros sin una victoria desde hacía 15 años; al año siguiente colgaría la raqueta.

8 - Eric Winogradsky, otro francés lleno de sorpresas: si Huet solo había ganado 14 partidos, Winogradsky ganó 22. Su mejor ranking fue el número 89 del mundo, lejos de los mejores. Pero ambos comparten una cosa: jugaron el mejor tenis de su vida, en un momento concreto, para apear a dos grandes campeones de los 80 y 90. En este caso la víctima fue Stefan Edberg, que en 1987 era número #3 del mundo y que no se esperó la tormenta perfecta de Eric: tenis de saque y volea en tierra batida. Le estaban aplicando de su propia medicina.

"No pude conseguir jugarle su servicio en todo el día. Sentí que todo el rato estaba en peligro porque no podía leerle el saque. Parecía que no se ponía nervioso, simplemente seguía pegando grandes golpes. Nunca tuve una oportunidad", dijo Edberg de su rival, que acabó siendo finalista en Roland Garros... pero en dobles, dos años después, junto al gran Mansour Bahrami.

7 - Marat Safin y el primer punto de inflexión de su carrera: el propio Marat admitía recientemente que su torneo en París, en 1998, fue el primer gran momento de su carrera. Que su victoria ante Andre Agassi en primera ronda le abrió los ojos, le enseñó a dónde podía llegar. Aquel torneo, el ruso era un joven de 18 años que apenas asomaba la cabeza, pero ya mostraba ese tenis sin complejos, de bombas desde el fondo de la pista, que conquistaría el mundo años después. Agassi en primera ronda y Gustavo Kuerten en segunda, una nómina de dos campeones que cayeron ante el desparpajo del tenista de Moscú, que confesó que aquellas dos semanas "solo comía kebabs" porque no tenía dinero para más. No le fue mal con ellos.

6 - Chang, el saque de cuchara y un milagro: 17 años y 4 meses. Esa era la edad de Michael Chang cuando se alzó con su primer y único Grand Slam. Su historia en París es de sobra conocida. Allí llegó, en 1989, como un outsider sin posibilidades de llegar al título, un proyecto de futuro que no parecía destacar demasiado. Agassi y Courier, al fin y al cabo, eran los que estaban en la Academia de Bollettieri. Ninguno de ellos sorprendió tanto como el jugador de origen asiático.

Su historia fue pura supervivencia: desde la remontada dos sets abajo ante Ivan Lendl en octavos, con saques de cuchara y restos sobre la línea de saque incluidos, hasta una final ante Stefan Edberg en la que estuvo dos sets a uno abajo y salvó once (!) bolas de break en el cuarto set. "Como haga lo mismo en Wimbledon y gane, me quitaré los calzoncillos en plena Pista Central", dijo de él John McEnroe tras aquel campeonato; hasta tal punto impactó aquel título y la forma de conseguirlo.

5 - La redención tenística de Marco Cecchinato: ¿cuántos partidos de Grand Slam, al mejor de cinco sets, había ganado este italiano antes de Roland Garros 2018? Ya se los digo yo: cero. Cecchinato era la nada más absoluta en los mejores torneos, cuatro intentos fallidos más muchas decepciones en las previas. Aquel año, sin embargo, algo iba a cambiar.

Tras dejar atrás una trama de amaños de partidos en las que se vio envuelto, la gente disfrutó del tenis preciosista de Marco. Su revés a una mano transportaba a otra época, y su muñeca de fina seda martirizaba al rival a base de dejadas. La pregunta que todos se hacían era simple: ¿dónde había estado Cecchinato todo este tiempo? Su victoria ante Novak Djokovic en la Suzanne Lenglen fue uno de los puntos más bajos de la carrera de serbio y lo que le impulsó a superarse por enésima vez. Marco llegó a las semis y compitió ante Thiem, pero por encima de todo se ganó el respeto de la comunidad tenística.

4 - Guga, rey de reyes en París: en las semanas previas al segundo Grand Slam del año, Gustavo Kuerten estaba en Curitiba tratando de recobrar sensaciones. Jugar en Brasil era sanador para él, y en rivales como Óscar Burrieza, Emanuel Couto o Razvan Sabau encontraba una pócima que aliviase un año tremendamente irregular. Estaba fuera del top-60 y llegaba a Roland sin pretensiones, con ganas de mantener la buena forma adquirida en casa.

Dos semanas después, la tierra batida tenía rey. Thomas Muster había sido decapitado, concretamente en la Plaza de Toros y en tercera ronda, por un joven brasilero que gracias a la motivación de su hermano remontó un break abajo en el quinto set. Andrei Medvedev fue el siguiente en caer, en un duelo dramático que se alargó por dos días. Ante Kafelnikov llegó la enésima demostración de fuerza, el tenis arrollador; en semis contra Dewulf, la actitud más obrera en un partido lejos de ser brillante. La final ante Bruguera fue cerrar el círculo, derrotar al último gigante en tierra. Llegó sin estar entre los 50 mejores del mundo y salió de París iniciando una pequeña dinastía sobre tierra batida. Simplemente brillante, Gustavo.

3 - Martin Verkerk, una estrella fugaz: ¿cómo un tipo con un balance de victorias-derrotas negativo llegó a disputar una final de Roland Garros? Mezclemos una pizca de suerte, rivales con presión de más y un estado de forma excepcional a lo largo de dos semanas... y et voilà. Y ojo, no se confundan: lo que hizo Verkerk tuvo mucho mérito. Ya quisieran muchos mantener un tenis tan arriesgado y de poco margen en tierra batida durante dos semanas de una forma tan certera. Sí, aunque aquellas fuesen, prácticamente, las dos únicas semanas destacadas de su carrera.

El holandés sí que llegó a París entre los 50 mejores, pero por los pelos (#46). Una vez allí, esa mezcla de factores lo llevaron en volandas hacia una final absolutamente insospechada. Su mayor victoria fue, sin dudas, esos cuartos de final ante Carlos Moyá en los que venció por 8-6 en el quinto set. Resulta entrañable escuchar los comentarios de Andrés Gimeno para TVE, que en el primer set no le daba ni la más mínima opción al holandés de vencer. Luego vinieron las semifinales ante un Guillermo Coria tremendamente errático. No pudo culminar la gesta en una final en la que su saque dejó de darle puntos, pero Martin ya había dejado su huella en el mundo tenístico.

2 - Gaudio, Coria y un 2004 de locos: sería difícil remarcar cuál fue la sorpresa en el último torneo a. N. (antes de Nadal). De hecho, este fue el último Grand Slam sin la presencia en semifinales de ningún jugador del Big-3, una estadística que habla por sí sola. En primer lugar, e urana enorme sorpresa ver a Tim Henman, basándose en al saque y volea, llegar a semifinales de un Grand Slam sobre tierra y estar momentáneamente por delante en su partido contra Coria. También fue sorprendente que Gastón Gaudio, que llegaba a París como #44 del mundo, llegase a la final.

Y aquel partido fue, probablemente, la final más extraña, caótica y llena de polémica de la historia de Roland Garros. Calambres, nervios, una remontada épica; en definitiva, un encuentro que tuvo absolutamente de todo y que fue un final fidedigno a lo que había sido aquel campeonato.

1 - Robin Soderling y el batacazo del siglo: no hay nada que no se haya escrito ya sobre el partido que tuvo lugar el 31 de mayo de 2009. La Philippe Chatrier esperaba una nueva victoria de Rafael Nadal sobre tierra, otra demostración de fuerza contra un rival al que había ganado 6-1 y 6-0 algunas semanas atrás en Roma.

Lo que pasó en pista no tuvo nada que ver con el partido del Foro Itálico. Fue una conjunción de golpes poderosos desde el fondo de la pista, una máquina perfecta que quitó tiempo y espacio en un día espeso para el balear, empujado fuera de la pista y sin capacidad de imponer su ritmo. ¿Anginas? ¿Molestias en la rodilla? ¿Tanque físico a la mitad? Solo Rafa sabe en qué estado físico llegó aquel día, pero la realidad es que disputó y peleó aquel duelo como cada vez que sale a pista. Y perdió. Fue un momento que el mundo del tenis nunca olvidará y, con mucha probabilidad, el resultado más sorprendente en la historia de Roland Garros.

¿Con qué resultado te quedas? ¿Cuáles son, para ti, las mayores sorpresas de Roland Garros?

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