El particular "infierno" vivido por Roger Federer

Cuando tenía solo 13 años, el suizo reconoce que pasó los cinco peores meses de su vida. Recordamos lo sucedido en aquella etapa.

El particular "infierno" vivido por Roger Federer.
El particular "infierno" vivido por Roger Federer.

Invierno del año 1994. El calendario apura las últimas hojas del año y en una pequeña región de Suiza, en Wasserhaus, un barrio de Münchenstein, unos padres comentan la posibilidad de enviar a su hijo al centro nacional de tenis en Ecublens. Tras estudiar las mejores opciones, llegaron a la conclusión de que ésa podría ser la idónea para la carrera de su hijo. Cuando le preguntaron, él rechazó la idea de inmediato. Aunque la distancia no era grande entre su casa y el centro, unas tres horas en tren, el cambio de idioma (allí se hablaba francés) y el miedo que le daba de dejar su casa, hizo que ese chico se negara a ir. Por suerte, meses después, cambió de opinión. Ese fue el 'Sí', que cambió la vida y la carrera de Roger Federer.

En marzo, Roger pasó las pruebas de acceso y fue elegido para ser parte del centro. Dentro del programa, a los chicos los iban acogiendo en distintas casas cerca del centro. Federer conoció entonces a los Christinet. La familia tenía experiencia en la acogida de jóvenes talentos y deseaba tener por casa a más niños que pudieran hacer compañía a su hijo Vincent. Roger se mudó allí durante el verano de 1995, tras acabar su año académico. Ahí comenzó una etapa que el propio Federer la describe como una de las peores de toda su vida. Incluso llega a usar la palabra 'infierno' para definir lo que serían esos cinco próximos meses en su vida.

Así lo cuenta él mismo en el libro 'Roger Federer, Quest for perfection'. "Simplemente, no era feliz allí. Estaba lejos de mis padres y no hablaba nada de francés. No tenía amigos. No encontraba motivación y estaba triste muy a menudo", reveló Roger. El hijo de los Christinet, Vincent, no podía relacionarse con Federer, que por aquel entonces solo hablaba alemán y un poco de inglés. Eso producía momentos incómodos en casa y Roger contaba los días para que fuera viernes y pudiera volver a Basilea con sus padres para pasar allí el fin de semana.

En una de las veces que Federer volvió a casa con sus padres, les dijo que no quería regresar a Ecublans. "Quería volver a mi hogar pero mis padres me convencieron para quedarme", recuerda el suizo. Sus padres jugaron un rol muy importante en la formación del chico. Nunca jamás le forzaron a nada. Siempre dejaron que fuera él quien tomara las decisiones y él estaba tan convencido de que quería ser tenista y llegar a jugar en Wimbledon alguna vez, que no dudó en seguir hacia adelante.

Con el paso de los meses, su estancia en casa de los Christinet se hizo más llevadera y su relación con Vincent, el hijo de la familia, se fue estrechando hasta convertirse casi en inseparables. Roger fue aprendiendo francés y empezó a sentirse cada vez mejor allí aunque no podía evitar pasar por diversos contratiempos en el colegio. En la escuela, tenía problemas para centrarse en las clases y no le interesaba demasiado estudiar.

"Se quedaba dormido varias veces durante las clases y el colegio tuvo que llamarle la atención para que le pusiera más interés. Él decía que solo quería ser tenista profesional y no le gustaba nada estudiar", comentan en el libro, algo que corrobora Yves Allegro, amigo de Roger y que le conoció en aquella etapa. "Tenía muchas dificultades para estudiar. Lloraba mucho pero jugando al tenis era buenísimo. Cualquiera podía verlo. Lo que nadie se imaginaba es que podía llegar a ser número 1. Ni siquiera era el mejor de los chicos de su edad", asegura Allegro.

Durante 1996 y 1997, Federer fue mejorando sus prestaciones en la cancha y aunque su particular carácter le jugó más de una mala pasada por aquel entonces, sus resultados en los torneos de chicos de su edad hizo que la federación suiza viera verdadero potencial en él y le pusiera un entrenador personal para que trabajar con él. Su nombre era Peter Carter, cuya historia y relación con Roger fue muy especial por ser el primer técnico del jugador y por lo unidos que estaban hasta que tristemente, falleció en un accidente.

¿Quién es Peter Carter?

¿Quién es Peter Carter?

Hablan de Roche, Annacone o Edberg como los entrenadores que más influyeron a Roger Federer pero pocos saben que Peter Carter fue quien más huella dejó en su corazón.

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El resto, es historia. Tras pasar aquellos meses muy duros fuera de su casa, siendo apenas un niño y sintiéndose extraño con una familia desconocida, Roger nunca se desvió del camino que le llevaría a lo inimaginable por aquel entonces, a la mayor de las glorias en la historia de este deporte. Ya cuando era pequeño, daba muestras de a dónde quería llegar. "En el centro nos pidieron escribir nuestro mayor objetivo como tenistas. Todos los niños escribíamos llegar al Top 100, o algo así, pero Federer fue el único que puso 'Ser el número 1 del mundo'. Desde ese día, todos le vimos de forma diferente", describe Allegro sobre Roger.

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