Muguruza: "Con el coronavirus salimos de golpe de nuestra burbuja del circuito"

La española reflexiona en primera persona acerca de lo que ha significado el parón y cómo ha aprovechado el tiempo confinada en casa.

Garbiñe Muguruza durante el torneo de Dubai. Fuente: Getty
Garbiñe Muguruza durante el torneo de Dubai. Fuente: Getty

El coronavirus llegó para quedarse, para cambiar el paradigma de prácticamente cualquier área de la sociedad. En el tenis es difícil señalar a beneficiados cuando muchos profesionales están perdiendo meses de carrera, pero sí que podría decirse que algún tenista ha sido más perjudicado que otro. Si nos vamos a la WTA, Garbiñe Muguruza, tras su final en Melbourne, es sin dudas una de las grandes víctimas de esta situación, pero ello no ha limitado sus actividades bajo ningún concepto.

Garbiñe se sinceró para la revista Vogue en un artículo en primera persona en el que exterioriza un proceso inédito para ella. Comienza por el germen de la situación, las sospechas infundadas y la cancelación final de la gira americana de cemento: "Me encontraba en California a finales de febrero, preparándome para Indian Wells. Concentrada, el día antes de que empezase mi mánager Oliver me dijo que había una reunión urgente con los organizadores del torneo por un caso de coronavirus en una ciudad cercana. Yo pensé que sería imposible que cancelase una noticia de tal magnitud, pero recibimos la noticia que no queríamos escuchar: el torneo se cancelaba.

Me quedé blanca, y Conchita Martínez, mi entrenadora, todavía más. Fue una noche extraña, con todo mi equipo reunido, mirándonos sin saber qué estaba pasando. Los eventos fueron cayendo uno tras otro, incluido el más especial del año, los Juegos Olímpicos, un evento en el que todos sueñan con participar. Ese día abrí las noticias del móvil y lo que vi en mi pantalla fue que Trump iba a cancelar todos los vuelos a Europa; corrimos a reservar nuestros billetes antes de que todo empezase a colapsar".

Muguruza se había encontrado de golpe con una realidad con la que tendría que convivir durante largos meses. La noticia pilló a todos de improvisto, con el aeropuerto más cercano a Indian Wells convirtiéndose en una especie de players lounge. "La cancelación de dos de los torneos más importantes del tenis, de pronto, pareció insignficante. Acabábamos de salir, de golpe, de la burbuja que es el circuito profesional de tenis. Lo que se venía era mucho más grave y grande".

Después de largas horas de vuelo y despojarse un poco de la sensación de nervios e incertidumbre, Garbiñe se refugió en su casa frente al Lago Leman, en Ginebra, Suiza. Un remanso de tranquilidad para alguien que se define como "de todo, menos de un sitio". "Represento una mezcla de culturas allá donde voy, desde la testerudez de los vascos por mi padre, hasta los ritmos caribeños por mi madre. Cuando la gente me pregunta si me siento más de España o de Venezuela, no tengo respuesta. Soy ciudadana del mundo, me encanta mi sangre española y mi sangre venezolana y estoy orgullosa de representar a España en cada competición".

De hecho, la tenista nacida en Caracas confiesa que las experiencias que más le han marcado en los últimos años han tenido lugar lejos de una cancha de tenis. Ese deseo por explorar y fusionarse con otras culturas, de conocer mundo y abrir la óptica que un deportista profesional, meticuloso y centrado prácticamente las 24 horas, posee, la ha llevado a viajar a África cada mes de noviembre durante los últimos cuatro años. "Nunca he estado más de un mes en un mismo sitio hasta ahora. En África he apreciado la simplicidad y la riqueza no material.

La mayoría del tiempo estoy rodeada de un mundo superficial; no me siento identificada con él, es vacío, efímero, solitario. En Tanzania decidí subir al Kilimanjaro y fue la experiencia más dura de mi vida, pero fue la primera vez que tamaño esfuerzo fue solo para mí y nadie más. No habia cámaras ni cheques, solo la satisfacción personal de aquella experiencia".

Garbiñe confiesa, de hecho, que su forma de atajar el confinamiento ha sido explorar nuevos lados que quizás no conocía: desde su faceta como "alumna", recuperando los estudios (ha completado cuatro cursos: dos de Nutrición y Salud por la Universidad de Stanford, uno de Psicología en la Universidad John Hopkins y uno de Ciencias del Ejercicio por la Universidad de Colorado), hasta la de entrepeneur: "He querido aprender costura y diseño, o seguir con la moda, que siempre me ha gustado. También mejorar mis habilidades en la cocina, e incluso coger un papel y lienzo por primera vez en mi vida y que salga lo que tenga que salir".

Y es que la moraleja que Muguruza saca de todo esto es que el coronavirus nos ha dado una oportunidad de descubrirnos a nosotros mismos, y en su caso, de abrirle perspectivas y darle valor para probar cosas nuevas: "Una de mis frases favoritas dice que la vida es muy grande para jugar pequeño. Esa frase intento aplicarla vaya donde vaya. Me encanta abrirme a cosas nuevas, soy cabezota, y si algo no es difícil o no me provoca cosquillas en el estómago, no me siento viva".

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