La maldición de los tenistas franceses en Roland Garros

Desde el año 1983 cuando Noah se proclamó campeón en Roland Garros, ningún tenista francés ha podido triunfar en la tierra batida parisina.

Philippe Chatrier. Foto: Getty Images
Philippe Chatrier. Foto: Getty Images

Como bien es sabido por todos, en el mundo del tenis nunca es fácil triunfar en casa y en Roland Garros es uno de los mejores ejemplos para demostrar esto. A lo largo de su historia, Francia ha aportado al circuito profesional un gran elenco de grandísimos tenistas, y algunos de ellos han destacado en algunos grandes torneos, pero ninguno ha podido alcanzar la gloria en la tierra batida parisina.

Desde que en el año 1946, cuando Marcel Bernard conseguía proclamarse campeón, ningún tenista galo había conseguido reinar delante de su público en el torneo más importante de los que se disputan en suelo francés. 37 años después y contra todo pronóstico, Yannick Noah daba la campanada y se proclamaba campeón, imponiéndose en la gran final al sueco Mats Wilander en tres contundentes sets (6-2, 7-5 y 7-6). Desde ese año, todo ha sido malas noticias para el tenis francés, pues desde entonces ningún otro jugador ha conseguido salir de la Philippe Chatrier con el trofeo de Roland Garros bajo sus brazos.

Francia siempre ha sido reconocida por ser un país que ha cuidado muy bien a sus jóvenes tenistas. Prueba de ello es que siempre ha estado en la pómada en los torneos por equipos, y es que tanto en Copa Davis como en Copa Federación, el equipo galo siempre ha estado en la tern de favoritos. Pero cuando llega los Grand Slams, a sus jugadores le tiemblan la mano y la situación cambia radicalmente. Tan solo las victorias de Mary Pierce (Open de Australia 1995 y Roland Garros 2000) y Amélie Mauresmo (Open de Australia 2006 y Wimbledon 2006) han sido lo más resañable del país galo en estos últimos tiempos.

Pero esta sequia no solo se limita a Roland Garros, y es que en los últimos 30 años, el tenis francés solo ha visto a cuatro jugadores disputando finales de Grand Slams. Cédric Pioline lo hizo en el US Open 1993 y Wimbledon 1997, Arnaud Clement en el Open de Australia 2001 y Jo-Wilfried Tsonga en el Open de Australia en el año 2008, un bagaje quizás un tanto pobre para un país que está llamado a contar con un gran elenco de buenos tenistas capaces de pelear por grandes cosas.

Estadísticamente, dos títulos y dos subcampeonatos en las últimas 75 ediciones de Roland Garros es un bagaje quizás demasiado malo para Francia. Analizando las razones para este despropósito, es muy complicado encontrar los motivos para explicar esta situación, pero quizá se deba a la enorme versatilidad de sus jugadores y la poca especialización de los tenistas a la tierra batida, destacando últimamente más en torneos de pista rápida. Otro de los motivos puede ser la falta de un jugador líder capaz de llevar a sus espaldas al resto de tenistas. Y por último, quizás también puede deberse a la enorme presión que tienen los jugadores cuando compiten en la tierra parisina, un problema que parece que se acrecienta con el paso de los años.

¿Y saben qué es lo peor de todo? Que analizando muy bien el futuro próximo, a día de hoy no contemplamos la figura de ningún jugador francés capaz de tener opciones serias de conquistar el título en Roland Garros. Ni en la modalidad masculina ni en la femenina. Veremos hasta donde se prolonga esta maldición, pero muy bien no pinta la cosa.

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