El sobrecogedor relato de Guillermo Pérez-Roldán sobre los métodos de entrenamiento de su padre

El argentino, que llegó a ser 13 del ranking ATP, denunció haber sufrido maltrato físico y psicológico por parte de su progenitor.

Guillermo Pérez-Roldán dice que fue maltratado por su padre. Foto: lanacion
Guillermo Pérez-Roldán dice que fue maltratado por su padre. Foto: lanacion

Hay noticias que caen como una losa, palabras retenidas durante años que se desbordan en un momento dado y generan un huracán de reacciones. Cuando un hombre se abre de la manera en que lo ha hecho Guillermo Pérez-Roldán en una amplia entrevista con LaNacion, solo se espera que ese ejercicio de sinceridad no quede en saco roto y sirva para enseñar una lección a generaciones venideras y concienciar sobre un grave problema que sigue vigente en el tenis: la exigencia desmesurada, la implicación irracional de algunos padres que, sin quererlo o sin saberlo, pueden destrozar la vida a sus hijos. El argentino fue campeón de 9 títulos ATP, todos ellos en tierra batida, llegando a cuartos de final en Roland Garros 1988 y alcanzando el puesto 13 del ranking ATP.

A pesar de ello, no parece que fuera feliz con una raqueta y hay un motivo poderoso para pensar eso. Y no son las lesiones en la muñeca que le obligaron a pasar por el quirófano hasta en tres ocasiones, ni siquiera la sobreexposición mediática que tuvo tras ser el argentino más joven en ganar un título ATP, con apenas 17 años y medio, en Múnich. "Mi padre fue un visionario, un gran entrenador, pero para mi desgracia, yo era su hijo. Ojalá hubiera tenido un mejor padre y un peor entrenador", asegura un hombre que desde que se retiró apenas hizo apariciones públicas, desempeñando una labor de formador y entrenador en Italia y Chile.

"No tengo ningún contacto con él, aunque mientras esté con vida, espero volver a verle algún día, al fin y al cabo es mi padre. Ojalá algún día me abrazara y dejara de verme como una fuente de dinero. La traición de un padre a un hijo es algo horrible. Le invité a mi boda, me pidió perdón, pero al día siguiente ya me estaba haciendo desgracias otra vez", comenta Guillermo a sus 50 años, antes de dar rienda suelta a lo que ocurría entre él y su progrenitor. "Había ocasiones en que perdía un partido, llegaba a la habitación y me pegaba un puñetazo en la boca. También me metía la cabeza en el inodoro o me daba con un cinturón. Y por supuesto, me robaba todo el dinero que ganaba", declaraba.

Resulta complejo añadir algo a una confesión así. Raúl Pérez-Roldán, a ese nombre responde el sujero del que habla el ex-jugador, formó un equipo de juveniles en el que se encontraba también Franco Davin. Lo más grave de esto, es que Guillermo denuncia que todo el mundo ligado al tenis argentino conocía la situación. "La cosa era conmigo, pero a mi hermana también la trataba igual. En cuanto yo empecé a ganar, se centró en mí. Era un entrenador excelente, pero un entrenador horrible. Ganar un partido para mí era un alivio", destacó el campeón junior de Roland Garros 1986 y 1987,que tomó la decisión de prescindir de los servicios de su padre a los 19 años.

"No daba para más. Le mandé a casa porque me era imposible seguir así. Estuve compitiendo sin entrenador mucho tiempo, a veces me llevaba amigos. Hubo una vez que, siendo junior, después de ganar tres torneos seguidos, perdí en primera ronda y me dio una paliza con el cinturón diciéndome que no me había movido bien", señala un hombre al que la pesadilla no se le acabó por echar a su padre de su entorno. "A los 24 años me robó todo el dinero, todos los cheques que había recibido de la ATP estaban en una cuenta familiar y si firmaban mi padre y mi madre podían sacarlo. Terminé mi carrera y a los tres meses era pobre", desvela consternado el argentino.

Pero lo peor está por llegar. "En 1993, después de Roland Garros (perdió con Medvedev en primera ronda) fuimos a Milán a ver un partido de Zabaleta. Paramos en una estación de servicio, entré a comprar unas cosas y al salir había dos tipos pegando a mi padre. Fui a defenderle, di unos puñetazos y acabé con la mano destrozada. Me operé varias veces, pero nunca quedó bien. Es anecdótico que mi carrera se echara a perder por defender a mi padre", asegura Guillermo Pérez-Roldán en unas declaraciones que están generando una oleada de reacciones en Argentina y en todo el mundo del tenis.

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