La liberación de Haddad Maia

La tenista brasileña celebra su último día de suspensión por dopaje a través de una carta donde relata con franqueza lo duros que han sido estos diez meses.

Beatriz Haddad Maia. Fuente: A voz do tenis
Beatriz Haddad Maia. Fuente: A voz do tenis

Ni siquiera como una carta como la que ha escrito Beatriz Haddad Maia podremos llegar a entender lo duro que debe ser pasar por algo así. La jugadora brasileña de 23 años vio cómo su camino en el tenis profesional se detenía el verano pasado por un positivo inesperado en un control antidopaje. Desde ese momento, su nombre quedó manchado para muchos que ni siquiera quisieron escucharla, dando por hecho que era culpable. Diez meses después, aquel infierno ha llegado a su fin y la de Sao Paulo por fin respira aliviada al haber cerrado el capítulo más siniestro de su carrera. A través del portal A voz do tenis, donde ya leímos la semana pasada a Thomaz Bellucci, la brasileña nos muestra su realidad en forma de carta. A continuación rescatamos lo más relevante.

Hoy es 22 de mayo, el día que más esperaba de todo el 2020. Hoy soy oficialmente libre para jugar al tenis de nuevo, a pesar de la pandemia. Finalmente puedo jugar al tenis, ya no necesito pensar en otra cosa que no sea lo que más me gusta, mi trabajo, algo que no pude hacer durante casi un año. Lo extrañé mucho, no puedo imaginar que hayan pasado diez meses desde entonces, la verdad es que han pasado más rápido de lo que esperaba.

Todo esto ha sido como una película de terror, un viaje del cielo al infierno. Además, vino justo después de mi mayor victoria como profesional, en Wimbledon contra Garbiñe Muguruza. Me encontraba inmensamente feliz, viviendo un momento increíble de mi vida, hasta que me llegó un correo electrónico de la ITF. Aquello me sentó como un puñetazo en el estómago, recuerdo cada detalle de aquel momento. Estaba en Sao Paulo, almorzando con mis primos y mis tíos mientras ponían un partido de Federer por televisión, hasta que entró esa notificación en mi teléfono.

Tuve dificultades para entenderlo, hasta que leí dos palabras: suspensión provisional. Fue entonces cuando lo entendí, era una carta de la ITF relacionada con la WADA. Me levanté de la mesa, me fui al baño y comencé a llorar. Mucho. Ni siquiera pude terminar de leer la carta, me estremecí, grité de desesperación, no podía aceptar que hubiera dado positivo en un control antidopaje. Me pregunté si no podía ser un error, si no se habrían equivocado, aquello no era posible. Pensé mil cosas pero no sabía por dónde empezar. Estaba completamente perdida.

Es difícil describir tus sentimientos cuando ves que te expulsan del tenis. El tenis es mi trabajo, mi pasión, mi vida, parte de la historia de mi familia. Me dolió el doble al sentir que me estaban perjudicando. Mi cabeza pensaba en el próximo Grand Slam, el US Open, pero mi realidad había cambiado, la prioridad ya no era el tenis. En lugar de ir a la pista, me tocaba ir al abogado. El control de mi futuro estaba en sus manos. El escenario era incierto, no veía luz al final del túnel, tuve pesadillas diarias durante los dos primeros meses, era imposible dormir.

Veía a mis padres llorando, aunque mi familia siempre se mantuvo positiva. Tenía mucho miedo de lo que pudiera pensar la gente, mi responsabilidad era ser un ejemplo, resultar de inspiración para los niños, pero ahora muchos pensarían que me había drogado. Ese sentimiento de duda comenzó a crecer, la gente me miraba diferente, sentía que todo el mundo se preguntaba si yo era una jugadora legal o no. Algunos se acercaban a hablar conmigo, pero incluso esos lo hacían con cierta vergüenza. Empecé a ser vetada en internet por personas que nunca había escuchado, me bombardearon el Instagram con los emojis del caballo y la inyección, incluso afirmaron que había ganado a Muguruza estando dopada. Mi respuesta fue protegerme.

El dolor de cabeza era tan fuerte que parecía que iba a explotar en cualquier momento. Me llegaba mucha información de todos lados, necesitaba mantener mi salud mental bajo control. Trataba de no abrir sitios web, no leer noticias, estar lejos del teléfono, fue todo muy loco. No fue fácil permanecer en silencio, quería hablar, pero me quedé callada por la estrategia acordada con los abogados para el enfoque de la defensa. Yo sabía que no había hecho nada, estaba segura que podría dormir por las noches, se había producido un error y punto.

Al ser una persona pública, sé que puedo influir en las personas, familias o niños. Tengo patrocinadores que confían en mí, que ahora sus nombres estuvieran relacionados con el dopaje es una realidad muy dura para un atleta. Les llamé uno a uno para explicarles mi verdad, pero la regla es clara. El atleta es responsable es lo que come, así que, era independiente. Si realizas una prueba y aparece una cantidad, por muy pequeña que sea, el atleta lo paga de igual modo. Las reglas de la AMA son muy claras con la ITF, así es como funciona el circuito. En este caso, había sido un error humano, un error de farmacia, esto fue lo que mostró la verdad y corroboró más tarde mi defensa.

La suspensión podría durar hasta cuatro años, pero jamás pensé que duraría tanto. Traté de mantenerme optimista, pensar que podría demostrar mi inocencia. No me merecía algo así. Quizá necesitaba aprender de ese momento. Al final mi pena fueron diez meses, el menor tiempo posible. Por otro lado, la suspensión fue un momento del que aprendí mucho, aunque fue el peor momento de mi vida. El apoyo de mis hermanos, padres y abuelos fue esencial. Aproveché para estar en cumpleaños, Navidad, Año Nuevo, Semana Santa y muchos otros momentos con los míos. Traté de verlo de manera diferente, a estar un poco más agradecida por la situación.

Esperar al juicio fue lo más desesperante. Todas las gestiones iban por correo electrónico, todo era muy aparatoso y lento. Tardaban mucho tiempo en responder a mis mensajes, llegué a estar tres meses sin ninguna noticia. Esa incertidumbre impedía que hiciera planes, había perdido todos mis patrocinadores, no tenía premios en metálico, estaba al límite. Por fin llegó el día en el que logré demostrar que no tuve intención de ingerir esas sustancias, siempre fui muy seria, intenté superarme cada día. Ahora el desafío es volver a jugar los Futures con un equipo nuevo de trabajo, estoy segura de que las cosas saldrán bien, aunque he aprendido que la vida es una montaña rusa que no está bajo nuestro control.

De ahora en adelante, quiero dar mucho valor a cada bola que golpee. Cada día que pase sin jugar al tenis me dará más placer cuando pise la cancha. He soñado con mi regreso varias veces, eso es lo que más pienso en este momento. Cada día que me levanto pienso en ese primer partido, es el sueño que me hace despertar cada día, trabajar por ser una mejor persona y convertirme en una mejor jugadora. Pero antes que tenistas somos personas, todos lloramos, sufrimos y pasamos por momentos difíciles. Puede parecer extraño que un atleta celebre el último día de su suspensión, pero es liberador compartir este capítulo de mi historia con ustedes. Les puedo asegurar que a partir de ahora será más fuerte, más agradecida, más feliz. Prometo que golpearé cada pelota con toda la fuerza que redescubrí dentro de mí”.

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