Valeriya Solovyeva, un relato desgarrador de una promesa frustrada

La rusa fue una de las mejores juniors, firmó contratos de patrocinio tras ganar la Orange Bowl y acabó odiando el tenis. ¿Qué pasó?

Valeriya Solovyeva, relato desgarrador en Behind The Racquet. Foto: gettyimages
Valeriya Solovyeva, relato desgarrador en Behind The Racquet. Foto: gettyimages

Hay historias que emocionan, que desgarran, que inspiran y que son necesarias para que las personas que en el futuro estén en esa coyuntura, tengan algo a lo que aferrarse y sepan cómo puede acabar una historia. Valeriya Soloyeva sabe que la suya es una de esas historias y por ello se ha decidido a abrir su corazón, a desnudar su alma, detrás de una raqueta, detrás de esa herramienta que le prometía el paraíso y acabó llevándola al infierno. El proyecto de Noah Rubin, Behind The Racquet, no se nutre solo de historias de éxito y superación, sino también de dramas en los que el tenis es el villano, y al mismo tiempo, el salvavidas al que aferrarse cuando se ha tocado fondo.

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Esta tenista rusa nacida hace 27 años ha vivido mucho más que la mayoría de personas de su edad. Desde niña demostró una habilidad innata para el tenis y llegó un momento en que su familia hizo una apuesta arriesgada; era preciso salir del país, que la familia se separara para que el padre de Valeriya la acompañara a Estados Unidos. Allí esperaba el prestigioso Nick Saviano, un hombre exigente que se propuso como meta pulir el talento innato de esa joven que acudía a Florida para convertirse en la mejor del mundo. Lo fue, en categoría junior, ganando la Orange Bowl en 2005 y asombrando al mundo con su potencial y actitud.

"Era la típica niña a la que todo el mundo ponía como ejemplo. Siempre escuchaba a los padres de mis rivales diciendo a sus hijas que se fijaran en mi forma de jugar y actuar en pista. Tenía 13 años y firmé un contrato de patrocinio con Nike y Babolat, así como con una agencia de representación. Todo el mundo me pintaba un futuro esplendoroso y no contemplaban que hiciera algo más que una cosa: ganar, siempre", desvela la rusa en un relato estremecedor. "Sentí tanta presión y responsabilidad por esta situación... Yo solo era una niña de 14 años, no sabía cómo manejar el hecho de que todos los días me dijeran que tenía que ganar. Entendía el tenis como algo divertido, disfrutaba en la pista, y acabó siendo un lugar estresante para mí", asegura.

Presa de la ansiedad por un entorno que no sabía manejar sus necesidades, Valeriya se rompió por dentro. "No pensaba en mi juego, no me centraba en mejorar mi tenis porque lo único que se me pedía era que ganara. Cada derrota era un castigo, perdía totalmente la confianza. Veía que las chicas de mi edad a las que ganaba, progresaban mucho y yo me quedaba estacanda. Mi agencia de representación se ponía nerviosa, mis sponsors preguntaban qué pasaba. Necesitaba a mi madre, pero ella se quedó en Rusia y era mi padre el que me acompañaba en Florida. Él nunca entendió nada de lo que ocurría, se enfadaba mucho cada vez que perdía y eso me ponía aún peor", comenta la rusa en uno de los temas más problemáticos en jóvenes valores del deporte.

"No recuerdo ni un solo minuto en que disfrutara del tenis durante mucho años", destaca una mujer que llegó a ser 163 del ranking WTA en 2013, después de ganar tres torneos ITF. "Yo solo quería ir a la escuela, tener amigos, pero no tenía escapatoria. Lo que la gente ve es ese 10% de jóvenes que llegan a ser profesionales, pero hay un 90% que se queda en el camino y muchos de ellos esconden historias como esta, y acaban odiando el tenis", asegura Solovyeva.

¿Cómo salió de este pozo sin fondo? "Terminé dejando el tenis poco tiempo después y me dediqué a ser entrenadora. Mi motivación para hacerlo es concienciar a la sociedad de que hay que respetar el espacio y el tiempo de los niños. Los padres deben mantener una relación cercana y cariñosa con ellas, pero nunca agobiarlos ni llevarlos al límite. Perdoné a mi padre mucho tiempo después, estaba cansada del rencor que sentía hacia él. Conozco a muchas chicas en mi situación, que luego no volvieron a hablar nunca con su familia y viven totalmente desestabilizadas. Yo no quería ser así", destacó.

"Como entrenadora, quiero brindar un entorno seguro a las chicas que entrenen conmigo, que se sientan queridas, que vean que importan a los suyos y que hay cosas mucho más importantes que ganar o perder a esas edades. Si quieres dedicarte al tenis, hay una carrera por delante muy larga y exigente. La única manera de poder emprenderla es amando realmente el juego. Para mí eso fue imposible por cómo mi entorno gestionó mi carrera, por lo que quiero evitar que a otras les ocurra lo mismo". Esta es Valeriya Soloyeva, una mujer cuya historia puede abrir los ojos a muchos y que todos los padres de jóvenes prometedores deberían leer y meditar sobre ella.

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