Lundgren recuerda su etapa con Federer: “No era fácil trabajar con él”

Pese al éxito que tuvieron juntos, el técnico sueco subraya que el suizo era un poco vago en aquella época, incluso tenía dificultades para concentrarse.

Roger Federer y Peter Lundgren con el trofeo de Wimbledon 2003. Fuente: Getty
Roger Federer y Peter Lundgren con el trofeo de Wimbledon 2003. Fuente: Getty

Hace unas semanas levantábamos una entrevista muy interesante de Tennis Brasil con Peter Lundgren, el hombre que tuvo el lujo de entrenar a tenistas de la talla de Marcelo Ríos, Roger Federer, Marat Safin, Stan Wawrinka o Grigor Dimitrov. Tantas son las anécdotas por contar que la charla merecía una segunda parte, una parte completamente centrada a su trabajo con el suizo. El sueco hace memoria de lo vivido en el arranque de siglo y asegura que no todo fue tan bonito como luego mostraron los resultados. Aunque parezca una locura, estar al cargo de un genio como el de Basilea también le dio algún que otro dolor de cabeza.

En total fueron cuatro temporadas las que colaboraron juntos (2000-2003), el tiempo necesario para crear un campeón. “Es difícil decir exactamente cómo construir un jugador. Se ha de comenzar por la técnica hasta pulirla, luego pasas a la parte mental y trabajas la fuerza física. Cada persona madura de manera diferente, por lo que todos esos componentes deben unirse para llegar a la cima. Hay que recordar que Roger Federer ganó su primer Grand Slam con casi 22 años, lo que significa que no todos son Rafael Nadal”, repasa Peter, quien también estuvo acompañado en aquellos años por Peter Carter y Pierre Paganini.

Con Lundgren a su lado es cuando empezamos a ver al Federer capaz de todo, el que parece tener todas las piezas para hacer historia. “Nunca es fácil trabajar con un jugador de tenis pero, en ese momento, Roger era un joven muy talentoso, quizá un poco vago, tenía algunos problemas de concentración, además de no estar todavía físicamente preparado. Las cosas comenzaron a suceder muy rápidamente porque siempre quiso ser el mejor y vio que tenía potencial para lograrlo. La verdad es que era una persona con la que era difícil trabajar, pero tiene un gran corazón y es un buen tipo, creció muy rápido hasta convertirse en el gran embajador del tenis que es hoy en día. Estoy muy orgulloso de todo lo que ha conseguido”, subraya el técnico.

Juntos fueron creciendo, fueron evolucionando, hasta alcanzar el top10 y conquistar su primer Grand Slam. “Wimbledon 2003 fue un momento muy especial para los dos. Siempre quise ganar ese torneo, desde que empecé a jugar al tenis, pero como jugador solo llegué hasta los octavos de final, lo cual no está mal. Como entrenador sí pude ganarlo, algo que me hizo muy feliz. Para Roger, ese título era lo que todos esperaban de él, la vedad es que incluso resultó un alivio”, asegura a sus 55 años.

Dos años después, aunque él todavía no lo sabía, Lundgren estaría celebrando el Open de Australia, pero en el banquillo de Marat Safin. “Es imposible elegir, ambos son muy especiales. Con Roger tenía un chico talentoso, un diamante que había que pulir. Con el trabajo junto a Peter Carter logramos llevarle hasta la cima, comenzando desde cero hasta ganar Wimbledon. Fue simplemente surrealista. Ojalá Peter hubiera estado con nosotros para haber vivido todo aquello”, lamenta sobre el australiano, fallecido en el verano de 2002 en un accidente de coche.

De Ríos a Federer y de Federer a Safin, parecía que el sueco solo sabía tratar con genios. “Cuando trabajé con Marat, él ya había sido número uno del mundo, había ganado el US Open en el año 2000 venciendo a Pete Sampras en la final, pero sufrió una caída en su rendimiento y se ubicó fuera del top30 del ranking. En 2004, cuando nos conocimos y empezamos a trabajar, él era muy negativo sobre su juego, además tampoco lo estaba haciendo bien física y mentalmente. Casi te diría que tenía una actitud autodestructiva, hasta le llegué a preguntar por qué me pagaba para entrenarlo. Me respondió que era malo, que ya no le gustaba jugar al tenis”, recuerda sobre su fase con el ruso.

Pero incluso con Safin logró retomar el vuelo y terminar la temporada decentemente. “Después de mucha lucha y mucho trabajo en su juego, finalmente entendió la situación. Ganamos dos Masters 1000 (París y Madrid), un ATP 500 (Beijing), hicimos semifinales en la Masters Cup de Houston y cerramos el año como Nº4 mundial. Luego llegaría el título en Australia, superando a Federer en semifinales y a Hewitt en la final”, rememora con emoción. Para los que dicen que juntarse con los mejores lo hace todo más fácil, Peter Lundgren es el claro ejemplo que desmiente esta afirmación.

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