Dabrowski y el dobles, una relación de éxito

¿Por qué elegiría una jugadora apostarlo todo por el circuito de dobles? La canadiense Gabriela Dabrowski explica cómo se decantó por esta opción.

Gabriela Dabrowski. Fuente: Getty
Gabriela Dabrowski. Fuente: Getty

Detrás de cada tenista hay una historia que escuchar, aunque no siempre hay tiempo ni interés para atenderlas todas. Sin embargo, la WTA hace tiempo que se volvió especialista en esto temas, dándole espacio a todo tipo de jugadoras en su web. Gabriela Dabrowski, actual Nº7 del mundo en dobles, es quien ha desvelado sus orígenes haces unas semanas, recordando las dificultades económicas que sufrió en su etapa junior, las cuales le llevaron a doblar sus partidos cada semana para reunir el dinero suficiente que le permitiera seguir compitiendo. Curiosamente, aquellos problemas terminarían por empujarla a convertirse en la campeona que es hoy en día.

“Nadie en mi familia jugaba al tenis, lo cual hace esta historia un tanto diferente”, comienza la canadiense. “Muchos jugadores son jugadores porque antes lo fueron sus padres o hermanos; en mi caso, fue un viaje completamente diferente. Cuando tenía 7 años, una de las mejores amigas de mi padre vino a cuidarme durante una etapa que no fui a la escuela. Ese verano cogí por primera vez una raqueta, fuimos a un parque y comenzamos a golpear la pelota. Un hombre se me acercó para preguntarme dónde había tomado clases, yo tenía siete años y no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Luego ese hombre aconsejó a mi padre que me apuntara a clases porque, según él, su hija tenía una muy buena coordinación mano-ojo”, recuerda todavía con incredulidad.

“Un año después ya estaba jugando torneos locales. Siendo de Ottawa, pronto comenzamos a viajar por Montreal y Toronto para disputar pequeños eventos juveniles. Así comenzó todo”, confiesa la norteamericana nacida hace 28 años. “El hecho de que fuera buena en esto lo hizo todo más divertido. Ser hija única y estar sola en la cancha es algo que también se podría relacionar. No era un sentimiento tan extraño para mí, consistía en estar sola y entretenerme. Al ser buena, acabó encantándome practicar tenis, no al revés”, matiza la campeona de nueve títulos WTA.

Dabrowski empezó a recorrer su camino, aunque el sendero en esa época apenas tenía puestas un par de piedras. “En Canadá no teníamos tantos jugadores en aquel momento, por lo que tener éxito a nivel juvenil no te garantizaba llegar después a profesional, pero sí era un buen indicador. La gente me decía que para conseguirlo debía perseguirlo con todas mis fuerzas, me aseguraban que tenía el potencial para cumplirlo. Al no haber tenido nunca competencia, tuve que ir aprendiendo todas esas cosas por el camino, menos mal que mi padre siempre estuvo ahí para ayudarme. Al mismo tiempo, creo que también me hubiera venido bien una ayuda un poco más especializada, esa orientación me hubiera ayudado a disfrutar un poco más aquella etapa”, confiesa la finalista de Grand Slam.

Estar sola en el tablero no representó nunca algo positivo, sobre todo en el ámbito de las ayudas. “Desafortunadamente, no tuve mucho apoyo de mi federación. Hicieron muchas promesas pero luego no las cumplieron, ni siquiera cuando me gané mi lugar como junior. Esa fue una situación complicada, ya que mis padres empezaban a quedarse sin dinero, así que el riesgo se multiplicó. Cada torneo podía ser el último. En aquel momento Tennis Canadá no era tan grande como ahora, no había tenido el éxito de Bouchard o Andreescu, ni tampoco el de Raonic, Aliassime o Shapovalov. Tenías que esperar a que alguien te agarrase y quisiera ayudarte. Ahí fue donde perdí la oportunidad de irme a Florida, España, o trabajar con una entrenadora, cosas que el resto de niñas sí tenían”, repasa con cierto dolor.

Fue en ese instante donde Gabriela decidió apostar por el dobles, en busca de un doble sustento que le permitiera seguir jugando. “Fue por un tema económico, era imposible costearme todo por mi cuenta, así que el dobles fue la solución. Si perdía en primera o segunda ronda en un torneo individual, luego hacía semifinales o final en dobles para compensar. Comencé a creer que quizá mis habilidades se adaptaban mejor al dobles, que allí tendría más éxito. Ahí comencé a buscar a los mejores compañeros y tuve la suerte de encontrarlos, así fue cómo conseguí mejorar mi ranking para que otros todavía mejores quisieran jugar conmigo. Ahora tengo el privilegio de jugar todos los torneos del circuito”, concluye desde la meta.

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