La lengua de Becker, el secreto mejor guardado de Agassi

En una de las mejores historias que ha dado el tenis masculino, André Agassi supo descifrar el saque de Becker mirando los movimientos de lengua del alemán.

Agassi y su mejor secreto sobre Becker. Foto: Getty
Agassi y su mejor secreto sobre Becker. Foto: Getty

No van a encontrar muchos ejemplos de tan clara animadversión deportiva, aunque casi todos estarán cercanos en el tiempo de la época que nos va a ocupar desde ahora, que la que se dedicaron André Agassi y Boris Becker. Fíjense si el asunto era tenso que el segundo le dedicaba besos durante los partidos a la novia del primero, Brooke Shields, aunque no haya pasado tanto desde que Nick Kyrgios cruzara dicha línea en un partido ante Stan Wawrinka, con recordatorio nada elegante sobre Donna Vekic. Ese episodio que involucró a la que fuera pareja de André sólo fue la punta del iceberg de una relación tenística que precisamente ahí, en lo meramente estratégico, guarda dentro uno de los secretos, ya desvelados, más asombrosos de la historia del tenis.

Por increíble que parezca, aquello, los besos al aire de Boris que la propia Shields calificó como “lo más humillante que un tenista puede hacerle a otro”, ocurrió en las semifinales del US Open de 1995, la penúltima cita entre ambos. Sería la novena victoria de las diez en 14 enfrentamientos que se anotaría el de Las Vegas después de perder los tres primeros de todo el ‘cara a cara’ con el alemán. Para explicar el punto de inflexión y la inversión de la tendencia en los resultados entre ambos allá por 1990, sin que hubiera alternativas en los mismos, varios factores se pusieron en común. Entre ellos, los más lógicos: Agassi pasó de ser un jovenzuelo inexperto a un tenista emergente, con su juego progresando sin freno, mientras un paulatino cambio en la táctica utilizada por el pupilo de Bob Brett, representado por Ion Tiriac, jugando más desde el fondo ante el peligro de ser continuamente pasado en la red por el norteamericano.

Sin embargo, la intrahistoria, convertida ya en historia compartida, narra una circunstancia que parece una leyenda contada a la luz del fuego por alguien al que se le hubiera aparecido un fantasma con el ánimo de engrandecer al mito André Agassi. El caso es que el de Nevada comenzó a obsesionarse tras caer tres veces consecutivas, los primeros tres duelos, con Boris Becker, y ya sabemos que cuando un gran talento se obsesiona con algo suelen pasar cosas importantes y reveladoras. El europeo era en aquellos últimos años 80 uno de los mejores jugadores del mundo, estaba en su apogeo tenístico y dibujaba un saque formidable, variado, impredecible en aquellos momentos para quien después se convertiría en la verdadera referencia del circuito y de toda la historia restando el saque del rival.

Agassi comenzó a ver partidos de Becker por televisión, en formato Beta de la época, y detectó un patrón de comportamiento en el servicio de Boris, que tanto le costaba interpretar y romper. El exnúmero 1 del mundo necesitaba alguna puerta por la que entrar, aunque fuera algún atajo, una gatera si acaso. Un punto de debilidad. A nivel técnico no existía, y a nivel emocional tampoco, pues Boris no jugaba comprimido, siendo el dominador de la rivalidad. Pero entre todos esos videos y momentos, Agassi se fijó en un primer plano de la cara blanca y germánica de su rival. Al siguiente punto, lo que había visto no ocurría, pero poco después volvía a pasar. Era la lengua de Boris. La lengua de Becker, el músculo, no el castellano de Gustavo Adolfo, se escapaba de la boca en multitud de saques, y se quedaba quieta, dentro, con la boca cerrada, en multitud de otros.

Y André Agassi, transformando el dato en análisis, halló la respuesta.

“Boris Becker era un poco obvio. Tenía un movimiento habitual con la lengua cuando se balanceaba para ejecutar el saque: si cerraba la boca, el saque iba al centro de la pista; si deslizaba la lengua hacia un costado, entonces seguramente realizaba un saque abierto. Me pasé un par de horas mirando viejos videos, y no había HD ni la cantidad de cámaras con las que se televisan los partidos hoy, pero en algunos primeros planos de la TV se veía como Boris sacaba su lengua antes de sacar."

Así lo contó André, entre otras ocasiones, en mitad de la retransmisión de un encuentro en la que apareció Boris en la grada. Descubierto el secreto, Agassi reconoció posteriormente que poseer esa información requería de un uso inteligente, intermitente, que no hiciera evidente su conocimiento, añadiendo incredulidad al hallazgo. Agassi terminaría sumando ocho victorias consecutivas tras perder los tres primeros duelos. “La parte más difícil fue no hacerle saber que yo sabía esto. Así que tuve que resistir la tentación de leer sus saques continuamente y elegir el momento en que iba a usar esa información.”

Entre medias, Agassi perdería en las semifinales de Wimbledon de 1995, una derrota que, como reconocería en su autobiografía, sería completamente devastadora para él, por el rival, el escenario y lo inesperado, con Becker ya veterano y de la mano de su secreto mejor guardado. La lengua de Boris era su mejor aliada, una pequeña espía que nadie había advertido, por lo que aquella derrota fue un golpe muy duro para él. Pasarían los años, ambos sólo se enfrentarían una vez más, con victoria de Agassi, retirándose Boris poco después, pero la historia escribe un último momento íntimo, en un Oktoberfest como cooperador necesario y litros de cerveza empujando a la confesión.

Partidos históricos de Wimbledon: Boris Becker - Andre Agassi 1995

Partidos históricos de Wimbledon: Boris Becker - Andre Agassi 1995

La semifinal donde Boris Becker cortaría la racha de ocho derrotas seguidas ante Agassi gracias a Nick Bolletieri, ex entrenador del estadounidense.

Seguir leyendo

“Se lo comenté a Boris después de su retiro. Estábamos en el Oktoberfest, nos tomamos una pinta y no lo pude evitar. "¿Sabes que solías mover la lengua y sobre eso hacías un saque u otro?”. Se cayó de la silla. Y me reconoció que era habitual llegar a casa tras perder un partido contra mí y comentarle a su esposa: “No es normal, es como si leyera mi mente”.

Comentarios recientes