Moyá: "La grandeza de Nadal reside en lo abierto que está a seguir escuchando"

Carlos habló sobre su carrera tenística y su vida como entrenador de Rafa, dejando por el camino anécdotas muy interesantes

Carlos Moyá y Rafa Nadal en Australia. Fuente: Getty
Carlos Moyá y Rafa Nadal en Australia. Fuente: Getty

Carlos Moyá es, indiscutiblemente, una de las figuras más importantes del tenis español durante este último siglo. El exjugador mallorquín vivió una carrera de absoluto éxito, alcanzando la gloria en forma de título de Grand Slam, además de ser finalista en Australia, ATP Finals y llevarse a casa la Ensaladera de 2004. También fue número uno del mundo, pero si su palmarés como jugador es ya, de por sí, increíble, nada tiene que envidiar su trayectoria como coach de Rafael Nadal, que desde su llegada ha mejorado en aspectos trascendentales como el saque y ha dejado atrás años complicados. Confinado, como todos, esta cuarentena, Charlie se pasó por el podcast de Subidos A La Red, conducido por Javier Frana y Álex Corretja, y dio sus impresiones sobre un amplio abanico de temas en una charla imperdible:

Inicios en el tenis: “El tenis era un sueño como el de muchos compañeros míos de Palma que nunca tuvieron ni un punto ATP. Quizás en aquel momento mi explosión fue algo tardía; por ejemplo, Álex (Corretja) tuvo una progresión estable ganando diferentes torneos. Fue campeón de España Sub12, Sub14… yo nunca fui campeón de España, solo jugaba torneos en verano.

Hay que ponerse en contexto de lo que era Mallorca en los años 80. La única opción para ser tenista era irte a Barcelona. Lorenzo Fargas llevaba un grupo que jugaba nacionales y propuso a mi familia que yo me fuese a Barcelona. Mi familia se negó, tenía 14 años y no lo veían como algo lógico. Esto hizo que no me quemase siendo joven, y a partir de ahí fui ganando torneos en Mallorca y a los 17 años, a través de Alberto Tous, tuve la oportunidad de, con una beca, poder ir a Barcelona con un grupo de competición con los mejores juniors. Todo se profesionalizó, pero no fue fácil. Muchas lágrimas… pasas de ser el mejor en tu zona a ser uno más a nivel nacional".

La clave para llegar arriba: "No la sé. Es una combinación de muchísimas cosas. Yo funcionaba por objetivos: a la que tenía un objetivo claro, iba a por él. El primero fue meterse entre los 100 mejores, pero luego conseguí entrar entre los 10 primeros muy rápido. En el año 95 gané el primer torneo en Buenos Aires; un año y tres meses después ya me metí top-10, en Australia en 1997. No hay una guía ni un manual sobre qué hacer en cada caso: en aquella época yo no tenía asesor de imagen ni jefe de prensa, estaba todo menos profesionalizado.

Cuando fui a Barcelona se me abrió un mundo nuevo. Iba a entrenar con jugadores que eran profesionales cuando hace 3 meses jugaba con chavales, amigos de Mallorca. Ahora veo vídeos de mi época en el 95, 96 y el desparpajo que tenía en ese momento… estaba loco. Me iba a la red a la mínima. Creo que fui mejor jugador después, en torno al 2003 o 2004, pero no tenía la espontaneidad y la locura que tienes con 20 o 21 años. En Australia metía palos y me iba a la red, ejecutaba sin pensar, ante gente como Chang o Becker. Luego me veía mejor jugador porque entendía mejor el tenis y era más completo, pero no tenía esa mentalidad de: “no tengo respeto ante nadie, me da igual todo”. Mi yo actual no podría entrenar a mi yo de 20 años: acabaríamos a hostias (risas)".

Cómo ganó la final de Roland Garros'98 ante Corretja: “Dos jugadores siempre tienen un plan y siempre gana el que impone el suyo. Yo jugué mucho a su derecha porque, en primer lugar, tenía un mejor revés, y segundo, porque si tú tocaba derecha era más fácil que yo jugase con mi derecha también. Yo intenté jugar el máximo número de derechas posibles, y consideré que si su primera bola iba a su derecha yo jugaría más derechas. También veía que no me interesaba mucho alargar el punto, fui un poco más agresivo de lo habitual. Siempre he tratado de adaptarme el rival y con él el hecho de alargar el punto no me interesaba, tomaba más riesgos".

La capacidad de reinventarse de Nadal: “El hecho de que los grandes jugadores ganen un torneo y, al cabo de poco tiempo, ya estén pensando en competir y ganar el siguiente es lo que les diferencia de los mortales. Por ejemplo, yo me basaba en objetivos: cuando los conseguía, me venía un pequeño bajón. Mi meta fue ganar un Grand Slam, no ganar cinco; mi meta fue ser número uno, no serlo durante muchas semanas. Cuando conseguía eso, me venía una especie de vacío… igual me faltó algo de ambición. El hambre que tienen los jugadores como Rafa para seguir evolucionando y superar los momentos malos es lo que los hace especial. Cuando llega el momento sacan fuerzas, no sé de dónde (creo que es algo que no se puede entrenar). Esa ambición, esa competitividad que tienen… es algo fuera de lo común”.

El día a día con Nadal: “Cuanto más dentro estás y más has jugado, más te das cuenta de lo admirable que es todo lo que hace. Es difícil criticar algo más allá de momentos o partidos puntuales. Criticar algo de Rafa, tenísticamente, es imposible. Cada partido que él juega y que estoy con él tengo la tranquilidad total de que sé que va a dar todo; que vas a tener que matarle para ganarle.

Yo a veces, voy a los torneos y digo: por favor, asegúrate de que nos dais una pista en la que luego venga alguien que nos eche. Todo el mundo busca lo contrario (risas). Si fuese por él, seguiría y seguiría entrenando y si la pista está vacía es difícil pararle. Yo pido una pista en la que, al cabo de una hora, venga alguien y nos eche (risas). Rafa es superperfeccionista, exigente, no se permite fallar una bola que no toca… es un placer estar con él”.

La actitud de Nadal a la hora de trabajar con él: “Creo que una de las razones de su grandeza es lo abierto que está siempre a escuchar, a seguir mejorando. Soy consciente de que hablo con uno de los más grandes de la historia: lo que le digo está muy escogido, muy pensado. Yo entro en un momento en el que él viene de dos años malos, por lesiones, un tema mental. En 2015 tiene ansiedad, en 2016 lesiones… cuando hay un cambio en el equipo es porque el jugador no está a su mejor nivel. En ese aspecto es más fácil que te escuche, y desde el principio todo el equipo fuimos a una. Yo tenía muy claro qué es lo que se podía mejorar. Creo que todos pueden mejorar: Federer, Djokovic… la perfección en tenis no existe, siempre se puede mejorar un poco. Yo fui muy abierto con él desde el principio y él estuvo por la labor”.

Regreso tras este parón: “Ahora mismo saber quiénes son los más perjudicados es toda una incógnita. Habrá algunos muy perjudicados, otros bastante y otros perjudicados a secas. Si eres mayor te queda menos tiempo en pista, es tiempo que va pasando y no vuelve. El joven de 19, 20 años va a tener más tiempo para recuperar. A priori, Djokovic ha sido muy perjudicado porque venía de una racha importante, pero el hecho de no jugar la temporada de tierra también le ha venido mal a Rafa. De los tres mejores, creo que el que menos perjudicado se ve es Federer, el timing de la operación ha sido perfecto. Va a volver fresco como una rosa y en condiciones normales hubiese llegado relativamente justo a Wimbledon. Pero todo esto son especulaciones, es una situación que nunca se ha vivido antes”.

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