Gonzalo López Fabero, un maestro en la ‘red’

El ex jugador español se ha convertido en referente durante esta cuarentena con sus directos en Instagram. Hoy es él quien nos cuenta su propia historia.

Gonzalo López Fabero. Fuente: Punto de Break
Gonzalo López Fabero. Fuente: Punto de Break

El confinamiento por el coronavirus ha obligado al ser humano a buscar nuevos fórmulas de comunicación durante estas últimas fechas. Por ejemplo, si no podemos relacionarnos personalmente, pues habrá que hacerlo de manera virtual. Basta con entrar a cualquier hora a Instagram para presenciar la cantidad de directos que se dan de manera simultánea, una actividad que se multiplica a diario. Este pasatiempo también atañe al mundo del tenis, aunque hubo una persona que encendió la mecha. Gonzalo López Fabero (Barcelona, 1970) es nuestro hombre.

El ex jugador español, hoy entrenador de alta competición, se ha convertido en una especie de influencer de la raqueta gracias a las charlas que cada día nos regala con diferentes personalidades del mundo del tenis. Lo que empezó siendo una distracción ha terminado evolucionando en un índice imprescindible donde conocer de manera clara y espontánea a las figuras que componen la gran estructura del tenis de nuestro país. Este domingo, sin ir más lejos, el legendario Nick Bolletieri será el invitado en su canal. ¿Cuántas preguntas habrá hecho Gonzalo durante estos últimos 40 días? Es momento de que sea él quien responda a las nuestras.

Hablemos de tenis. ¿Quién sería la primera persona que hizo un directo en Instagram durante esta cuarentena?

Fui yo (risas) En serio, no quiero ser pedante, pero empecé yo al tercer día de cuarentena. Aquí en España nos cerraron un sábado 14 y el martes me dio por hacer un Live en Facebook. Luego me di cuenta que por Instagram funcionaba mucho mejor, así que al día siguiente hice la primera llamada, con Jorge Mir. Tarde o temprano, estaba claro que esa idea se le terminaría ocurriendo a alguien, aunque quizá yo lo vi más rápido. Ahora estoy haciendo todos los días una horita de directo, de 17:00 a 18:00.

Y subiendo cada vez más el nivel de tus invitados.

Es cierto que una consecuencia de esta iniciativa ha sido la de abrir mucho más mi comunidad, aunque al principio mi objetivo era dar voz a aquellas personas que no estamos tan acostumbrados a escuchar. Por encima de los nombres, lo que buscaba era acercar personajes interesantes a toda la gente que le apasiona el tenis y que está encerrada en sus casa. Después de Jorge Mir llegaron Gonzalo Vitale, Martín Rocca, Jordi Bardou, Lluís Bruguera, Carlos Moyá, Àlex Corretja, Jordi Arrese, Toni Nadal… la cosa fue creciendo, aunque lo más positivo es que todos quedaban encantados.

Algún día tendrás que ser tú el que cuente su historia…

Todavía no me ha contactado nadie (risas).

Fuiste 169º del mundo, ganaste un Challenger en Sevilla y llegaste a jugar la Qualy de Wimbledon. Partamos de aquí.

Tuve una carrera un poco rara, la verdad. Con 18 años estaba 300 del mundo y con 20 me des focalicé por completo. Fueron aspectos emocionales que en su momento pensé que venían de mi entorno, pero más tarde me di cuenta que el problema era yo. Ahora he cambiado mucho, pero siempre fui una persona con cierto complejo de inferioridad, no confiaba en mí mismo. Ahora con 50 años todos estos rasgos los tengo al mínimo, pero con 20 estaban florecientes. Aquello me hizo ver que mi entorno era muy agresivo y me vine abajo emocionalmente.

¿Y qué hiciste?

Me dediqué a jugar Nacionales. Luego a los 23 años me reenganché otra vez, gané incluso ese Challenger en Sevilla y me metí dentro del top200. Así estuve unos tres años, hasta que a los 26 pensé que ya era tarde para meterme y volví de nuevo a jugar Nacionales.

Y vaya si los jugaste…

Ganaría en torno a 250 Nacionales, que se dice pronto. Creo que el récord lo tiene Tati Rascón, él fue más longevo jugando hasta los 35-36 años. Ahora con el circuito IBP los están reactivando de nuevo, pero en aquella época muchos de esos torneo terminaron siendo Futures. Por ejemplo, si yo ganaba 30 Nacionales al año, había cinco que eran Futures duros y dos eran como Challengers malos.

¿Cómo fueron tus inicios?

El dato más importante es que hasta los 13 años no entré a formar parte de una academia, fui autodidacta gracias al frontón, a mi padre y a mi hermano. A los 13 llegué al Tenis Mataró de la mano de Joaquín Moure, donde viví una etapa espectacular hasta los 18. Luego ya perdí el foco. Desaproveché los años más importantes de un tenista, de los 19 a los 23. Ahora lo pienso y, viéndolo en perspectiva, pienso que sí podría haber roto la barrera del top100, aunque fuera un top100 de perfil bajo. Aun con eso, tendré unas 30 victorias ante jugadores top: Alami, Clavet, Altur, Roig…

¿Qué cambiarías de aquella etapa?

Uy, cometí muchísimos errores. Nunca llegué a confiar en nadie, no me puse en manos de ningún entrenador, pero no por egoísmo, sino por complejos. Fue un NO constante, estaba muy encerrado en mí mismo. Luego cuando me di cuenta ya era tarde, llegó la nueva generación de jugadores (Carlos Moyá, Fernando Vicente, Galo Blanco, Félix Mantilla) que ya tenían otra velocidad, tenían un tenis más poderoso que el mío, un juego más moderno, con otras armas. Técnicamente, aquello representó el final de una época clásica y el comienzo de una era con docencia moderna. Por ejemplo, yo tenía empuñaduras más continentales, reveses más cortados; esta gente ya empezó a liftar la bola y a jugar en posiciones más abiertas. Algunos de mi generación sí que se formaron modernos (Albert Costa, Tomàs Carbonell), pero yo, no sé por qué, adopté unas formas más clásicas. Era competitivo, pero me faltaban armas.

Todo ese potencial lo enfocaste después para ser entrenador.

Obviamente, toda esa vida que tuve me ayuda hoy en día a conocer mejor el interior del jugador, sus dudas e inseguridades, las exigencias del entorno, sus emociones. Por supuesto, también me ayuda la enorme cantidad de partidos que disputé como tenista, más de 1.500 seguro. Además, creo que tengo una cabeza lógica, establezco patrones muy rápido, veo a un jugador y extraigo muchos porcentajes y estadísticas sobre cómo hacerle frente.

Nacer en Barcelona fue una maravillosa casualidad.

Totalmente, haber nacido en Barcelona en aquella época es haber visto crecer a todo el boom del tenis español. De 1985 al 1993, año en el que Bruguera gana Roland Garros, Barcelona fue un caldo de cultivo tenístico tan grande que parecía una universidad de tenis. Tuve la fortuna de crecer con ellos, de jugar con ellos, de convivir con todos aquellos fantásticos entrenadores. Aquella fue mi formación más importante.

¿Cómo empiezas a entrenar?

Jugando equipos en Alemania, hubo una vez que el entrenador que estaba se tenía que ir y me pusieron a mí. Allí me pasé ocho meses, hasta principios de 1998. En ese momento me llama Julián Alonso cuando estaba 30º del mundo, acababa de ganar Viña del Mar a Marcelo Ríos en la final. Estuvimos trabajando un año. Luego me mudé a Valencia, donde me cogí una escuela y estuve tres años con casi 250 jugadores. Esa etapa la acabo en 2003, momento donde no sabía muy bien por dónde tirar, hasta que me llamó Álvaro Margets para entrar en BTT Academy. Allí entré por fin en contacto con jugadores top como Gabashvili, Adrián Menéndez, Albert Ramos o Joao Sousa. En ese momento me dije: ‘Ya soy coach’.

Te llegó el éxito.

Es que todas las inseguridades y miedos que arrastré desde los 19 años no se fueron hasta que llegué a BTT. Fueron cuatro años magníficos, una confianza total con los jefes, disfrutando al cargo de los jugadores importantes… fue la etapa donde empecé a llamarme a mí mismo coach, antes me hubiera dado vergüenza.

¿Y la etapa con Julián?

Julián era un jugador muy complicado, extremadamente complicado. Me cogió sin experiencia, no supe gestionar todo aquello. Además era novio de Martina Hingis, todos le veían como un posible top10, aquella vorágine me cogió sin horas de vuelo para saber cómo tratar aquel entorno, además de muy poca entereza por mi parte. Para ser entrenador de alta competición necesitas diez años de formación, no puedes salir con 23 años y empezar a entrenar, antes hace falta una recorrido profesional y personal, un bagaje donde puedas empaparte de diferentes ámbitos, técnicas y personalidades. Todo eso hay que aprenderlo, no es cosa de un día. Hasta que no cumples los 40, creo que un entrenador no puede estar plenamente preparado para la alta competición.

Un día te llamó José Higueras para dar una charla en USA, estaría bien que contaras esa anécdota.

Aquello fue una locura. Me llamó para hacer una presentación en Estados Unidos acerca del sistema español, para hablar de los ‘cubos’, algo que él quería implantar allí. Pepe buscaba dar un poco más de base al clásico tenis estadounidense, muy agresivo pero poco sólido. Era la primera presentación que hacía en mi vida, lo que no podía imaginar era que al llegar allí me iba a encontrar con Jay Berger, Hugo Armando, Lori McNeil, Chris Evert, Todd Martin, Anne White… de repente me vi enfrente de un grupo de jugadores donde el ‘peor’ de todos había sido top80. “Venga, vamos a enseñarle a todos estos cómo se hacen los cubos” (risas). Por suerte salió fenomenal, ahora incluso guardo una estrecha relación con varios miembros de la USTA.

¿Por qué dejaste BTT?

Salió la oportunidad de un nuevo trabajo en Valencia junto a unos socios, no me lo pensé, quería formar mi propio proyecto. En esa etapa estuve con Jesse Levine, Evgeny Donskoy, Pedro Martínez o Carlos Taberner. Teníamos un grupo de competición de unos 20-25 chavales, un trabajo excepcional, pero no acabamos bien entre los socios. Me volví a Barcelona y empecé a trabajar en la Academia 4Slam, encargado de Khachanov junto a Galo Blanco. Pero tampoco duré mucho por la misma razón, mi sueño era tener mi propio proyecto, me veía con la entidad suficiente para llevarlo hacia delante.

Así nació Pro Tennis Coaching.

Exacto. Decidí irme de 4Slam y empezar una nueva etapa junto a mi socio, Marc Cánovas, con un nuevo grupo de competición. Así llevamos ya cinco años. Estamos contentos, igual nos falta algo de nivel, aunque tuvimos gente en el top200 (Georgina García), pero estamos bien.

Entre unas cosas y otras, más de diez años viajando como entrenador por el circuito ATP.

Y no es nada fácil, aunque así siempre me quedará una espinita dentro: no haber llevado nunca a un jugador español. Sí que tuve la experiencia con Julián, pero me cogió muy joven, de hecho Julián al año siguiente dejó de jugar, para que te hagas la idea de lo complicado que era. Como persona es excelente, eso sí, le tengo como un hermano. Como amante del tenis español que soy, del cual he mamado todos estos años, me hubiera encantado llevar a algún jugador español en esta segunda etapa de mi vida. Un Almagro, por ponerte un ejemplo.

¿Esa puerta está cerrada ahora?

En absoluto. Llevo cuatro años alejado del circuito ATP, mi última experiencia fue con Jonathan Eysseric, con quien hicimos un trabajo espectacular, pero me veo con ganas de retomar esa aventura. Me veo preparado, estaría encantado de volver a viajar. Eso sí, no a cualquier precio, si yo voy a poner toda mi energía necesito ver esa misma ambición en el jugador, que si está el 60º quiera pelear por estar el 40º.

¿Qué es para ti ser un buen entrenador? ¿Basta con tener éxito?

Hoy se relaciona el hecho de ser buen entrenador si el jugador tiene buen ranking, pero no es así. Para mí un buen entrenador es un buen formador, aquel que coge a alguien estando 1000º y lo deja 500º, para mí ese es un buen entrenador. Primero tienes que tener experiencia, recorrer un camino. José Perlas, por ejemplo, llegó e hizo final con Moyá en el Open de Australia, pero el tío llevaba viajando en los Futures desde 1991. También hace falta tener carisma, ser un líder. Por último, para mí es importantísimo no complicar el tenis, los grandes entrenadores te enseñan grandes conceptos, muy básicos y muy sólidos. Luego el propio camino te va dando ese entendimiento emocional del jugador, te ayuda a comprender su psicología.

La suerte a veces también juega su papel. Si Toni Nadal no hubiera tenido el sobrino que tuvo…

Por supuesto, el jugador siempre te pone en tu sitio. Si yo mañana me pongo a entrenar a un chico y a los 18 años me gana Roland Garros, al día siguiente seré la ostia, me haré mundialmente famoso. El componente suerte lo que te dará es fama; tu formación profesional te la dará el recorrido que hayas hecho, las cosas que te he comentado antes. Y si se juntan las dos, pues ya eres Toni Nadal, pero es complicado que se junten las dos. Con Cascales y Ferrero pasó un poco lo mismo: ¿si Ferrero no hubiera salido, Cascales hubiera sido un peor entrenador? Ni mucho menos, seguiría siendo igual de bueno, pero en este caso es el jugador quien te da la fama.

¿Piensas que la profesión de entrenador está valorada?

En la alta competición somos los últimos. Si yo aparezco sentado en un banco entrenando en el Godó es porque el jugador me lo permite, no porque yo me lo haya ganado. Si acaba ese partido y el jugador decide que me vaya, pues me voy a mi casa y no aparezco más. Es una condición que tiene el entrenador, estar ahí porque el jugador quiere. Por eso es tan difícil crear asociaciones para defender tus derechos. ¿Qué derechos? Claro, si el jugador no quiere seguir contigo pues te paga el contrato y no hay más, adiós. El problema es que hoy en día todo el mundo se considera entrenador de competición, entras en Facebook y todo el mundo tiene puesto ‘Coach ATP’ . Hay cierto intrusismo que devalúa la profesión, con 26 años no puedes denominarte Coach ATP, no has tenido tiempo para cumplir con ese recorrido.

Tampoco la ATP hace mucho por premiar a los entrenadores de base.

La ATP es una entidad mediática, siempre le darán el premio a los que llevan a los mejores: Becker, Massú, Norman, etc. Lo que sí podrían es declarar diferentes clases de premios. La ATP es muy cruel con el entrenador, somos el último mono. Imagínate que mañana el jugador te dice que no quiere estar más contigo, pero el manager está, el padre está, la madre está, el preparador físico está, el de las raquetas está… pero tú no estás. Tú eres el último, eres el que te vas. Es así y no se puede establecer de otra forma.

Debería ser justo al revés, el entrenador por delante de todas esas piezas.

El entrenador ha perdido ese punto de referencia. No estoy diciendo que las otras piezas no tengan que estar, lo que digo es que esas piezas deberían girar en torno al entrenador, y hoy no lo hacen. Giran en torno a un padre o un manager. El entrenador debería ser el eje para mover todas las piezas, y sí usted no tiene confianza en mí pues no pasa nada, me voy y que venga otro, pero que la persona que venga siga siendo el eje. No un eje dictatorial como hace años, pero sí el punto de referencia para definir un rumbo.

Muchas veces decimos que la Next Gen no rinde igual que los de antes porque se han criado en otra época. Quizá esa sobrecarga en el entorno tenga algo que ver.

Por supuesto que afecta, mucho. Para mí uno de los problemas que tienen estos Next Gen con el Big3 es la dureza de sus vidas personales, no se puede comparar. Todos juegan un huevo, están totalmente preparados para ganarles, tanto físicamente y técnicamente, a veces incluso son mejores. ¿Qué es lo que falla? Que Zverev, cuando el partido hay que correrlo, lo pierde. Cuando ese chaval tiene que tirar de otras cosas que no son tenis, cuando el partido se lleva a la suciedad, pierde.

¿No saben sufrir?

No tiene los mismos valores, no lo llevan al extremo. Nadal te va a morir en esa pista, te va a jugar con llagas en los pies, con lo que sea; Zverev no. Pero es que sus vidas no han sido tan duras, no han tenido esa carga en los entrenamientos, están menos curtidos en la guerra. No en las armas que llevas a la guerra, las armas que llevan son incluso más peligrosas, pero a Nadal si se le acaban las balas, coge un cuchillo y te mata el partido. Al otro, si se le acaban las balas, se queda sin nada.

Es curioso cómo esa comodidad personal acaba siendo algo negativo en lo profesional.

Los tíos que van a jugar en el futuro con 22 años ahora tienen 10, ¿en qué contexto se están formando ahora estos tíos de 10? No va a salir un tipo de Serbia que haya vivido una guerra con seis años, ni va a salir otro Toni Nadal que exprima en cada entrenamiento a su sobrino. Eso ya no existe, ahora los niños se están formando en un ambiente más benigno, con menos dureza, cada vez son más dueños de las relaciones. Eso crea deportistas menos duros, y esta es una época perfecta para compararlo. Vamos a ver, no es normal que tú tengas un H2H de 20-1 con Raonic, ¿de verdad tan malo eres? O Nishikori, otro ejemplo, es abismal los cara a cara. ¿Cuántas veces le ha ganado Zverev a Nadal? Eso demuestra que son peores deportistas, en la mayor amplitud de la palabra.

¿Cuándo crees que llegará el relevo?

En 2024, cuando ya no esté ninguno de estos. Entonces los Grand Slams los ganarán los Zverev, los Khachanov, los canadienses, algún estadounidense… pero la pregunta será: ¿sois mejores deportistas que los que se han retirado? Para mí, no. La prueba está en esta época, donde conviven las dos generaciones.

No has mencionado a los españoles en esos futuros triunfos.

España está en mitad de un cambio importante. El boom español llegó, evidentemente, por una gran generación, pero aquí la Federación no tiene 30 millones para invertir. El boom de España llega desde el emprendimiento de muchas familias con carencias, sin mucho dinero. Llegó con entrenadores creando estructuras, creando grupos, ganando poco dinero pero con la ambición de viajar y crecer. Ese ha sido el secreto del tenis español, con ese contexto era normal que hubiera 50 jugadores que quisieran competir en ATP, de ahí luego te salía un top10, tres top20 y siete top100. Hoy en día hay muy pocos proyectos, hay menos gente que inicie ese camino.

Dicen que se ha vuelto un deporte muy caro.

Y en mi época también era caro, ¿te crees que el avión costaba menos? ¿O que viajaba gratis? ¿O que no le pagaba al entrenador? Ahora la gente quiere irse a un hotel NH, yo me iba a una pensión en la Gran Vía. Nos han hecho creer que el tenis es más caro que antes, pero es lo mismo, la diferencia es que hay menos poder de emprendimiento.

Entiendo que hay menos valor para afrontar riesgos.

Claro, los entrenadores quieren seguridad y los jugadores quieren la certeza de que se van a meter arriba. Oigan, aquí no hay ninguna seguridad, ¡hay que jugársela! ¿Quién se la juega? El tío que es ya muy bueno de pequeño, pero de estos hay poquitos. El que pierde en octavos ya no se la juega, se va a Estados Unidos. Por supuesto que el tenis español seguirá teniendo jugadores, pero creo que tendremos menos por el hecho de haber menos personas que recorren ese camino.

La otra gran pregunta es qué pasará cuando se vaya Nadal, ya sea con los torneos nacionales, las televisiones o con esta página web, por ejemplo.

Es una incógnita. Aquí hablamos de tu página web, de mi grupo, las escuelas, los clubes, las tiendas… toda la industria del tenis se va a resentir. Rafa es un monstruo, está tirando de todo y de todos. Claro que se va a resentir la industria del tenis, pero no solo la española: cuando se retire el Big3 se va a resentir la industria del tenis mundial. Si tú estás conduciendo un Ferrari durante 15 años y si te estropea, yo no puedo darte un Golf. La ATP está viviendo de estos Ferraris y cuando se acaben ya no habrá nada mejor que vender.

La ATP está pintando el caballito de Ferrari en los Golf.

Correcto (risas). Es que son quince años de partidos impresionantes, de muchísima épica, de récords para la historia. ¿Quiénes van a poner ahora la épica? ¿Zverev y Khachanov? No son Ferraris. El tenis mundial se va a resentir, por eso ahora lo quieren cambiar con nuevas reglas y juegos más cortos. ¿Por qué hacen ahora las Next Gen Finals? Quieren empezar a vender los nuevos Ferrari y así generar rivalidades, crearles una identidad.

Y hablando de Nadal, ¿le veremos algún día en tu canal?

Eso son palabras mayores (risas). No sé cuándo acabaré toda esta historia de los lives, pero vamos, si consigo tenerle aunque sean quince minutos ya sería un lujo. Haber tenido a Toni ya fue espectacular, un trato magnífico y ya no solo con él, con todos los que han venido, ninguno me puso ninguna pega. Alguno incluso se abrió la cuenta de Instagram para poder hacerlo. Ya veremos cómo lo hago, si puedo acabar charlando con Rafa sería el broche perfecto, sin duda.

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