La maldición de Guillermo Vilas en el Godó

El argentino no pudo ganar nunca el torneo disputado en Barcelona, llegando a encadenar cuatro finales perdidas antes rivales de gran entidad.

Guillermo Vilas, maldición en el Godó. Foto: gettyimages
Guillermo Vilas, maldición en el Godó. Foto: gettyimages

Rebuscando en las estadísticas se pueden encontrar datos inimaginables, aspectos difícilmente asumibles en el imaginario colectivo y que quizá ya habíamos olvidado o no tuvimos el honor de vivir en directo y eran inasumibles para nuestra imaginación. Una de ellas, sin duda, es la relacionada entre Guillermo Vilas y el torneo Conde de Godó. El mítico evento disputado en Barcelona se ha erigido en uno de los torneos con más solera del circuito ATP, cimentando su historia desde 1953 con la participación de algunos de los mejores del planeta. El rey de la tierra batida hasta que llegó Rafael Nadal siempre tendrá la espina clavada en su corazón de no haber podido levantar el trofeo en la Ciudad Condal, a pesar de sus recurrentes intentos.

No hace falta irse muy atrás en el tiempo para recordar cómo Nadal ha ido dinamitando poco a poco los numerosos récords del argentino en tierra batida. Torneos, partidos consecutivos, eventos ganados de manera continuada... Todo quedó sepultado por el extraterrestre balear, pero la leyenda de Vilas quedará siempre en los anales de la historia. El argentino ganó 62 títulos en su carrera profesional, de los cuales 49 fueron sobre tierra batida. Simplemente espectacular. Lo primero que llama la atención de esta facilidad natural de Guillermo es que tan solo pudiera alzarse una vez con el título en Roland Garros (1977), ganando en dos ediciones en el Open de Australia.

Pero ahí no queda la cosa. Ante la acumulación de títulos sobre arcilla, lo lógico sería pensar que triunfó en todos los grandes escenarios que cuentan con dicha superficie. Montecarlo, Roma, Hamburgo, Buenos Aires, Madrid, Munich, Gstaad, Houston, Kitzbühel y un largo etcétera en el que no se incluye. ¿Qué ocurrió? Guillermo Vilas participó en diez ediciones del Conde de Godó, con un balance de 30 triunfos y 10 derrotas que, inexplicablemente, no se materializaron en ningún título, aunque sí en cuatro finales, y además de forma consecutiva. Su primera aparición fue en 1973, cayendo en segunda ronda ante Rod Laver. Un año después sucumbió frente al francés François Jauffret, 25 del mundo en aquellos momentos, mientras que en 1976 se topó en semifinales con Björn Borg, que a la postre sería campeón imponiéndose en la final a Panatta.

Ahí se produce una brecha temporal en las participaciones de Vilas. Entre 1976 y 1979 no acude el torneo barcelonés, siendo curiosamente ese lapso de tiempo en el que cosecha sus cuatro títulos de Grand Slam: Open de Australia en 1978 y 1978, Roland Garros en 1977 y US Open en 1977. Aún más increíble es percatarnos que su regreso al torneo español le traería el sinsabor de encadenar cuatro finales perdidas y no sumaría ni un solo título más de Grand Slam. Ivan Lendl, en 1980 y 1981, y Mats Wilander en 1982 y 1983, privaron al argentino de cosechar el título que con tanto ahínco buscó. No tuvo que enfrentarse a grandes rivales para llegar a esas finales, de las cuales solo compitió realmente bien en la de 1981. Lendl tuvo que emplearse a fondo para derrotar a Vilas en cinco mangas (6-4 5-7 6-4 4-6 6-1 para el estadounidense de origen checo).

En un palmarés tan brillante como es el del torneo Conde de Godó, llama poderosamente la atención no ver inscrito el nombre de uno de los mejores jugadores de la historia sobre polvo de ladrillo, como es Guillermo Vilas, que lo intentó hasta tres veces más (1984, 1985 y 1987), aunque ya estaba lejos de su mejor nivel y apenas pudo ganar dos partidos consecutivos en la edición del 1987. La historia del tenis guarda sorpresas que merece la pena desempolvar en estos tiempos. Barcelona y Guillermo Vilas, una relación imposible.

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